Aunque tratan de mantener las tradiciones familiares navideñas, los puertorriqueños reconocen que cada año se hace más difícil porque, definitivamente, “ya nada es como antes”.

“Las Navidades cada año son peores y así llegará el día en que no las celebraremos”, fue la respuesta de Samira Marie a través de la cuenta de Facebook de Primera Hora.

Y ella no está sola.

Lourdes Robles Marrero, por ejemplo, escribió que la gente tiene miedo “por tanta maldad”.

María Irizarry también cree que la tradición de la Navidad se ha abandonado, algo que atribuye a múltiples razones. La pérdida de un ser querido, las familias disfuncionales y una situación económica difícil son algunas de las que enumeró.

“Yo soy una de las que la Navidad me da tristeza por muchas razones. No hace falta que llegue el día de la Navidad para demostrarle a ese ser querido cuán importante es para uno”, señaló.

En el caso de Asennette Bonilla, el problema es el aburrimiento. “Lo que pasa es que nuestras raíces es estar con la familia. Pero el problema es que todos los años es la misma monotonía de un lado y del otro y ya me resulta incómodo”, escribió.

Georgie Egroj, quien se identificó como trabajador de casinos, aseguró que en su familia se ha mantenido la tradición, pero lamentó que un día como ayer el casino estuviese lleno de gente mayor “jugando como zombis sin nadie que les diga felicidades”.

También en esa dirección fue el comentario de Cookie Rodríguez, para quien lo ideal es estar en familia. “Pero ahora mismo los fast foods abiertos el Día de Nochebuena hasta tarde, los supermercados abiertos también, las tiendas, etc. ¡Ese día deben cerrar todo a las 5:00 p.m. para que las personas puedan estar temprano en sus casas!”, sugirió.

Hay también quienes ven en las tradiciones un relevo de generación y consideran normal que sean sus hijos e hijas quienes las continúen.

“Aunque no vivo en mi islita Puerto Rico, les enseño a mis hijos que la tradición familiar jamás se debe olvidar, que hay que mantener el espíritu de la Navidad puertorriqueña presente”, señaló Lillibeth Méndez desde Nashua, Nuevo Hampshire.

Como ella, José Luis Díaz Salazar trata de “mantener las tradiciones e inculcárselas a lo más pequeños para que no se pierdan”. “Si nosotros no lo hacemos, con el pasar del tiempo se pierden nuestras tradiciones”, advirtió.

En familia también la celebra Linda Bigas porque si no, “no sería Navidad”. “Además, las cosas no están buenas para estar lejos de nuestros seres queridos”, añadió.

Ivette Ribott vive agradecida de que en su familia se celebra “de generación en generación” y exhortó a que la imiten.

“Los que no lo hacen están a tiempo, es cosa de llamar y reunir a la familia y pedirles que se haga todos los años”, propuso.

El número significativo de puertorriqueños que vive en Estados Unidos también es un factor que impide hacer reuniones familiares.

Roberto Concepción, residente en la Florida, tiene a su familia en Nueva York y Puerto Rico, así que pasa la Navidad solamente con su esposa.

En la familia de Miriam Galíndez, la tradición está íntimamente ligada al paladar, así que en su celebración, que sí es familiar, “no pueden faltar el lechoncito, los pasteles, morcillita, arroz con gandules y, por supuesto, el coquito”.