Ivia Santos no tenía idea de cómo había quedado su habitación tras el paso del huracán María. El miércoles acudió a ver en qué condiciones se encontraba su hogar, el que construyó a pulmón, como decimos en el campo, junto a sus cuatro hijos, pero no llegó a abrir la puerta de su cuarto. Tuvo que ser llevada al hospital de emergencia.

“Todo lo que luchamos para tener nuestras cositas…viste que nosotros hicimos las camas y todo, ahí tenía cuatro hijos, los crié aquí”, dijo mientras observaba la habitación de sus retoños, donde había guardado en bolsas plásticas gran parte de sus pertenencias con la idea de salvar algunas cosas. Ese cuarto quedó sin techo y parte de sus paredes.

Santos regresó ayer a su casa con la idea de habilitar una de las habitaciones y el baño que es en cemento para quedarse a pernoctar en el hogar.  Ivia llegó hace 15 años a la calle Valientes de Monte Carmelo cuando aún no había servicio de agua y luz. Los viequenses rescataron los terrenos que una vez estuvieron ocupados por la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Poco a poco fueron levantando una comunidad que hoy inicia otro camino, quizás uno muy largo, aunque menos violento.

“A mí me tuvieron que llevar al hospital. Yo padezco de la presión y me puse bien mal. Hoy, pude venir, cogí fuerzas y caminé hasta acá del pueblo…si construí una casa, puedo volver a hacerlo”, relató Santos sin poder contener las lágrimas que le provoca la situación.

“Cuando rescatamos las tierras, mis hijos tenían 15 y 16 años y entre mis hijos mayores y yo construimos la casa. Yo trabajaba en el Municipio y con los chavos que cogí de los income tax, compramos toda la madera y veníamos los fines de semana y poquito a poco construimos. Ahora ellos están estudiando en Estados Unidos y yo estoy aquí sola”, compartió la mujer de 50 años.

La habitación de Ivia fue la que menos impactó recibió. El techo se sostuvo, así como gran parte de la pared posterior. La cocina simplemente no existe. Los enseres y las sillas volaron, quedando en el suelo y a la intemperie. La madera y el zinc siguen esparcidos en los terrenos de los vecinos.

“Mira los cristales en las paredes, wow, wow…voy a ver si arreglo esa pared ahí para entonces quedarme aquí. Lo voy a tener que habilitar, porque no voy a tener más ningún otro sitio donde ir…después que tenga un baño, olvídate”, dijo entre sollozos al agregar “por lo menos mis hijos están sanos y salvos”. 

Hoy, muchos viequenses regresaban a sus casas para ver cuál había sido el resultado de María. Los que tuvieron la valentía de quedarse en su hogar, intentaban levantar los pedazos de madera y zinc y rescatar lo poco que era salvable. En esa tarea se encontraba también Vicente Laborde.

Los vientos huracanados y las torrenciales lluvias que dejaba a su pasó María, Laborde comenzó a sentirlos desde su habitación. En horas de la madrugada, sin embargo, tuvo que moverse a un cuarto completamente en cemento junto a su perra Tiana.

Tras los vientos lanzar la residencia del segundo nivel, comenzó a liquiarse el agua a su cuarto de dormir.  “Todo eso comienzo a inundarse y ahí tuve que correr al lado de allá, que es un cuarto de reserva que tengo. Ahí metí el catre, prendí el quinqué, la vela y vamos a dormir.  Ahí pasé toda la noche con la perra Tiana”, contó.

“La casa con el viento se quería ir. Se metió el viento a vuelta redonda y parecía que quería levantarse y ahí es donde yo empiezo a sentir que se comienzan a caer todas las estructuras grandes encima, pa, pa”, recordó.

El hombre jubilado perdió una terraza y una casita -en madera y zinc- que había en el nivel superior de la estructura. En la residencia principal -donde pasó el huracán- fue pérdida total la cocina. “Ahí es donde están los troncos, los socos, resistió. Además, la mitad es en cemento y lo otra madera”, relató Laborde que lleva unos 20 años en Monte Carmelo.

“La segunda planta, aunque era en zinc bueno y madera tratada, todo eso se fue con los muebles, camas, mesa, juego de sala, todo eso”, añadió.

También perdió toda la siembra de plátano y guineo. “Pero, le damos gracias a Dios que estamos en pie de lucha. Los finales tienen un comienzo, así que yo estoy en el comienzo de un final”, puntualizó optimista.

“Yo sabía que los resultados iban a ser estos por la fuerza del huracán, que no se iba a quedar nada, pero yo tranquilo y dándole gracias a Dios de que estoy bien. Lo que me espera por ahí para abajo es un taller largo”, dijo.

El Monte Carmelo es otra zona de destrucción. Aun estructuras en cemento recibieron severos daños. Ese era el escenario en la calle Cielo, donde Miguel Pagán y su esposa, verificaban la casa de un vecino que no se encuentra en la isla municipio. La residencia había sido inaugurada hace solo dos meses. 

A pesar de que los dueños protegieron las ventanas y puertas de cristal con paneles, las mismas explotaron y quedaron desplegadas en el patio junto a la nevera y unos muebles de patio que prácticamente eran nuevos. El baño, la cocina y la habitación principal quedaron destruidos por el agua y el viento. “Esto estaba cerrado, el balcón completo y lo arrancó to…”, expresó Pagán.

En su casa, dijo, los vientos arrancaron una ventana en metal que estaba supuesta a soportar vientos de hasta 250 millas. También habían colocado “trancas” para hacer presión contra las ventanas. Perdieron un televisor y una butaca.

“Estábamos en la sala, porque se estaba colocando agua por la puerta y estábamos sacándola. Eras las dos y pico o tres de la madrugada…”, señaló el hombre.