Profesor Gabriel Paizy da vida a su segundo libro de la serie “En buen Español”
Contiene 50 de sus columnas publicadas en Primera Hora con reflexiones y enseñanzas.

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El profesor Gabriel Paizy, conocido por su trabajo en torno al idioma español y su adecuado uso, está celebrando la publicación de su segundo libro de la serie En buen español, que recoge parte de las más de 300 columnas que ha publicado semanalmente en Primera Hora desde el 2019.
Según explicó el carismático profesor universitario en una conversación con este diario, contrario al primer libro de la serie En buen español, que comenzó con El libro de las curiosidades de nuestro idioma, esta edición contiene reflexiones y enseñanzas de vida, bajo el título En buen español: 50 ideas para vivir mejor.
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Paizy detalló que este es en realidad el tercer libro que publica, aunque en efecto es el segundo de la serie En buen español.
“Tengo un primer libro que se llama Habla y redacta en buen español, que es más bien una guía de referencia sobre el idioma, en arroz y habichuelas, porque mi estilo es así. Ese es el primer libro, el que originó todo”, explicó. “Y el primer libro de la serie pues es una colección, digamos, de los primeros artículos que escribí para Primera Hora, relacionados con temas del idioma, las curiosidades del idioma, etcétera”.
Sin embargo, a medida que avanzaba su trabajo con el diario, “fui evolucionando hacia temas un poquito más filosóficos, no tanto de gramática ni de curiosidades, sino más filosóficos”.
“Y cuando me di cuenta, tenía como 50 textos ya escritos relacionados con experiencias que he vivido, filosofías o reflexiones que he tenido, digamos, sobre aspectos de la vida. Y cuando vi que tenía una colección bastante grande de ese tipo de artículos, pues dije, pues déjame entonces publicar la segunda edición, pero enfocada específicamente en esas reflexiones. El anterior era enfocado más en las curiosidades del idioma, y esto son reflexiones de vida, y hay de todo un poco”, comentó.
Aseguró que, comoquiera, se trata de un libro que sigue estando relacionado con el idioma español, “porque el idioma permea en todo, está presente en todo, en nuestra forma de vivir mejor. Así que no se aleja del tema del español, sino que toma un giro pues diferente”.
Explicó que, con este libro busca inspirar o conseguir que la persona que le lea pueda aprender algo de esas experiencias de vida que ha tenido.
“Yo pienso que esto, más que un libro, y lo menciono creo que en el prólogo o en la parte de atrás del libro, no es un libro para leerse de principio a fin. Es un libro que tú puedes agarrar y abrir cualquier página, y vas a ver un artículo corto, de 600 palabras, que son las extensiones de las columnas en Primera Hora, y puede que aprendas algo ese día, o puede que te inspire, o puede que te haga ver, que te ponga en perspectiva algo, algún aspecto de la vida, que no lo habías visto desde ese punto de vista tal vez, que te abra los ojos a ciertas cosas”, reflexionó.

Comparte dos de sus vivencias
A manera de ejemplo, mencionó dos de esas columnas. La primera, un texto que se llama Cuando todo cae en perspectiva, que escribió “un día que cogí un boquete inmenso, en la marginal de la Avenida Kennedy, y se explotaron las dos gomas, la de al frente y la de atrás del carro. Explotaron y el aro se partió”.
Como podría esperarse, narró, se bajó del carro y “empecé a maldecir la vida y el mundo, y hablar de que uno paga impuesto y pa qué, si uno al final va a encontrarse con un boquete en la carretera”. Pero mientras estaba en ese momento de mal humor, recibió la llamada de un amigo “muy cercano, muy querido”, para comunicarle que había fallecido su papá.
“Entonces ahí caí en tiempo, y digo, ¿pero de qué yo me estoy quejando? ¿De un boquete? ¿De unas gomas? ¿De un aro? Cuando hay cosas tan importantes en la vida, el compartir con el padre, el tener un momento… Y pues eso es lo que hago, compartir experiencias que vivo y que le encuentro una lección, con la esperanza de que quienes lo lean pues puedan aprender también de esa lección”, sostuvo.
El segundo ejemplo es, no una, sino cinco columnas en las que plasma la relación que ha desarrollado con doña María, “una señora que acaba de cumplir 96 años” a quien le dedica el libro.
Relató que la conoció porque hace como un año recibió en su oficina en la Universidad del Sagrado Corazón “un sobre amarillo, bien maltratado”, que no tenía dirección, sino solo su nombre, y que cree que le llegó, tres meses después de la fecha que tenía el matasellos, probablemente porque alguien en la oficina de correos sabe que él trabaja en ese centro universitario. Al abrirlo, encontró una carta escrita con “una letra temblorosa”, en la que María Reyes Serrano le comentaba que había leído una columna suya en Primera Hora “sobre palabras que mi mamá me decía a mí, y que eso le hizo recordar a ella palabras que su papá le decía cuando ella era niña, hace casi cien años”.
