Bárbara J. Figueroa Rosa

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Los terremotos que afectan a la isla han sacudido la salud mental de los puertorriqueños y provocado al menos un suicidio vinculado a los eventos; además de triplicar las llamadas de gente emocionalmente afectada y que busca auxilio en la Línea de Primera Ayuda Sicosocial (PAS), servicio que se ofrece a la ciudadanía a través de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca).

A solicitud de Primera Hora la agencia hizo un análisis de las llamadas recibidas en la línea PAS desde el 28 de diciembre de 2019 hasta el 31 de enero, fecha en que empezaron a dejarse sentir en la isla los movimientos telúricos que aún afectan a gran capacidad la zona sur y suroeste de Puerto Rico. El resultado fue alarmante: los profesionales de la conducta humana que laboran en el centro de llamadas realizaron 40,566 intervenciones en 35 días. Eso es más de un 300% de las llamadas atendidas durante el mismo periodo el año pasado cuando se atendieron 12,377 casos.

De esas más de 40,000 intervenciones 14,895 están relacionadas a los temblores y más de la mitad (7,603) provienen de residentes de la región sur de Puerto Rico, seguido por vecinos de la zona oeste (4,087). La mayoría de las personas que llaman pidiendo auxilio por el agobio emocional que experimentan son adultos y envejecientes.

Aunque el porcentaje mayor de llamadas surgen de los pueblos del sur, la administradora de Assmca, Suzanne Roig, alude a que “el daño emocional está presente en toda la población a nivel isla”.

“Esto es mucho más que lo que vimos en María (huracán que impactó a Puerto Rico en el 2017) cuando atendíamos unas mil llamadas por día… ayer (sábado 1 de febrero), por ejemplo, atendimos 1,464 llamadas”.

“Estamos experimentando un evento continuo, intenso, repetitivo y de larga duración, el cual ha alterado el ciclo de vida de los sobrevivientes, en todas las áreas a nivel físico, emocional, social, espiritual y laboral”, determinó en un análisis escrito entregado a Primera Hora.

Según manifiesta los interventores de la línea PAS, el impacto emocional surge desde diversas variantes pues están aquellas personas que lo perdieron todo con los terremotos o tuvieron daños parciales en sus residencias, pero también están los individuos que viven en la costa y sienten la amenaza constante de que pueda ocurrir un tsunami o los refugiados que tienen mucho miedo de regresar a sus hogares (aun cuando las estructuras no sufrieron daños).

“Las personas manifiesta miedo, inseguridad, ansiedad, angustia, incapacidad para seguir rutina de vida, pensamientos catastrófico, preocupación por la fragilidad de la casa, sensación de no estar preparado… expresan que cada vez que sienten el temblor, piensan que viene uno más grande”, se describe en el análisis de acuerdo a lo que surge de las entrevistas realizadas por los profesionales de la salud que atienden los casos, los cuales en su mayoría son trabadores sociales clínicos, consejeros y sicólogos clínicos.

Según Roig, además de las intervenciones a través de la línea PAS -donde se le da continuidad a los casos mediante llamadas o referidos a otras agencias- el personal de Assmca también se ha movilizado a la zona devastada.

“Desde el 7 de enero hasta el 31 de enero hemos atendido a 74,000 personas, incluyendo 16,000 familias. Hemos ido a los refugios establecidos por el gobierno y a los que han realizado en las comunidades… el impacto va desde intervenciones de sesiones de desahogo individual y en grupo hasta el manejo de ansiedad o crisis”, dijo la administradora.

Expresó que un punto positivo es que los perjudicados están receptivos a recibir ayuda”, indicó al agregar que este fin de semana se unirán al equipo 230 profesionales que estarán firmando contrato bajo el programa “Anímate”. El grupo – en el que también se incluirán enfermeros y educadores- tendrá la responsabilidad de brindar ayuda sicosocial a damnificados de los seis pueblos que fueron incluidos en la primera declaración de desastre por parte de la gobernadora Wanda Vázquez Garced. Los municipios son Ponce, Peñuelas, Yauco, Guayanilla, Guánica y Utuado.

“Nuestra intervención es necesaria e importante porque estamos viendo que la mayoría están experimentando ansiedad, muchísima ansiedad y desespero… cuando María veíamos mucha desesperanza. Ahora vemos mucho desespero. Aunque ha disminuido la frecuencia e intensidad de los temblores la verdad es que sigue temblando y esa sensación de que esto no termina les causa ansiedad”, dijo Roig.

