Loíza.- Llegar al Centro Esperanza en el barrio Colobó del sector Tocones es arribar a un remanso de paz. La sonrisa de su directora, sor Carmen Gloria Alayón, es transparente y desinteresada. Es, además, una confirmación de la energía y el positivismo que imperan en el lugar.

Un estrecho camino conduce hacia el centro. La brisa fresca se entremezcla con las voces de niños pequeños que dan en el lugar sus primeros pasos de aprendizaje. Al fondo se escucha ese hermoso sonido del mar.

Todo se conjuga perfectamente para conspirar con sor Carmen en la misión de su vida: educar para la paz.

“Mi misión es educar para la paz y crear un mundo de paz... Pero para crecer y triunfar en Loíza es como todos los días empujar una pared de hormigón cuyo peso está en el pecho de uno. Eso es lo que lleva a tantas personas aquí a estar en un grado de no motivación, resignación y conformismo”, reflexionó esta gran mujer.

Aún así, por espacio de 23 años sor Carmen ha sido la cabeza del Centro Esperanza y también la líder del Centro Providencia donde se atiende a la población de la llamada edad dorada.

Las Hermanas de la Caridad, congregación a la que pertenece, fundaron el centro hace ya mucho, en 1968. No obstante, el primer encuentro de sor Carmen, nacida en Santurce, con los loiceños lo experimentó en 1984 cuando las monjas se dedicaban a la educación especial. En aquel momento, el perfil de Loíza arrojaba altos niveles de desnutrición entre los niños, falta de recursos educativos y analfabetismo.

“La población estaba sumida en la miseria, había un analfabetismo grandísimo. Lo más triste es que aún continúa la marginación que creaba esas necesidades en aquel entonces... Loíza está cubierta por un aparente desarrollo, pero nos han quitado los palmares y siguen las mismas situaciones de marginación, de desempleo, deserción escolar, racismo, drogas, delincuencia, carencia de oportunidades y de espacios recreativos para los niños y adolescentes. Cada vez más se acentúa la brecha entre los ricos y los pobres ”, dijo a este diario desde su oficina.

Con sólo transitar por algunas calles del pueblo la realidad que narra sor Carmen es perceptible. Por algunas se observan niños que caminan en horario escolar. Personas que se sientan en puestos de venta como dejando el tiempo pasar.

Saltan a la vista enormes contrastes. Humildes residencias a las orillas de la carretera dan cara a proyectos de apartamentos de verano con control de acceso de donde entran y salen carros lujosos.

Combate la desigualdad

Es este panorama el que le sirve de motivación para seguir adelante. Ella quiere eliminar la desigualdad y eso se obtiene a través de la educación.

Sor Carmen fundó la Casa de Niños, un centro Montessori donde se atienden a niños entre las edades de dos a seis años. El sistema Montessori propicia el aprendizaje a través de los sentidos y de forma individual con la ayuda de guías.

El programa Niños Creciendo atiende la educación de los menores entre los seis y 18 años. También la enseñanza en el centro se logra de forma exitosa a través de la música y las artes.

“Puede haber muchas canchas, pero en un pueblo tan rico en artes y tradiciones no hay siquiera un teatro”, se lamentó.

Es precisamente ese gen artístico y cultural que tiene la sangre loiceña el que sor Carmen se ha dedicado a explotar a través del programa Mujeres Exitosas. Éste pretende que las madres jefas de familia se independicen. Las participantes ya se certificaron como artesanas y elaboran artesanías típicas de su pueblo como de los vejigantes, las bailadoras y los tocadores, entre otros.

Uno de los nuevos servicios del siempre activo Centro Esperanza serán consejerías psicológicas a cargo de estudiantes universitarios que hacen su práctica en psicología.

“Eso hace mucha falta”, dice sor Carmen, quien no para de recibir llamadas en su oficina. Ella lleva, trae, pide, agradece, hace de todo para que la esperanza siga viva.

Ineabelle Ayala, vecina de la comunidad loiceña Las Carreras, ha trabajado con sor Carmen como educadora por 20 años.

“Ella es el tronco, es fuerza dentro del ambiente de Loíza. Siempre lucha por un pueblo mejor”, comenta Ineabelle.

Entre los niños también es muy querida, como dijo Jeishmarie Fuentes Osorio, de cinco años.

“Ella es bien buena. Por las mañanas siempre viene y nos saluda y se viste de blanco porque es monja”, sostuvo la pequeña.

Su sueño: una ciudad de esperanza

Actualmente, sor Carmen tiene sus energías puestas en recaudar fondos para expandir el centro.

A la entrada de la instalación actual se observa ya una zapata hecha. Pero, no hay fondos suficientes para continuar la construcción. Hacen falta $70 mil para que el Banco Gubernamental de Fomento desembolse unos fondos que ya tiene identificados para sor Carmen.

“Mi gran sueño es convertir este lugar en una ciudad de esperanza, en un oasis que responda a las necesidades de este pueblo. Dios creó a los seres humanos para que fuesen felices y no víctimas de injusticias. La verdad es que necesitamos este nuevo edificio para ampliar nuestros servicios y recibir más participantes”, dice.

Su aliado en esta gesta es el vecino de la comunidad y productor musical Roig Berríos.

“Ella ha sido una maestra para la comunidad y los pobres, para los más necesitados. Su trabajo es ejemplo y un llamado a la sensibilidad. Por eso hay que ayudarla, como ella ha dado tanto de sí”, expresó Roig, quien planifica con sor Carmen una Gala Concierto Pro Fondos que será el 24 de febrero en el teatro Francisco Arriví en Santurce. El espectáculo de teatro y danza comenzará a las 8:30 p.m. y tendrá un costo de $100.