La Navidad en Puerto Rico- considerada la más larga del mundo- se celebra en grande, por lo que suele ser la excusa perfecta para festejar con petardos y fuegos artificiales al aire. Sin embargo, estas celebraciones se llevan a cabo, mayormente, sin considerar si todas las personas dentro de la comunidad son capaces de manejar su estruendo.

Esto, porque personas que tienen autismo o trastornos sensoriales perciben e integran los estímulos sensoriales auditivos de manera distinta, por lo que la pirotecnia podría provocarles episodios de agresividad, ansiedad, desesperación, palpitaciones cardiacas, pánico y hasta gritar, dependiendo en el nivel de severidad de su condición. En ocasiones, buscan mitigar el estruendo tapándose los oídos o huyendo del lugar.

“Se han visto casos que salen de la casa corriendo y se pierden y la familia pasa el mal rato de tener que buscarlos en la comunidad”, comentó a Primera Hora Rosalie Negrón, terapeuta ocupacional y presidenta del Colegio de Profesionales de Terapia Ocupacional de Puerto Rico.

El trastorno sensorial es una condición que afecta la forma en que el cerebro procesa los estímulos, provocando mayor grado de sensibilidad en estas personas en comparación con la comunidad en general. El trastorno puede afectar tanto los cinco sentidos de vista, oído, olfato, tacto y gusto, o solo uno. Dependiendo en su severidad, adultos normalmente aprenden a modular sus respuestas, a pesar de la incomodidad.

Los efectos de la pirotecnia podrían marcar a las personas con trastornos sensoriales a largo plazo, ya que estos podrían crear una asociación negativa hacia las fiestas navideñas, provocando renuencia en participar de juntes familiares futuros.

“Van a relacionar las Navidades con la pirotecnia y no van a querer integrarse a las fiestas, porque tienen una asociación negativa de lo que se ha expuesto en esas actividades. Afecta la familia y el entorno, porque muchas familias se cohíben en integrarse con amistades u otras familias que típicamente hacían antes para no afectar a los miembros de la familia”, manifestó.

¿Qué pueden hacer las familias?

Desde el núcleo familiar, hay manaras de minimizar el efecto adverso de estos estruendos en personas con sensibilidad auditiva.

De cara a las festividades navideñas, Negrón recomendó preparar al miembro familiar que tiene trastornos sensoriales, explicándole en qué fechas experimentarán los estruendos y por qué.

La descripción se deberá hacer dependiendo en la edad o nivel de entendimiento de la persona, por lo que se podrá utilizar vídeos con volumen bajo o láminas para ilustrar qué son las pirotecnias, cuándo normalmente se utilizan y de dónde se emite el alto sonido explosivo.

“Es bien importante que la persona, dentro de su capacidad, esté al tanto de lo que va a ocurrir y explicarle por qué está ocurriendo y que todo está bien, que no va a ocurrir nada adverso”, detalló.

Otra opción para preparar al familiar es proveer cascos para minimizar la vibración, audífonos con música o tapones de oídos.

Dependiendo en la tolerancia de la persona, también se les puede proveer distractores, como juguetes o la compañía de una mascota para que se concentren en otro estímulo.

Si el caso es severo, la última recomendación es el aislamiento temporero. Negrón recomendó seleccionar una habitación o área del hogar donde la persona se puede quedar hasta que finalice las actividades de pirotecnia. No obstante, recalcó que la persona no debe estar sola y que debe reintegrarse al grupo familiar lo más pronto posible. Dependiendo en su nivel de tolerancia, aquella persona que acompañe a su familiar en este aislamiento temporero puede proveer apoyo físico, como abrazos o aguantarlos de la mano.

La consulta de un doctor es necesaria si el caso requiere medicación.

Más educación y empatía

La responsabilidad no meramente recae en los hombros de la familia. Si no, es un compartida y de comunidad.

Por ende, las personas que opten celebrar con pirotecnia deben auscultar si en la comunidad o en los limítrofes de dónde lo desatarán residen personas con trastornos sensoriales para así evitar causarles daño.

“Las personas deben tomar en consideración e investigar si hay un niño o persona que tienen dificultad de manejar ese tipo de estímulo y poder movilizarse a otra área para poder llevar a cabo sus actividades de pirotecnias”, comentó.

“Poco a poco, hay que educar a la comunidad sobre el impacto negativo en las personas que tienen estas prácticas y, además de ser inclusivos con todos, también tienen que ser empáticos en todos los aspectos que pueden estar afectando”, agregó.