Performeros paran el tránsito suspendiéndose del puente de Añasco
El antiguo puente de Añasco -que va paralelo a la PR-2- sirvió de escenario para el performance.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
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Añasco.- El dolor escala a niveles que la adrenalina supera.
El arte de la suspensión -actividad que muchos pudieran considerar bizarra debido a que envuelve agujas, tensión de la carne, sangre y dolor extremo- llamó la atención de muchas personas ayer, miércoles, cuando cuatro performeros se colgaron de un carrusel suspendidos en el aire, por anillas de metal que atravesaban sus pieles por la espalda.
El antiguo puente de Añasco -que va paralelo a la PR-2- sirvió de escenario para el performance, que logró detener el tránsito por los curiosos que querían capturar lo que consideraban insólito, con sus cámaras y celulares.
El grupo de West Side Suspension, compuesto por Jay Nuñez y Kelvin “Uno” Mercado, de Aguada, Joel Román de Camuy y Tania “Tete” Plaza, se suspendió por aproximadamente media hora, girando de una cruceta que llaman “swing bar” o “spinning beam” en metal, sostenida de uno de los pilares del antiguo puente que pasa sobre el Río Añasco. La barra era una giratoria (circular) y cada persona tenía movimientos independientes hacia arriba y hacia abajo, rebotando del suelo en una especie de danza.
Camiones pasaban tocando bocina y otros gritaban eufóricos desde sus vehículos palabras como “hardcore” (radical) y “tírate”. Otros simplemente se detuvieron, se bajaron del carro y se quedaron para ver el acto hasta el final.
“Les dio curiosidad y me hicieron parar”, dijo Tania Guzmán de Moca, haciendo referencia a sus tres hijas de 8, 9 y 14 años. “Es curiosidad que les da y para mi es importante que ellas vean estas cosas (conmigo) para llevarles la información correcta sin que se dejen llevar por lo que las otras personas les digan”.
De otra parte, Kedeysha Vélez de Isabela, dijo haberse detenido para observar “lo que a ellos les gusta. Me parece interesante”, agregó mientras su compañero Sebastián Samot reconocía lo impresionante del acto, aunque manifestando que de nada más verlo, le daba dolor. “Yo no lo haría nunca”, dijo.
Saúl Morales, de Añasco, se detuvo para curiosear “porque no lo había visto nunca. Esto es nuevo para mí”, dijo. Asimismo, Vilmarie Rodríguez, de Mayagüez, expresó que “siempre habíamos pasado por aquí para estas fechas de Halloween y nunca habíamos visto algo así”.
“Fenomenal, estupendo, tremendo. No estaría mal hacerlo”, dijo Héctor Morales de Aguadilla.
¿Por qué lo hacen?
Blanca Rosa Rosado, quien también pertenece al grupo West Side Suspension, asegura que “como era bailarina antes, me encanta aplicar la danza durante mis suspensiones”. La joven sostiene que está lista para intentar hacer una suspensión durante un lanzamiento en “bungee jumping” (puentismo), una de las suspensiones más extremas.
Para Tania –conocida entre el grupo como Tete- “la adrenalina es algo que suma a la experiencia y cuando hay público mucho más”. La integrante del grupo originado en el oeste en 2002, ha hecho varias suspensiones y narra que previo a colgarse, se prepara “tomando mucha agua y comiendo súper saludable”. Destacó que, contrario a lo que muchos suelen pensar cuando los ven con modificaciones corporales, “no hay ni alcohol ni drogas en el proceso”.
“Esto es algo mental. Lo veo como algo que hago para sacarme las malas vibras de la vida en algún momento. Son cosas que no las hace todo el mundo”, agregó.
Los dos pioneros de este movimiento en el área oeste –y se pudiera decir que en Puerto Rico- son Jay y Kelvin, naturales del pueblo de Aguada. Precisamente Jay ha sido invitado durante el mes de noviembre para Colombia, en una gira donde estará demostrando su práctica en lugares donde este arte es poco conocido.
“Un grupo de amistades que se dedican a las modificaciones corporales quieren aprender un poco más sobre esto y nos invitaron para hacer unos pequeños eventos privados y seminarios que se van a estar haciendo”. Jay destacó que hay cierta ciencia en la suspensión, pues hay que medir bien el lugar donde se coloca el gancho, porque de ello va a depender el balance, la movilidad y la seguridad de la persona para evitar desgarres y accidentes.
Harto practicante de este arte, Jay asegura haber estado suspendido por varias horas, y en una ocasión durante una demostración sobre un camión en movimiento. En Puerto Rico el grupo del oeste es destacado –según dijo- por ser los únicos que hacen la barra giratoria con cuatro personas, evento que llevan a festivales y actividades especiales.
“Nuestro enfoque es hacerlo en exteriores, rodeados de naturaleza. En un principio fue como algo más bizarro, pero al tiempo aprendí cosas que transformaron el performance en algo más sublime. Hay diversión envuelta y mucha adrenalina que hace que la gente que nos observa, sienta curiosidad y terminan a veces hasta queriendo experimentarlo”, concluyó el artista.

