“¿Mi mentor? Mi mentor soy yo mismo. Yo no llegué aquí de paracaídas. Yo vengo de abajo”, dice el secretario de Justicia, Guillermo Somoza Colombani, acerca de su ascenso al puesto más alto del Departamento, luego de trabajar allí como procurador de Menores y de dirigir las procuradorías de Menores y Familia de la dependencia.

Somoza Colombani dice que él nunca pensó ser secretario de Justicia, que el cargo se lo dieron por sus méritos.

No precisa si quiere continuar al frente de una de las secretarías más importantes del Gabinete constitucional -si Fortuño prevalece en las elecciones-, pero tampoco descarta un cargo de juez -si se lo ofrecen.

¿Y la Política?

El Secretario, que en una larga conversación con Primera Hora se ha descrito como alguien “que la gente piensa que nunca pierde una”, dice que nunca ha pensado en eso, pero al mismo tiempo admite que es una vía para servirle al país.

¿No le gusta?

“No he dicho que no me gusta... es que nunca lo he pensado”, acota para más tarde confesar que hay personas que se le han acercado para expresarle que él podría ser un buen político.

¿Qué le dicen?

“Me pones en un compromiso”, afirma como quien no quiere meterse en dificultades, aunque luego comparte eso que le dicen los que se le acercan con la propuesta:

“Ellos me dicen que hacen falta personas serias y verticales, que sienten y trabajen a cambio de nada”.

A Somoza Colombani la política le es ajena. Él no ha sido ni funcionario de colegio. Incursionar en la política no está en su radar en estos momentos porque sus dos hijos -Guillermo y Antonio, que se parecen tanto a él-, son aún pequeños y él siente que necesitan de su presencia de una manera más constante.

Quiere criarlos como lo criaron a él, y eso incluye deporte y trabajo.

Somoza Colombani jugó baloncesto desde chiquito. Siempre le gustaron las artes marciales y ahora, cuando acude al gimnasio -lo hace regularmente par de horas tempranísimo en la mañana-, hasta tira rectas de derecha-izquierda como todo un boxeador.

Guillermo y Antonio también jabean con él cuando pueden, y con estilo.

El gimnasio se ha convertido en esta etapa de su carrera en un “reality check”, el contacto que necesita con el mundo externo.

Allí lo mantienen al tanto del issue mañanero de la radio, del palpitar de lo que piensa el pueblo sobre los asuntos públicos.

Somoza Colombani dice que eso le gusta porque, desde pequeño, quiso conocer cómo vivian otros sectores sociales; cuál era la idiosincracia de la gente más pobre que él.

El deporte lo ayudó, aunque él provenía de un hogar de clase media.

Cómo viven los muchachos pobres, lo conoció más de cerca cuando él y su cuñado se dieron a la tarea de crear un equipo de baloncesto en el que él, un amigo y otros dos de clase alta compartían con jovencitos de residenciales públicos.

Aquella experiencia lo marcó porque supo de la falta de oportunidades de jovencitos que,tal como él lo hizo, se las tuvieron que inventar para conseguir un espacio que muchas veces les era vedado.

“Cuando me gradué, tuve la oportunidad de trabajar en uno de los bufetes más grandes de Puerto Rico: Martínez, Odell y Calabria, pero preferí trabajar con personas indigentes, ofreciéndole representación legal a padres que habían sido desprovistos de la custodia de sus hijos”, recuerda el abogado, quien laboró un año en la Clínica de Asistencia Legal de la Universidad Interamericana.

Lo de Martínez, Odell y Calabria se le dio años más tarde, cuando logró trabajar en derecho comercial, bancario, litigio y hasta en cierres hipotecarios.

Su paso por el servicio público se inició de nuevo con una práctica en la que él se pondría en contacto con otro sector marginado: los ofensores que procesa la Procuradoría de Menores.

En el Departamento, luego llegó a dirigir las procuradorías de Menores y de Familia.

Sobre su estadía en Justicia, el Secretario se ufana en resaltar que les ha añadido a las tareas ordinarias del Departamento proyectos nuevos y otros ampliados para prevenir el crimen.

Su paso por Justicia no ha estado libre de críticas, y él lo sabe.

Sobre la situación del Albergue de Testigos, subrayó que esa dependencia él la encontró “a nivel cero, y la he llevado a un nivel seis y medio, de 10”.

Dijo que le ha “metido” $906 mil en infraestructura; que antes no había enfermeras y ahora hay; que se les está brindando educación a los hijos de los testigos.

El caso Lorenzo

En cuanto al asesinato del niño Lorenzo González Cacho, un caso que todavía no se resuelve pese a la impaciencia de la gente, el titular de Justicia lo primero que dice es que el Departamento ha radicado un sinnúmero de casos parecidos.

“Yo no tengo una varita mágica para poder resolverlo (el caso de Lorencito)”, confesó y luego hizo una pausa para añadir: “No puedo decir ciertas cosas que han ocurrido, que nos pondrían a nosotros (a Justicia) bajo otra perspectiva”.

“Ha sido un reto porque hay muchas cosas del caso que, si las dijera, las personas verían en los fiscales y en la Policía otra perspectiva más humana, más real. No lo puedo decir... cueste lo que cueste, por el bien del caso”, agregó.