Fajardo.- Oficial la sexta Diócesis.

Cientos de feligreses asistieron el sábado al municipio de Fajardo donde el arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves, ordenó al monseñor Eusebio Ramos Morales como obispo de la diócesis Fajardo-Humacao.

La nueva diócesis, que se une a las existentes de San Juan Bautista, Ponce, Arecibo, Caguas y Mayagüez, cuenta con 21 parroquias, 22 sacerdotes, un diácono transitorio, 21 diáconos permanentes y dos seminaristas.

Ciudadanos de municipios como Vieques, Culebra, Humacao y Fajardo abarrotaron la cancha Tomás Dones, en Fajardo, donde además del alcalde de este pueblo, Aníbal Meléndez, asistió el secretario de Estado, Fernando Bonilla. Además, todos los obispos de las otras cinco diócesis, representantes de iglesias en Miami, Cuba y República Dominicana, sacerdotes, religiosas y diáconos, también llenaron las decenas de sillas que se colocaron en el lugar para la celebración.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando la madre del nuevo obispo, Marcelina Morales, casi al finalizar la ceremonia, llegó en silla de ruedas hasta donde su hijo, a quien abrazó y bendijo. Éste, al igual que los presentes, no pudo contener las lágrimas.

Doña Marcelina, de 97 años y quien padece de Alzehemier, había sido dada de alta el viernes tras permanecer hospitalizada, por lo que su asistencia era casi imposible.

“Gracias a mi madre que a sus 97 años sigue dándome cátedra de fe, amor de vida”, dijo el religioso.

En su mensaje, y luego que se presentó el Mandato Apostólico emitido por el Papa Benedicto XVI -donde se dan las órdenes para la ordenación-, el arzobispo de San Juan recordó que el nombre Eusebio significa, hombre bueno, y que como tal, el nuevo obispo guiará a su rebaño. Mientras, Ramos Morales dijo que su ordenación cumple el “sueño y esfuerzo de un pueblo” y se comprometió a servir con amor de dedicación a toda su feligresía.

El nuevo Obispo, descrito como un hombre de fe inquebrantable, nació en 1952 y fue ordenado sacerdote en 1983 para la diócesis de Caguas, en la que ha trabajado incasablemente. Se declaró un enamorado de la Virgen María.