Mildred temía por su vida

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 17 años.
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“Si algo me pasa, acusa a Papo”.
Mildred Pérez Rodríguez, de 48 años, la undécima víctima de violencia doméstica este año, en muchas ocasiones durante el pasado mes y medio le advirtió a su mejor amiga que temía por su vida.
Ella vivía amenazada por su ex pareja.
El jueves, su asesino Héctor R. Ponce Ayala, de 43 años y líder recreativo del Municipio de Toa Baja, fue ingresado en la Cárcel Regional de Bayamón al no prestar una fianza de $1.2 millones por cargos de asesinato, violación a la Ley de Armas y escalamiento.
Nery Landruá Rivas, quien más que una amiga fue una hermana durante los pasados 30 años para Mildred, estaba ayer en la funeraria Los Cipreses, de Bayamón, donde se llevó a cabo su velorio. Ella narró a Primera Hora que Mildred decidió no denunciar a su agresor para proteger a sus hijos. “Ella sentía que a él lo protegían. Ella me decía: 'No me van a hacer caso, y si lo dejan sin trabajo, se va a poner con más coraje y la va a coger con mis hijos”, recordó.
También señaló que cuando se percató de que el sujeto, con quien mantuvo un noviazgo durante dos años, tenía antecedentes penales, comenzó a separarse de él gradualmente por su carácter agresivo.
Durante las pasadas dos semanas, el miedo se había apoderado de la mujer, que se sentía amenazada y acosada hasta en su centro de trabajo en el Departamento de la Vivienda.
En medio de la tormentosa persecución, con la ayuda de sus amigos y seres queridos, había decidido comenzar a ejercitarse como antes, matricularse en clases para bailar salsa y volver a correr bicicleta.
“Me decía que tenía mucho miedo, que su alma estaba triste, que algo le iba a pasar; ella estaba a su suerte”, sostuvo llorosa.
Mildred siempre se comunicaba con su amiga, ya fuera de camino al trabajo, antes de acostarse y durante el día, como medida preventiva, ya que vivía acosada. Pero la noche antes, no la llamó.
El martes temprano en la mañana tampoco se comunicó para conversar con ella desde el tapón. Cuando dejó a su hijo en la escuela y pasó por la urbanización Las Gaviotas, de Toa Baja, vio la cinta amarilla que usa la Policía para marcar una escena violenta. De inmediato, supo que le había pasado lo peor. “Él iba a acabar con todo; si hubiese sido Raymond el que iba a abrir la puerta, ese día acababa con Raymond”, se lamentó.
“Todavía me levanto y espero la llamada”, dijo con nostalgia.
También recordó que fue ella quien le presentó a “ Papo Ponce”, ya que Mildred la estaba acompañado a buscar unas mallas. Como era una mujer hermosa, de inmediato, le llamó su atención.
Mildred era una destacada atleta en las justas de la Asociación de Empleados del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, reveló su amiga, quien también se ejercitaba con ella.
Keyla Requena, una de las empleadas del Departamento de la Vivienda que estaba bajo la supervisión de Pérez Rodríguez, explicó que la mujer la protegía como si fuera una hija y resaltó lo dinámica que era.
“Era fuerte de carácter, en el sentido bueno, se echaba el trabajo de todo el mundo encima… Jamás me imaginé...”, reaccionó Rodríguez, quien fue a la funeraria acompañada de un grupo de empleados a dar el pésame a la familia.
También acudió a la funeraria el alcalde de Toa Baja, Aníbal Vega Borges, y miembros de la Asamblea Municipal.
El velorio de Pérez Rodríguez se extendería ayer hasta la medianoche en la funeraria y luego sería cremada.
El cuerpo fue expuesto ayer desde las 10:00 de la mañana. La familia, entre ratos, mantuvo la capilla cerrada para despedir a su ser querido.

