El secretario del Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO), Michael Pierluisi advirtió hoy que los comercios no pueden obligar a la ciudadanía a hacer sus compras sólo con dinero en efectivo y aseguró que la ley 42 de 2015 los obliga a proveer a los clientes dos métodos de pago, aún en el estado de emergencia decretado, tras el paso del huracán María. 

Entretanto, algunos productos enlatados comienzan a escasear en las góndolas, mientras los boricuas se adaptan a una nueva forma de hacer sus compras con artículos racionados y largas filas, ya que muchos comercios operan sin electricidad y los clientes tienen que esperar a ser atendidos de forma individual.

Pierluisi reconoció que la falta de luz y de las telecomunicaciones mantienen a los comercios con dificultades para procesar pagos con tarjetas de crédito, pero aseguró que existe la obligación en ley de proveer dos alternativas de pago. 

“También existe el método del cheque y ese es uno que deben comenzar a aceptar ya”, puntualizó el funcionario en declaraciones escritas.

Sentenció que los comerciantes deben comenzar a aceptar cheques o giros postales, asegurándose de tener toda la información del consumidor.  “No todos los consumidores tienen acceso a dinero en efectivo en este momento en que la banca también trabaja en su recuperación. En este momento de emergencia no sólo está vigente la obligación legal, pero también la moral de no complicarle más la vida al consumidor que ya enfrenta grandes retos diarios”, afirmó Pierluisi.

GFR-Media hizo un recorrido hoy por varios comercios del área metropolitana y encontró muchos establecimientos funcionando de forma limitada, además de las restricciones que les impone el toque de queda de 7:00 a.m. a 5:00 p.m. Los que no tienen plantas eléctricas para operar, la falta de luz los obliga a cobrar de forma manual y a pasar a los clientes de uno en uno al interior de la tienda, como medida cautelar ante la falta de cámaras de seguridad.

“Tenemos planta, pero no la podemos prender”, dijo un empleado de la tienda Pepe Ganga, del Centro Comercial Santa María, en Río Piedras. Parado en la puerta, el empleado preguntaba a cada persona qué producto buscaba. El cliente era recibido por otro empleado que lo ayudaba a buscar lo que necesitaba y luego lo escoltaba hasta la caja. La tienda estaba oscura y en la entrada, por momentos, la gente formaba filas.

“Todo está en orden y en control”, sostuvo el empleado, que no se indenficó. Dijo que el cloro se había terminado y que era el producto de mayor demanda. También, indicó que mucha gente ha procurado abanicos de baterías, los que se agotaron desde antes del ciclón.

“Estamos sobreviviendo, pero tenemos que levantarnos. Hay que echar el resto”, expresó Angélica Maurás, quien compró “papel higiénico, unas velitas y algunos juguetitos” para entretener a sus hijos de 4 y 5 años de edad.

En la tienda Advance Autoparts otro grupo de gente hacía fila en la acera, mientras un empleado controlaba la puerta con la cerradura puesta.

“Yo nunca había vivido una experiencia catastrófica como esta y creo que hemos aprendido una gran lección. Dentro de lo malo, hemos aprendido”, dijo por su parte Mariano Cordero, quien pidió aceite para una planta eléctrica.

“Te puedo vender hasta cinco cuartos”, le indicó el empleado a Cordero, quien compró el aceite “para mantener la planta funcionando”.  

En Raysa Market, en el sector El Polvorín del barrio Monacillos, muchos artículos, como la leche de larga duración UHT y el agua se habían terminado. Algunas góndolas estaban vacías y aunque había salchichas se racionaban a seis potes por persona.

“Se acabaron las papitas, los cheese trix, los potes de spaguetti y la jamonilla”, indicó el cajero Christian Burgos, cuyo padre es el propietario del colmado.

Muchos de los clientes procuraban sin éxito, hielo, gas butano, sternos y frutas. “Vine por una estufita de gas, pero no hay nada”, expresó Aida Hernández.  “Fuimos a varios sitios y llegamos hasta Montehiedra, pero ni nos bajamos porque las filas son kilométricas”, agregó la mujer.

“Tengo agua a temperatura, pero no me quita la sed. Vamos a tener que aprender a bregar con lo que hay”, afirmó otra mujer en silla de ruedas.

El cajero indicó que temprano en la mañana un cliente le dijo que vio a una muchacha “echándose algo al bolsillo, pero cuando lo supe ya se había ido”.

Mientras, guardias de seguridad de la compañía Capitol prestaban vigilancia en el Santa María Shopping Center porque dijeron que muchos de los comercios fueron saqueados.