Mayagüez.- Enclavado en la Sultana del Oeste, el Museo de Arte (MUSA) del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) alberga una de las colecciones arqueológicas más impresionantes del Caribe, gracias al trabajo y pasión del fenencido arqueólogo y coleccionista, José Efraín Irizarry. Con más de 60,000 piezas, esta colección es un tesoro invaluable que abarca desde los períodos arcaicos hasta la época taína, ofreciendo una ventana única hacia el pasado ancestral de Puerto Rico.

El origen de esta colección se remonta a 2009, cuando Irizarry, consciente de la importancia de preservar el patrimonio cultural e histórico de Puerto Rico, decidió que sus colecciones debían bajo el cuidado de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez para el beneficio de las futuras generaciones. Sin embargo, en ese entonces, el museo que ahora alberga la colección aún no existía, y el proceso de trasladarla al RUM tomaría tiempo y esfuerzo.

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“Cuando ya sabía que le iba a llegar el momento (de su muerte), él decidió que era hora de pensar qué iba a pasar con la colección. Esa fue su última voluntad. Él siempre decía que él era el custodio de esta colección, pero que esto era patrimonio del pueblo de Puerto Rico”, comentó Aldo Acosta, encargado de la transferencia arqueológica al recinto y uno de los testigos del testamento de Irizarry.

Una década después, tras el fallecimiento del arqueólogo , se aceleraron los esfuerzos para que la colección finalmente pasara al Recinto de Mayagüez.

La inmensa colección se encuentra en proceso de organización en un área del sótano del museo.
La inmensa colección se encuentra en proceso de organización en un área del sótano del museo. (Jorge A Ramirez Portela)

“El recinto esperó a tener una infraestructura para recibir la responsabilidad (de preservar las colecciones), porque nosotros nos morimos, pero esto sigue. Es una responsabilidad que coje la universidad para siempre”, comentó la directora del museo, Zorali de Feria.

En 2023, la colección llegó al recinto, donde se espera que el próximo semestre se organice la primera exhibición relacionada a las piezas donadas.

Desde la cerámica ancestral hasta las herramientas de piedra, cada pieza en la colección de Irizarry narra una historia única sobre la vida cotidiana y las tradiciones de los antiguos habitantes de la isla. Entre los tesoros más destacados se encuentran artefactos saladoide y ostionoide, muestras de la complejidad social y cultural de las civilizaciones precolombinas, así como su profunda conexión con la tierra que los sustentaba.

“Cuando él se tiraba al patio de pequeñito a jugar, él se paraba sobre la cerámica. Desde niño, desde primer grado, desde muy pequeñito, José Efraín Irizarry jugaba en el patio con esas cositas que tenían caritas raras. Él nació arqueólogo”, recordó la técnica de arqueología de campo, Vírgen Mina Cotté.

Vasijas de la colección que se irá exhibiendo próximamente en MUSA.
Vasijas de la colección que se irá exhibiendo próximamente en MUSA. (Jorge A Ramirez Portela)

Cotté, quien colaboró estrechamente con Irizarry desde 1974, recuerda vívidamente la dedicación y profesionalismo del arqueólogo. Rememoró una ocasión en la que Irizarry regresó al sitio de una excavación meses después de haberla realizado, convencido de que aún quedaba más por descubrir.

“Cuando encontró una vasija que evidenciaba la presencia del indígena con el europeo, dos meses después volvió porque sospechaba que la otra mitad debía estar ahí. Estuvo el día completo, hasta que la encontró”, añadió.

Esta inmensa colección de artefactos y piezas arqueológicas, que incluye desde piezas arcaicas hasta objetos taínos de concha y lítica, según la directora del museo, requerirá años de investigación y clasificación antes de que pueda ser exhibida en su totalidad. Sin embargo, cada día se acercan más a ese objetivo, lo que representa un homenaje al legado histórico de Puerto Rico y un tributo al incansable espíritu de descubrimiento de Irizarry.

La colección del fallecido arqueólogo es más que una historia de tesoros enterrados y descubrimientos arqueológicos, es un legado vivo que trasciende el tiempo, un testimonio del amor y la dedicación de un hombre por preservar la historia y la cultura de Puerto Rico para futuras generaciones.

Vírgen Mina Cotté Román, quien fue estudiante y colaboradora de José Efraín Irizarry y quien conoció de muy cerca su trabajo arqueológico y de preservación.
Vírgen Mina Cotté Román, quien fue estudiante y colaboradora de José Efraín Irizarry y quien conoció de muy cerca su trabajo arqueológico y de preservación. (Jorge A Ramirez Portela)

“Yo siempre decía que Efraín era la pieza más importante de la colección, por eso yo quería que esto se diera estando él en vida, para poder documentar todas las anécdotas”, expresó Acosta.

Ahora, en el Museo del Recinto Universitario de Mayagüez, esta colección cobrará vida, ofreciendo una ventana hacia el pasado de Puerto Rico.

“Realmente no hay un precio para esta colección, el valor histórico supera al valor monetario”, añadió Acosta.

MUSA fue inaugurado en febrero de 2016 y actualmente está celebrando su octavo aniversario. Durante este tiempo, ha servido como un referente de conocimiento y un punto de encuentro cultural.

Parte de los artefactos de la colección.
Parte de los artefactos de la colección. (Jorge A Ramirez Portela)

“Celebramos con mucho entusiasmo el camino recorrido y nos mantenemos firmes en nuestra misión de ser un lugar de encuentro cultural y artístico de la región”, concluyó la directora del museo.

Actualmente el museo presenta la exposición “El arte como Re-existencia: lo afropuertorriqueño”, que presenta un despliegue y celebración del legado de la afrodescendencia puertorriqueña.