Jonathan Román Rivera estuvo ocho meses encerrado en un calabozo casi sin poder ver la luz del día por un crimen que no cometió. Ayer fue exonerado luego que el Departamento de Justicia le informó al tribunal que el joven de 25 años, residente de la barriada La Perla, es inocente del asesinato del acaudalado empresario canadiense Adam Anhang, ocurrido el 23 de septiembre de 2005 en el Viejo San Juan y por el cual otro joven, Alex Pabón, alias “Alex El Loco”, asumió responsabilidad ante las autoridades federales.

El juez superior de San Juan Abelardo Bermúdez Torres, quien el año pasado sentenció a Román Rivera a 105 años de prisión luego que un jurado lo encontró culpable del horrendo asesinato de Anhang, ordenó ayer el archivo de los cargos que pesaban en su contra –asesinato en primer grado y uso de arma blanca. El magistrado acogió la recomendación que le hicieron los fiscales Joseph Esparra y José E. Maldonado, quienes le informaron en sala que encontraron evidencia suficiente que sostiene la inocencia del joven.

“Para mí es de profunda satisfacción personal y profesional el decretar el archivo de este caso, esperando que para usted (Jonathan) en adelante su vida esté llena de felicidad y paz junto a sus seres queridos y que se borre aquello que pudo dañarle en el pasado. Que de hoy en adelante usted sea un ejemplo para nuestra sociedad”, le dijo el juez a Román Rivera, quien lo escuchaba de pie. Luego, el juez le pidió que se acercara y desde el estrado le estrechó la mano y le volvió a desear que “sea feliz”.

Jonathan se abrazó emocionado a uno de sus abogados, mientras su madre, Mirta Rivera y otros familiares que se encontraban en los bancos del público de la sala 1102 del Centro Judicial de San Juan no paraban de llorar de felicidad. Luego el joven se confundió en abrazos con su familia.

“Gracias al Señor que terminó esta pesadilla. Se acabó todo. Estoy bien contento”, dijo Jonathan sonriente tan pronto salió de sala. Dijo que no guarda rencor en su corazón y aconsejó a otros jóvenes que puedan estar en una situación similar que nunca pierdan la fe.

Antes de pedir el archivo del caso, el fiscal Esparra dijo que el proceso que culminó en el tribunal con la condena de Jonathan fue correcto y conforme a derecho. Dijo que tanto los abogados de defensa como los fiscales que llevaron el caso fueron cautelosos en velar por que los derechos del acusado fueran salvaguardados. Sostuvo que la prueba fue aquilatada por un jurado que entendía que era correcta y que luego las autoridades federales tuvieron conocimiento de nueva evidencia que no estuvo ante su consideración.

Esparra dijo que éste es un caso extraordinario y que se llegó a la nueva evidencia “gracias a que existen los vehículos procesales en el ordenamiento jurídico”.

Dijo que la defensa no convenció al jurado y que la primera investigación está ante la consideración del secretario de Justicia, Roberto Sánchez Ramos.

Mientras, el abogado que encabezó la defensa, Carmelo Dávila Torres, dijo que “se hizo justicia invariablemente” y que no descansará hasta que las personas responsables de la convicción “de este muchacho respondan”. Dijo que Jonathan “estuvo ocho meses metido en un cajón, con una hora para asearse y ver el sol y la realidad es que él ya no es el mismo”.

La madre de Jonathan no quiso decir si su familia contempla instar una demanda civil contra el Estado, sólo que sigue confiando en la justicia, aunque en el proceso sintió discrimen. “Somos marginados de una comunidad que está subiendo con deseos de quitarse el manto negro que siempre le han puesto. La Perla es una comunidad muy hermosa que no la cambio por ningún Ocean Park ni por ninguna otra donde esté la riqueza”, dijo doña Mirta, quien es madre de cuatro varones.

La mujer trabajaba en mantenimiento en La Fortaleza pero en 2005, cuando acusaron a Jonathan tuvo que dejar el empleo. “Hubo que luchar mucho. Tuve que dedicarme a hacer ventas de comidas, donas, bizcochos y muchas cosas para ayudar a mi hijo. Una vez me dieron como 100 aguacates y una de mis nueras los vendió. Fue una experiencia dolorosa, pero mi comunidad me ayudó mucho. Fue más que una perla”, sostuvo.