“Y empieza a decirme unas cosas muy bonitas en la carta. Y me dice, te quiero invitar a un café y a unos sorullitos, yo vivo en una casa azul que queda detrás del municipio de Arecibo. Esto fue una semana antes de Acción de Gracias. Yo me quedo con eso y digo, Dios mío, yo tengo ganas de conocer a esta señora tan cariñosa y tan buena, quiero tomarme el café con ella y qué sé yo. Y escribo una primera columna en Primera Hora diciendo que el Día de Acción de Gracias me voy a montar en el carro y voy a ir a Arecibo, a ver a si encuentro la casa azul que ella dice”, relató.
Llegó esa fecha, y se fue a Arecibo y, aunque no tenía certeza de que encontraría la casa, lo consiguió. Allí no encontró a María, pero sí a “un señor de pelo blanco”, que resultó ser su hijo y, tras explicarle el motivo de su visita, se la puso al teléfono desde Nueva York.
“Y la señora no podía creer que yo la había ido a visitar. Se echó a llorar por teléfono, bien cariñosa. Y quedamos en que cuando ella regresara de Nueva York en febrero, pues ella me iba a invitar al café y al sorullito. Así que, al salir de allí escribí la segunda columna, contando esta historia”, continuó narrando.
“La tercera es yo yendo en febrero a visitarla y conociéndola, y ella invitándome a los sorullitos y al café, y ella contándome la historia de su papá, y de su relación con su papá cuando él trabajaba en el cañaveral, cuando aquí existía la caña de azúcar, y un montón de anécdotas increíbles contando la historia de Puerto Rico desde la perspectiva de una persona común y corriente. Y escribí un tercer artículo sobre eso”, agregó.
“Y luego escribí dos artículos más, porque hicimos una amistad muy cercana. Ella me escribe casi todas las semanas, diciéndome que yo soy su hijo blanco, porque ella es negra, tiene siete hijos negros, y yo soy su hijo blanco. Y se ha quedado una relación de cariño y de amor. Y en verano la visité allí en Nueva York, y me invitó a comer. Bueno, se ha creado una relación muy hermosa entre ella y yo. Entonces, detrás de esa historia hay muchas lecciones, y mucho que yo he aprendido sobre las personas y sobre lo que es importante en la vida, y ese tipo de cosas”, resaltó.
“Y todo eso está pues ahí contado, en forma de historia, de anécdota. Pero detrás de la anécdota hay aprendizaje. Y me preguntas cuál es el propósito, qué espero que ocurra con las personas, pues que estas historias mías, estas vivencias mías, y las lecciones que yo he aprendido de esas experiencias, puedan ser de utilidad para otros. Ese es el objetivo”, insistió el profesor.
Comoquiera, fiel a su vocación, el profesor insiste en que su trabajo también persigue preservar y valorar el idioma, “porque es lo que nos define como persona en gran medida”.
“El idioma es parte de nuestra cultura, es parte de nuestra idiosincrasia, es parte de lo que somos. Y el reconocerlo y apreciarlo y valorarlo, pues nos ayuda a valorarnos a nosotros mismos. Entonces, sí, tenemos que cuidarlo. Pero también tenemos que apreciar nuestro lenguaje criollo, por llamarlo de una manera, la manera en que nosotros los puertorriqueños, y los cubanos, y cada cual en su país habla ese español general”, afirmó en tono apasionado.
“Hay que sentirnos orgullosos de las casi 28 mil palabras que tenemos que son puertorriqueñas, que están en el tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico. Palabras y expresiones que, si tú las dices en otro lugar, pues tal vez no te entienden, pero que nos caracterizan como pueblo y nos hace únicos, diferentes, especiales. Y para mí es bien importante que sí, que valoremos la corrección, que cuidemos nuestro idioma, pero que no despreciemos nuestra forma de hablar, incluso nuestro acento, que al final es una evolución de nuestra cultura”, insistió, añadiendo que “hay que sentirnos también orgullosos de que esto es un idioma que hablan 600 millones de personas en el mundo”.
“Y yo siempre digo que, si lo usamos correctamente, si hablamos con corrección, eso nos va a hacer lucir bien. Yo tengo una frase, en los videos que hago en las redes sociales, siempre termino con esa frase, ‘hablar con corrección, te hará lucir bien. Por eso, siempre habla y escribe en buen español’. Pues hay que hablar y escribir en buen español. Dominar tu idioma, tu vocabulario, tu gramática, tus pensamientos a través del lenguaje, te hará lucir bien. Si quieres enamorar, te va a hacer lucir bien. Si quieres conseguir un trabajo, te va a hacer lucir bien. Todo en la vida está atado a la manera en que nos comunicamos”, subrayó.
Indicó que las personas interesadas pueden adquirir su nuevo libro en la librería Casa Norberto, en Plaza Las Américas, en la librería Laberinto, en el Viejo San Juan, o a través de Amazon.
El profesor recordó al público que también publica videos sobre el tema del idioma en las redes sociales, en Instagram bajo gpaizy, y en Facebook bajo En buen español.


