“¡Qué viva la Candelaria y la vieja de las patas flacas!”

Este es uno de los gritos tradicionales que cada 2 de febrero se lanzan al aire en honor a la Virgen de la Candelaria.

Los ritos antiguos establecían que esta y otras frases similares se decían alrededor de una fogata. También se lanzan al fuego papeles con nombres de aquellos que no hacen el bien.

En Toa Baja, la tradición también incluye una antigua ermita, construida para el 1710, en la hacienda El Plantaje, en honor a la Virgen de la Candelaria.

Miguel Rodríguez, un arqueólogo toabajeño y profesor de historia de la Universidad Ana G. Méndez, rememoró la tradición en una entrevista con Primera Hora, ya que este lunes se volverá a realizar la festividad en los terrenos donde está la ermita, en la desembocadura del río Bayamón, entre Levittown y Cataño, a la orilla de la carretera PR-165. La misa será oficiada por el arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves. Se encenderá la tradicional hoguera y al final del evento se entregará un rico sopón.

Una de las fogatas que se encienden cada 2 de febrero en honor a la Virgen de la Candelaria en los terrenos de la ermita, en Toa Baja.
Una de las fogatas que se encienden cada 2 de febrero en honor a la Virgen de la Candelaria en los terrenos de la ermita, en Toa Baja. (Suministrada)

La tradicional “Actividad Cultural de Purificación” comenzará a las 5:00 p.m. con la presentación de la Banda de la Policía, seguido por el acto religioso.

“Ahora mismo en Toa Baja, quizás, es la actividad cultural más importante, más representativa de la historia de Toa Baja, la Fiesta de la Candelaria. La actividad se hace en esa ermita, porque une varias cosas, la historia, la cultura, las tradiciones. Es una tradición que se rescató, que los toabajeños rescatamos desde 1980 hacia acá, pues, había desaparecido esa tradición de dar la misa allí en la Ermita de la Candelaria, y hacer la fogata de la Candelaria”, indicó el historiador.

La ermita, edificada en piedra, ladrillo y argamasa, se construyó a pedido de uno de los hombres más ricos que vivía en Puerto Rico en el siglo 18, don Miguel Enriquez.

“Es uno de los personajes históricos más importantes del siglo 18. Era un corsario puertorriqueño, famoso. El hombre más poderoso de Puerto Rico. Esa ermita, él era dueño de ella. Ahí estaba su hacienda, El Plantaje, y mandó a construir esa ermita para la misa, para bautizar a la gente. El sacerdote iba allí del pueblo de Toa Baja. Todavía están las ruinas. Se conservan. Se han mantenido las paredes, el lomo principal de la capilla”, describió.

Ruinas de la ermita en honor a la Virgen de la Candelaria.
Ruinas de la ermita en honor a la Virgen de la Candelaria. (Suministrada)

Como la ermita era en honor a la Virgen de la Candelaria, allí se celebraban las fiestas en su honor.

Pero, la tradición se detuvo en el siglo 18. Los años pasaron y el terreno se usó para la ganadería. Hubo un intento de construir allí un centro comercial. Pero, los terrenos, aun cuando son privados, tienen una prohibición para realizar construcciones. Hasta un intento del gobierno de pasar por allí el Superacueducto fracasó.

“Está incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos como una propiedad histórica y el Instituto de Cultura (Puertorriqueña) también lo tiene en un reglamento que ellos tienen de planificación como declarado como patrimonio histórico”, destacó Rodríguez.

No fue hasta la década de los años ’80 cuando una familia proveniente de Arecibo, cuya matriarca se llamaba Irma Picón, se mudó a Levittown y rescató la tradición. Rodríguez recordó que acudió por primera vez al evento en el 1985.

“Doña Irma era líder cultural y empezó a buscar temas históricos y culturales y encontró que la tradición de la Candelaria se había perdido en Toa Baja”, manifestó.

La investigación histórica, parte de la cual ha realizado Rodríguez, apunta a que la ermita se hizo en honor a la Virgen de la Candelaria, gracias a emigrantes de las Islas Canarias que se establecieron en la zona durante el siglo 17 y 18. Como su patrona era esa virgen morena, pues, decidieron honrarla.

Los 2 de febrero son los días que se homenajea a la Virgen de la Candelaria con una fiesta. La tradición también llegó desde las Islas Canarias. Por ello, la actividad se realiza en las ruinas de la antigua ermita en honor a la Virgen.

“Nosotros nos hemos encargado de revivir esa tradición. Vamos a esa capilla. Primero era un grupito pequeño, yo recuerdo en la década de 1980 que éramos 20 o 30 personas que teníamos que ir con machete en mano y limpiar el terreno, porque siempre era una capilla abandonada, donde había habido una vaquería y había que limpiar la vegetación para que la gente pudiera llegar con quinqué y velas y eso. Pues, hacíamos la misa o hacíamos el rosario y quemábamos siempre, porque parte de la tradición de la Candelaria era que se acostumbraba a recoger los árboles de Navidad y en el Día de la Candelaria se le pegaba fuego”, detalló.

Ya las fogatas están prohibidas en Puerto Rico. Sin embargo, para el evento se realiza una con madera recogida por el municipio en la recolecta de escombros por los hogares. Bomberos municipales están en la zona, pendientes a que no ocurra ninguna emergencia y la apagan cuando culmina el rito.

El arqueólogo explicó la razón de esta fogata. Dijo que los días 2 de febrero es cuando se celebran los 40 días del nacimiento de Jesús. Dentro de la tradición cristiana, representa la presentación del niño Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María.

También se representa, con la fogata, “el fuego purificador de la fe”, indicó el historiador.

“Jesucristo cuando caminaba predicando, hablaba que el fuego era el purificador de las almas y esa virgen evoca eso, el fuego, y siempre está con una vela en la mano al frente. Cuando tú ves la Virgen de la Candelaria, siempre tiene una antorcha o una vela en la mano”, comentó.

“Es una Virgen interesante, es una Virgen morena, la Virgen de la Candelaria”, añadió.

Alrededor de esa fogata, “se le hace rezo, se tiran papelitos. Hay un montón de cosas que se hacen. Si usted quiere hacerle daño a alguien que le hace daño a usted, pone el nombre a un papelito y lo tira a la fogata, para que la fogata lo queme. Se hacen peticiones y cosas así a la Candelaria. A veces la gente camina alrededor de la hoguera y luego se apaga”, dijo el experto sobre la tradición.

Tras las festividades, era común que los lugareños compartieran alimentos. Por ello, cada celebración termina con un sopón y alguna presentación artística.

Lo que lamentó Rodríguez es que los terrenos estén a mano de familias privadas. Dijo que su deseo es que pasen al municipio o alguna entidad cultural que logre preservar la antigua ermita como un lugar turístico, no un lugar al que tiene acceso sólo los 2 de febrero.