Aunque los expertos han resaltado que en la isla son normales los movimientos telúricos, la última secuencia de sismos empezaron a dejarse sentir y a aumentar en frecuencia desde el 28 de diciembre de 2019 en el suroeste y noroeste del país. Desde esa fecha hasta ayer en la tarde se habían registrado 3,295 temblores. El de mayor daños ocurrió el pasado 7 de enero y fue de 6.4 magnitud. Cabe destacar que la semana pasada el Servicio Geológico de los Estados Unidos emitió un informe en el que estableció que la actividad sísmica podría continuar hasta por una década.

Estos terremotos han causado pérdidas de viviendas y desastres mayores en la zona entre Ponce y San Germán, así como en el interior oeste de Puerto Rico. La situación ha provocado que unas 5,000 personas residan bajo carpas o casetas de campaña en campamentos establecidos por el gobierno o comunitarios. Los daños estimados sobrepasan los $460 millones, según cálculos de los alcaldes de municipios afectados.

El gobierno ha establecido desalojar los refugios o campamentos bases antes de que inicie la temporada de huracanes en junio. La fecha límite que se han fijado para lograr reubicar a los damnificados en sus propias viviendas, en lugares alquilados o comprados con dinero de la Agencia federal de Manejo de Emergencia (FEMA) o a través de vales de Sección 8 es el 24 de marzo.

“El escenario es difícil para muchos ciudadanos cuando analizas el panorama de todo lo ocurrido… y tener miedo es normal. Pero cuando la ansiedad o cualquier emoción nos limita a continuar o en asumir las responsabilidades que tenemos como individuos o cuando vemos que interfieren en los patrones de sueño o alimentación hay que buscar ayuda. Y hablo de una ayuda más profunda para evitar que esa persona caiga en una ansiedad patológica. Y ciertamente, nos preocupa porque estamos viendo emociones elevadas”, sostuvo Roig.

Vinculan un suicidio a los temblores

Roig destacó que, generalmente, el 20% del total de llamadas que se reciben en la línea PAS están relacionadas a personas con pensamientos suicidas.

En cambio, aun cuando esa tendencia continúa igual el personal de Assmca ha podido vincular al menos un suicidio a los eventos de los temblores, según confirmó la administradora de Assmca.

“Sí podemos validar un suicidio relacionado al evento… es uno que ocurrió hace poco en el área sur. Los otros (ocurridos en la zona) no los podemos relacionar de forma directa”, dijo Roig.

Actualmente, según cifras entregadas a Primera Hora por el Negociado de la Policía de Puerto Rico, han ocurrido 26 suicidios en el periodo del 1 al 31 de enero. De estos ocho se han registrado en pueblos severamente afectados por los movimientos telúricos, los cuales incluyen Ponce, Corozal, Cabo Rojo, Jayuya y Guánica. Las edades de las víctimas (una fémina y siete varones) fluctúan entre los 27 y los 76 años de edad.

Un dato que levanta alerta es que de los ocho casos, cuatro corresponden al municipio de Ponce. Este pueblo registró en todo el año 2019 cinco suicidios. Mientras, las cifras de suicidios ocurridas en Corozal, Guánica y Jayuya ya fueron superadas en los primeros 31 días del año. Cada uno de estos municipios registró un suicidio en el 2019.

Uno de los casos más conmovedores es el de don José Antonio Sepúlveda Vargas, cuya historia fue reseñada ayer por Primera Hora. El hombre, quien tenía 76 años y residía en el barrio La Luna, de Guánica -uno de los más afectados por los sismos, al nivel de que sus habitantes tuvieron que ser desalojados- vivía agobiado por los constantes movimientos telúricos. Esta situación, según explicaron familiares, lo llevó a dormir con su esposa dentro de un auto y exacerbo sus niveles de ansiedad.

“Estamos trabajando la prevención del suicidio con intervenciones casa por casa”, dijo Roig al explicar que el impacto se lleva a cabo como parte de la campaña “La vida es chula”.

“Queremos dejarle saber a la gente que no están solos. Que no importa cuán difícil sea la situación que atraviesan en su vida, hay otras razones y otras metas por las que vivir. Vamos a tener momentos difíciles, claro, pero hay muchísimas otras cosas por las que vale la pena seguir luchando y viviendo”, expresó.