Piden que no muevan piezas arqueológicas

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 19 años.
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¿Dejar los petroglifos en el lugar donde fueron encontrados? ¿Llevarlos a un museo? ¿Colocar reproducciones en lugar de las piezas originales? ¿Qué hacer?
En momentos en que se debate el futuro de las piezas arqueológicas encontradas en el yacimiento Jacana de Ponce surge la interrogante sobre las medidas que se deben tomar para proteger este tipo de tesoro patrimonial.
Lo “preferible”, asegura un profesor de arqueología en Londres, es dejar las piedras en su sitio original, y una vez se estudien, exhibirlas en ese mismo lugar y al aire libre.
El doctor José R. Oliver, del Instituto de Arqueología del University College de Londres, en una entrevista exclusiva con PRIMERA HORA sostuvo que las estrategias de conservación se basan en la calidad de los datos “locales” acerca del ambiente donde se ubica el yacimiento. Cuando llegue el momento de las decisiones, indicó que -sin duda- habrá de tener un gran peso la cantidad de fondos con que cuente el Gobierno para garantizar la protección del yacimiento.
“Una fórmula universal de conservación, restauración, mantenimiento y monitoreo no existe. Lo que existen son muchísimos métodos y técnicas, las cuales en ciertas combinaciones y frecuencia en su aplicación son eficientes para un sitio dado. Por eso es preferible dejar las piedras en su sitio”, dijo Oliver, quien estudió para el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) el Parque Ceremonial Indígena de Caguana en Utuado.
El experto opinó que mover las piezas de un parque ceremonial como el de Ponce, antes de que sean objeto de investigación, puede destruir la relación de los monolitos grabados con el resto del batey, así como con las áreas de entierro y las viviendas halladas.
Lo que le da importancia a esas piedras, dijo, es la función que cumplían en la comunidad. Además, si se trasladan a un lugar cerrado no se sabe cómo reaccionarán las piezas a un clima diferente.
En esta etapa, Oliver coincidió con otros arqueólogos puertorriquenos en que lo mejor es recubrir de tierra las trincheras donde se hallan la lajas y monolitos; esto hasta que las agencias tomen una determinación sobre futuras investigaciones y si se abre o no en ese lugar un parque arqueológico para el público.
Enterrar el tesoro lo salvaguarda además del vandalismo, del saqueo y de visitas que pudieran echar a perder su integridad.
El yacimiento de Jacana, anticipó Oliver, estará mucho tiempo bajo tierra, particularmente por lo costoso de los estudios en lugares arqueológicos como ése.
¿Qué hacer luego de concluidas las investigaciones?
En el caso de Caguana, la ex directora ejecutiva del ICP Teresa Tió recordó que en 2003 logró traer para su evaluación a dos expertos internacionales en conservación de piedra, Sandra Cruz, de México, y Clifford Price, de Londres.
Ellos limpiaron las piezas y aconsejaron monitorear celosamente el lugar, lo que no ha ocurrido.
Oliver dijo que las piedras de Caguana son metavolcánicas, con una tendencia a astillarse. El hongo, según acotó, no representa un problema, como se creía.
Mencionó que monitorear las piedras regularmente puede prevenir desprendimientos, ya que es posible utilizar en ellas elementos estabilizadores. Éstos, explicó, son soluciones químicas reversibles, es decir, que se pueden extraer sin daño para la roca, de ser necesario.
“Compatriotas, tengan paciencia. Nuestros abuelos legaron a nuestros padres un cuadro, un plato de sopa, un libro, una medalla, un álbum de fotos...Lo que vale de todos esos objetos no es lo material, son las memorias y narrativas, es decir, nuestra historia. Las rocas (de Ponce) son sumamente valiosas, pero lo serán muchísimo menos si a los arqueólogos no se les concede la oportunidad de rescatar para nuestra sociedad su historia de un pasado remoto”, concluyó Oliver desde Londres.

