Nuevo director de ASPIRA logró romper barreras para ayudar a estudiantes a sobresalir
José Vargas Figueroa salió de una familia pobre en Ponce y superó dificultades hasta convertirse en doctor en sicología.

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José Vargas Figueroa fue criado en la barriada Doctor Pila y en lo que fue el arrabal San Tomás, en Ponce, por un padre que alcanzó a estudiar hasta el noveno grado y una madre que logró graduarse de cuarto año.
Fue declarado legalmente ciego del ojo izquierdo, por lo que recibió ayuda de la Administración de Rehabilitación Vocacional para romper el ciclo en el que se había desarrollado y poder emprender una profesión en la universidad.
En la actualidad, el doctor en sicología industrial organizacional, de 63 años, es el director de la organización sin fines de lucro ASPIRA de Puerto Rico, que se enfoca en brindar apoyo académico a aquellos que también enfrentan situaciones similares a las que vivió décadas atrás.
“El hecho que esté acá en ASPIRA y haya dedicado toda mi vida laboral a esta causa tiene que ver con mi trayectoria”, puntualizó Vargas Figueroa, quien inició la función de dirigir la entidad sin fines de lucro el pasado 8 de diciembre.
El hombre informó que fueron unas tías que llegaron a estudiar bachillerato y eran maestras las que ayudaron a su familia a emprender y a salir hacia adelante en el plano educativo.
“Somos cinco hermanos y yo soy el mayor. A pesar de que provenimos de un hogar de bajos ingresos, pues todos los cinco hemos podido estudiar desde bachillerato, maestría y yo, pues, que obtuve el doctorado” de la Universidad Carlos Albizu, expuso.
Indicó que no tuvo la ayuda de ninguna organización, como ASPIRA, para que lo guiara y le diera apoyo para lograr estudiar y emprender una carrera profesional. Indicó que Rehabilitación Vocacional le ayudó, al menos, con los gastos en su bachillerato y a conseguir trabajo.
“Fue bastante retante, porque las personas que tienen o que tenemos un perfil como el que te acabo de describir, sociales, culturales, enfrentan cosas que son realmente difíciles de superar. Para empezar, muchas veces las expectativas que podemos tener respecto a nuestro futuro es difícil verlas más allá de la escuela superior. Muchos de mis compañeros de la escuela apenas completaron la escuela superior y muchos de ellos, hay que decirlo, ya no están con nosotros en este plano, porque muchos de ellos optan por otros caminos que no son los mejores. Definitivamente, sí se enfrentan muchas barreras. Yo las enfrenté. Sobre todo, cuando llegas a la universidad, yo estudié en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, y uno nota esas barreras. Pero, cuando uno tiene la determinación, se logra”, resumió Vargas Figueroa.
Aceptó, además, que “si hubiera tenido una herramienta como ASPIRA, quién sabe a dónde hubiera podido llegar”.
No obstante, los sacrificios que emprendió y las barreras que derribó lo llevaron a encaminarse desde temprano en su etapa profesional a ayudar a otros a destacarse en la escuela o a lograr terminar su cuarto año.
Comentó que gracias a Rehabilitación Vocacional supo de una plaza de trabajo en ASPIRA en el 1989, cuando había completado su maestría en sicología industrial y tras haberse desempeñado como ayudante de maestro en el Departamento de Educación.
Inició en la organización en el programa Talent Search, que ayuda a niños desde sexto grados. También estuvo a cargo del programa de Upward Bound, el cual promueve acceso de personas bajos ingresos y primera generación universitaria. De 2011 al 2017 dirigió la Oficina de Desarrollo Institucional de la organización y, luego, aceptó una oportunidad de empleo en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, para volver a dirigir el programa de Talent Search.
Tras el receso de casi ocho años en la organización, Vargas Figueroa fue seleccionado para dirigir a ASPIRA.
Dijo que solicitó el cargo, porque “entendí que puedo hacer una aportación significativa a esta organización, que existe desde 1969. Es una organización que le he dado mucho a Puerto Rico, sobre todo acá en el área noreste, aunque nosotros tenemos servicios en Moca, Mayagüez, Ponce. Yo me siento bien orgulloso de haber vuelto a Aspira, de trabajar para Aspira, porque Aspira es una organización que tiene su lugar en la historia y yo me atrevo a decir en el desarrollo socioeconómico de Puerto Rico”.
También comentó que todos los retos que enfrentó para llegar a dirigir a ASPIRA. Estableció que tiene “la pasión de hacerlo, porque puedo identificarme y creer primero en la causa, la necesidad que hay de servir a este tipo de población”.
ASPIRA brinda servicios directos a unas 18 escuelas desde Cataño a Río Grande.
Los sábados, en su sede en Carolina, reciben estudiantes, a los que les dan servicios de orientación, consejería, así como ayuda en materias como español, inglés, matemática y ciencia. También tienen programas para dar acceso a los veteranos a educación secundaria.
Mientras, tiene sus “Escuelas Alternativas” en el barrio San Antón de Carolina, frente a la plaza pública de Moca y en el residencial Marisol de Mayagüez para ayudar a desertores escolares desde noveno grado hasta los 24 años a completar su cuarto año de escuela superior.
Además, la organización realiza pruebas de detección de VIH/SIDA, así como ayuda a las personas que dan positivo a obtener servicios de salud.
Vargas Figueroa precisó que ahora, bajo su dirección, busca dar a conocer los servicios de ASPIRA y promulgar su misión, que es “educar para transformar a Puerto Rico mediante el desarrollo de las personas y su entorno”.
Si desea obtener servicios, ayudar como voluntario o hacer algún donativo a aspira, puede comunicarse al 787-641-1985 o en aspirapr.org.


