“Mi bebé, mi bebé, ése es mi bebé”.

Con esos lamentos desgarradores, la madre de José Hernández Cordero le daba el último adiós a su hijo, el joven universitario que falleció en la madrugada del domingo  en la  biblioteca del Recinto de   Ciencias Médicas. 

Cientos de familiares y amigos se acercaron  en la tarde del viernes al cementerio Los Sauces Memorial, en este municipio, para  acompañar a  Juan José Hernández y Carmen Cordero, los  padres del joven, quien cariñosamente era conocido  como “Joselito” y  fue  descrito como un  estudiante talentoso, atleta y un gran músico, que se dio a querer por todos los que le conocieron.

José falleció  de un aparente fallo cardiaco.  Junto al cuerpo del joven se encontró una bebida energizante, por eso se especula que este producto pudo haber desencadenado el infarto.

En la tarde de hoy, la oficial de prensa del Instituto de Ciencias Forense (ICF), Betsy Rivera, informó que el patólogo José V. Torres aún espera  por los resultados de los exámenes de toxicología que se le practicaron al joven, porque del examen del cadáver no se concluyó una causa de muerte.

Según Rivera, los resultados podrían tardar dos semanas adicionales en ser entregados. Agregó  que también esperan los resultados de los exámenes de cardiopatología que le práctico un patólogo de la compañía Life Link -al corazón del occiso-, quien donó sus órganos.  

 Los actos fúnebres del joven de  25 años comenzaron poco después de la media mañana en la iglesia Nuestra Señora de la Monserrate, en el casco urbano del pueblo de Moca, con una misa oficiada por el padre Carlos Francis Méndez.

Luego,  la comitiva fúnebre llegó  al cementerio  donde Gloty  Coll, esposa del presidente de la Universidad de Puerto Rico, José Ramón de la Torre, se dirigió a los presentes a nombre de ese centro docente y de la Junta de Síndicos.

“A nombre del Presidente y la Junta de Síndicos, nuestro más sentido pésame a esta familia que sabemos está pasando por un momento bien angustioso y doloroso”,  dijo Coll.

Los padres de Joselito al igual que su hermana Waleska, no podían resistir tanto dolor y varias veces tuvieron  que ser socorridos  por familiares y amigos para evitar que se desplomaran.

La madre se aferraba al ataúd para no desfallecer.

 “Mi bebé, mi bebé, ése es mi bebé”,  expresaba Carmen una y otra vez.

Antes de que el ataúd de color azul y adornado con flores blancas fuera descendido a la tumba, los padres, la hermana y demás familiares y compañeros estudiantes de Joselito le depositaron  encima una treintena de  rosas de distintos colores, lo que  emocionó hasta el llanto a todos  los presentes.

“Estamos dando sepultura a nuestro hermano Joselito que ha fallecido en la paz del Señor, en circunstancias especialmente dolorosas. Si es verdad que su separación corporal nos entristece, la esperanza de volvernos a reunir con él en la casa del padre nos debe consolar”,  expresó el sacerdote.

Por su parte, el alcalde de Moca, José Enrique Avilés, dijo que “Joselito es un angelito que se nos adelanta y tenemos que verlo como un  emisario que Dios nos envía para que cada vez luchemos por ser mejores cristianos, mejores hijos de Dios”.