Hablar por celular en el auto cambió su vida
Evelyn Joan González, quien perdió el brazo izquierdo en un accidente de carro por utilizar su teléfono, lleva el mensaje de erradicar esa práctica.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 7 años.
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Mientras estaba detenida, tomaba un medicamento con un poco de agua.
A su vez, había comenzado una llamada telefónica con su esposo, Eddie García, por lo que tenía el celular entre el rostro y el hombro. A todo esto, hacía malabares para beber agua al tiempo que continuaba la conversación.
Entonces, el semáforo cambió a verde y, de repente, a Evelyn se le cayó la botella de agua que había colocado entre sus piernas. El celular también llegó al suelo, deslizándose por el área del asiento del pasajero… ahí todo comenzó.
“Bajé la cabeza y empecé a buscarlo (el celular) cuando me percato que estoy conduciendo la guagua y como que se fue en zigzag. Yo no tenía licencia y no quería impactar un vehículo que había a la izquierda, entonces moví el guía abruptamente y la guagua cogió una velocidad que al sol de hoy no me explico. En ese momento dije en voz alta: ‘Bueno, Señor, que se haga tu voluntad’, relató la mujer a Primera Hora.
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Tras las maniobras, el vehículo de Evelyn chocó contra una valla y se volcó. Su cuerpo salió por la ventana, pero solo hasta la cintura debido a que tenía puesto el cinturón de seguridad.
“No sentía dolor y no perdí el conocimiento en ningún momento. Entonces, noto que mis ojos y mi boca estaban tapados por sangre. A todo esto, hablando en voz alta, digo: ‘¡Dios mío!, ¿qué es esto?”. Estaba perturbada, con muchas emociones”, recordó.
Pero la historia de ese día no había concluido porque al Evelyn tratar de enderezar el vehículo utilizando el peso de su cuerpo, presionó el acelerador y la guagua cayó por un barranco. Al ver el humo que salía de su vehículo, temió por su vida.
“No quería morir quemada. Pero, de momento veo que mi brazo (izquierdo) era como una pluma. Miré tres veces hasta que pude entender que no tenía mi extremidad. Aun así, logré abrir la puerta, pero fue Dios quien me dio la fuerza, porque la guagua había quedado como una lata de refresco cuando la aprietas… Él estuvo ahí”, dijo con total firmeza la fémina, de 49 años.

En ese momento, llegó un individuo en su auxilio y llamó al 9-1-1. Al ver que Evelyn no paraba de sangrar, le hizo un torniquete en la herida.
“Ay, caballero, búsqueme mi brazo”, fue la petición de la accidentada, a lo que él contestó: “Traquila, tu brazo va a llegar contigo al hospital”.
En medio de la emergencia, otro ciudadano encontró el celular de la conductora y le preguntó si estaba hablando con alguien cuando surgió el accidente, pues la llamada seguía activa.
“Mi esposo había escuchado todo. Cuando la guagua paró, al caer por el barranco, yo dije: ‘Ay, mi brazo, no lo tengo’ y él lo escuchó”, compartió la mujer, quien en medio del suceso llegó a sentirse muy débil, por el trauma sufrido, pero “con una paz tan bonita que creía que me iba a morir”.
Tras la llegada de los paramédicos a la escena del accidente, Evelyn fue estabilizada y llevada a Centro Médico en Río Piedras, donde le dijeron que perdería el brazo.
“Sentía dentro de mí que, por la magnitud en la que me veía, no se iba a poder hacer nada con mi brazo. No fue una cortadura fija, como me explicaron. Estaba muy sucio (el brazo) y si me lo ponían, podía coger una infección de 24 horas y podía morir”, detalló.
Desde el momento en que se vio sin su extremidad, la perjudicada entendió que su vida no iba a ser la misma. Por esto, fue clara con su familia y les pidió que la dejaran hacer sus cosas de manera independiente, que aprendería a manejarse con esta limitación.
“Fueron momentos de mucha tristeza para mi familia, el proceso del hospital fue bien fuerte. En ese momento le dije a mi esposo que siguiera su camino, que mi vida había cambiado y que yo sabía que mi estado de ánimo nunca iba a ser el mismo. Pero él me dijo que seguiría a mi lado, y ya llevamos 18 años casados. Le estoy muy agradecida a él, a mi mamá Evelyn Caraballo y a mi tía Migdalia Caraballo, por cuidarme”, dijo Evelyn.
“En agosto, se cumplen 17 años desde el accidente. He aprendido tantas cosas buenas y no tan buenas, pero desde el primer día decidí que nadie me iba a ayudar, que si yo necesitaba ayuda la iba a pedir”, contó.
Su proceso de sanación no ha sido sencillo, desde acostumbrarse a seguir siendo útil sin una de sus extremidades, reintegrarse a la vida laboral, hasta aprender a vivir con la mirada y la falta de sensibilidad de la gente.
Aun así, la mujer siente la misión de servir de testimonio para que un artefacto electrónico, un mensaje o una llamada no le cambie la vida de esta manera a nadie más.
“Veo desde envejecientes hasta jóvenes texteando y hablando por celular. Si ellos supieran que la vida te cambia en un abrir y cerrar de ojos. A veces le pido a las personas que bajen el cristal para darles mi testimonio. Hay jóvenes que me han hablado malo, me dicen: ‘¡qué te importa!’. Yo solo les respondo que miren mi ejemplo. A las 12:00 p.m. estaba en la luz detenida, y a las 12:02 p.m. ya no tenía mi brazo. Se los estoy diciendo porque yo lo viví y tengo la oportunidad de estar viva y poder contárselo”, explicó Evelyn, quien además de concienciar sobre los peligros de utilizar el celular mientras se conduce, quisiera llevar un mensaje de empatía a la sociedad.
“Que tengan tacto, empatía, sé que no todo ser humano tiene el mismo corazón, pero no se le rían en la cara a la gente por sus condiciones. No saben el dolor que sentimos nosotros, que estamos pasando por una situación, cuando vemos una persona que nos hace eso. Es doloroso”, exhortó la mujer, quien actualmente es ama de casa, practica yoga, va al gimnasio y vive agradecida.


