Vivir en un mundo sin estrés podría sonar como un sueño, porque la realidad es que, desde que abrimos los ojos, somos bombardeados por estímulos que no siempre son placenteros: los bocinazos en la calle, la fila en el banco, el revolú en casa, el mal humor del jefe… en fin, no siempre podemos mantenernos en paz, pero sí podemos poner de nuestra parte para evitar que nuestro día no se convierta en un infierno.

La psicóloga Margaret Wehrenberg ofreció en la publicación Psychology Today las siguientes claves para que la ansiedad no nos domine, y lo mejor es que, mientras más practiques, mejor te sentirás y el día fluirá mejor.

1.      Respira: Este acto parece que se nos olvida cuando nos ahoga la ansiedad. Respirar, de hecho, es una herramienta básica para calmarse porque oxigena el cerebro y permite bajar revoluciones, siempre y cuando lo hagas de forma efectiva: inhala profundamente, espera unos segundos y exhala lentamente. Si lo haces varias veces, bajará tu ritmo cardiaco y sentirás bienestar.

2.      Observa: Si eres de los que va por la vida a las millas sin ni siquiera mirar al cielo para verificar si va a llover, verás que tu ansiedad alcanza niveles estratosféricos. El olor de la hierba, el sabor del café de la mañana, la frescura del aire acondicionado, la suavidad de la tela que cubre tu piel, son todas cosas que deberías tomarte el tiempo de apreciar, porque son pequeños respiros en la rutina diaria.

3.      Baja velocidades: Ir por la vida con una agenda en mano, tachando paso por paso cada movimiento que haces, terminará por volverte loco. Hay momentos en los que es vital frenar y reordenar tus pensamientos, por más ocupado que esté tu día. Si sientes que no te dan las horas, tal vez es que estés asumiendo demasiada carga; saca tiempo para ti.

4.      Cambia el libreto: Si, ante cada reto, piensas en lo peor (“no me va a salir”, “esto es muy difícil”, “qué más me faltaba”) todo va a desembocar en un ataque de ansiedad. En vez de ver lo negativo, trata de buscarle la vuelta; tómate cinco minutos y analiza la situación y, probablemente, encuentres una forma más agradable de manejar tus responsabilidades.

5.      Relájate: Literalmente, si tu cuerpo es un manojo de nudos tu mente también estará desbalanceada. A lo largo del día, estírate y levántate del escritorio o, si eres de los que trabaja de pie, tómate un descanso y siéntate por unos instantes. Escucha las señales de tu cuerpo: hombros tensos, dolor de cabeza o quijada, piernas dormidas o manos temblorosas son todas señales de que te estás excediendo y necesitas un respiro. Si no te fuera posible durante el día, antes de acostarte dedica un rato a la meditación, el silencio y a “escanear” cada parte de tu cuerpo, haciendo un esfuerzo consciente por relajarlo. Tu vida te lo agradecerá.