La inquietud de conocer el origen de su comunidad Las Mareas en Salinas, impulsó a una decena de jóvenes, entre 14 a 25 años, a investigar una fascinante historia que comenzó hace más de un siglo con la llegada de trabajadores de la sal, la caña y la pesca.

Así se formó el reconocido sector, según contaron sus vecinos de mayor antigüedad, el cual se caracteriza por la riqueza de sus recursos naturales, que se dividen en manglares, salitrales y cuerpos de agua, además de la variedad de especies que allí habitan.

De esa manera, erigieron el contenido de un plan comunitario que pretende incentivar a la juventud del barrio a través de una empresa de patrimonio cultural que provea empleos y genere fondos para varias iniciativas dirigidas al cubrir las necesidades básicas de sus residentes.

La líder comunitaria, Jaqueline Vázquez Suárez, explicó que el proyecto nació hace más de dos décadas mediante el rescate de una estructura que transformaron en su Punto Educativo, Recreativo y Social, en la cual se brindan campamentos de verano, tutorías y talleres de alfabetización, entre otros programas.

Una decena de jóvenes sirven de guías para ofrecer recorridos por la zona.
Una decena de jóvenes sirven de guías para ofrecer recorridos por la zona. (Suministrada)

Sin embargo, el desastre ocasionado por el huracán María (2017), “generó una migración significativa de familias ante la falta de ayudas para reparar sus casas y la limitación de encontrar un empleo para sostener sus hogares”.

Por eso, el liderato comunitario puso manos a la obra para evitar que más personas se fueran del barrio e incluso asistir a los menores en sus obligaciones académicas y aliviar el hambre de los más necesitados. Pero no sabían cómo lograr la sostenibilidad de estos proyectos.

De esa manera, la comunidad logró un acuerdo con el programa de Líderes Comunitarios Excepcionales, de Bravo Family Foundation, que desde el 2019 trazó un plan para lograr los objetivos de la comunidad, de alimentar a los más necesitados con el proyecto El Fogón e, incluso, pagarles a los maestros que ofrecen tutorías.

El lugar tiene una belleza sin igual.
El lugar tiene una belleza sin igual. (Suministrada)

Brandon Andrés Cotui Cruz, de 19 años, expuso que “es una empresa social, porque los ingresos que generamos no son para nosotros mismos como una empresa privada, sino que nosotros, con esos ingresos, nos damos la oportunidad de un empleo”.

“También ayudamos a la escuela para proveer tutorías y ayudar a los niños en su camino educativo y el pago a los maestros. Ayudamos con los servicios del Fogón, que es una cocina a donde varias personas hacen almuerzo y los reparten a las personas más necesitadas”, resaltó el vecino de Las Mareas.

Quieren dar a conocer las bellezas del área.
Quieren dar a conocer las bellezas del área. (Suministrada)

Mientras que Blanca Iris Santos Rodríguez, directora ejecutiva de la fundación, expresó que “el centro de esta empresa social son los jóvenes; desarrollarlos, darles empleo y que se queden en Puerto Rico”.

“Aquí tienen un empleo donde hacen algo que les encanta; es su propia historia que la aprendieron a través de sus ancestros, escuchando la información que le daban los viejos. Se sentaban con ellos y les explicaban cómo era el tiempo de la caña, cómo era el tiempo de la sal, cómo era el tiempo de la pesca, en qué año llegaron a esta comunidad y por qué se formó la comunidad”, agregó.

Así las cosas, desarrollaron el contenido para realizar recorridos en su comunidad que, fue formada por trabajadores que laboraban en tres áreas: sal, azúcar y pesca.

Diangely Cruz, de 22 años, manifestó que “somos un grupo guía de nuestra comunidad; ofrecemos a los visitantes un recorrido a donde, desde el principio, les decimos que los vamos a enamorar de nuestro patrimonio cultural natural que nos distingue como comunidad”.

Una de las próximas metas es certificar a estos jóvenes como guías turísticos con la Compañía de Turismo de Puerto Rico.
Una de las próximas metas es certificar a estos jóvenes como guías turísticos con la Compañía de Turismo de Puerto Rico. (Suministrada)

“Comenzamos hablando sobre las salinas de Monserrate, los caminos, hacemos unas paradas. Les hablamos de los cuatro tipos de mangles: que son el rojo, negro, botón y blanco; de los animales terrestres. Luego llegamos a la Quinta, nuestra playa más hermosa. Hacemos un breve descanso, (y) reiniciamos el recorrido”, destacó.

“A veces, tenemos la oportunidad de ver a nuestro manatí Tuque, aquí lo soltaron y es nuestro animalito. Luego seguimos por toda la costa, salimos a la comunidad, hablamos sobre los cuerpos de agua que tiene la comunidad que está dividida por salitrales, manglares y cuerpos de agua que vienen siendo el mar blanco, mar negro y el mar Caribe”, resaltó.

Cabe destacar que, una de las próximas metas es certificar a estos jóvenes como guías turísticos con la Compañía de Turismo de Puerto Rico.

Aprendizaje para todos

Para Yoscar E. Colón Rosario, de 19 años, “este proyecto ha sido valioso porque me ha enriquecido mucho en cuanto a vocabulario y perder el miedo de hablar en público”.

“Aquí van a aprender sobre lo que es nuestra comunidad y su ambiente natural que es único en Puerto Rico. Esta comunidad nace hace más de 100 años. Su historia está ligada a la producción de las salinas, a donde trabajaban las familias de esa época”, recordó el estudiante de Enfermería de la Universidad Interamericana de Ponce.

Al finalizar el recorrido, la comunidad ofrece una degustación de su comida tradicional que consta de mariscos, funche con caldo de pescado, arroz con carrucho y empanadillas.

Para obtener más información, puede acceder a puntoeducativo.org.