Prostitutas que usan drogas: Un reto para la prevención

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 18 años.
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Las trabajadoras sexuales y el vínculo con el uso de drogas intravenosas representan un reto para la prevención del VIH, coincidieron hoy profesores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Puerto Rico.
Aunque en la actualidad no hay datos sobre cuántos casos de VIH Sida en Puerto Rico pueden relacionarse directamente al contacto con trabajadoras del sexo, es una realidad que algunas usuarias de drogas se prostituyen para comprar los narcóticos.
"Es un problema relativamente serio depende de cómo se vea... El trabajo sexual es una de las herramientas para obtener dinero para conseguir la droga", expresó la doctora María del Carmen Santos Ortiz, profesora del Programa Graduado de Educación en Salud.
Indicó que un problema para algunas de estas mujeres es que los efectos de la droga "les impide negociar el uso del condón o de cómo se va a llevar la relación sexual".
"Es un reto porque es una población que, a veces, no reciben una atención adecuada por la falta de acceso. Muchas veces se les discrimina cuando van a buscar los servicios médicos, muchas no tienen plan, son estigmatizadas y por eso no buscan el servicio... también los horarios, porque si trabajan por la madrugada no van a ir a las 8:00 de la mañana a ver un médico... ése es el reto", añadió Santos Ortiz.
En términos similares se expresó el profesor Carlos Rodríguez Díaz, quien trabaja en programas de prevención de la enfermedad.
"Desde la perspectiva de prevención, el gran reto es identificar claramente cuáles son los factores de riesgo para el aumento en los casos de VIH Sida entre hombres heterosexuales y, a su vez, contar con los recursos económicos para promover prácticas sexuales seguras y reducir riesgo entre las poblaciones involucradas", dijo.
Rodríguez Díaz aclaró que el factor de riesgo primario en las usuarias de drogas que se prostituyen no es simplemente el contacto sexual, sino el uso de drogas.
"Es posible que los nuevos casos que se asocian a trabajadoras del sexo y hombres heterosexuales mayores de 60 años estén altamente relacionados con el factor de riesgo de uso de drogas intravenosas debido a que tanto hombres como mujeres pueden practicar el intercambio de sexo por dinero como medio de adquirir los recursos para mantener su adicción", indicó.
Dagmar Santos, manejadora de casos del programa Kamaria de Iniciativa Comunitaria, aseguró que atiende 12 usuarias de drogas que se prostituyen y denunció que el Departamento de Salud les quitó los fondos porque entiende que esa población no está en riesgo.
"Aquí se le reparten condones, pero no siempre los usan porque, a veces, se les acaban o los clientes no quieren usarlos... Son chicas que están bien activas y algunas tienen cuatro o cinco clientes en un día y no se protegen con todos y están pasando las enfermedades de un cliente a otro", aseguró la líder comunitaria.
Santos Ortiz, quien realizó un estudio con 60 trabajadoras del sexo hace 10 años, sostuvo que, en la mayoría de los casos, este grupo de féminas se contagian con su pareja sentimental porque con ella no usan condones.
Aseguró, asimismo, que "hay muchas trabajadoras del sexo que, si no tienen condones, no tienen relaciones sexuales".
Un 87% de las entrevistadas señaló que siempre usaba condones. Sin embargo, en relaciones sexuales con envejecientes ese porcentaje bajó a un 76%.
"Muchas dijeron que con los viejos no estaban tan a riesgo que con sus clientes más jóvenes. Ése es un riesgo doble porque ellas no los usan y ellos tampoco porque existía la creencia de que no tenían prácticas sexuales. Esa es una falsa percepción de su cliente en términos de riesgo y el riesgo podría ser para ellas también", manifestó.
Entre 2003 y septiembre de 2007, el Sistema de Vigilancia de VIH registró 556 casos de hombres mayores de 50 años, 195 de los cuales fueron por contacto heterosexual, lo que representa el 35%.
De los 7,213 casos de VIH desde 2003 hasta septiembre de 2007, 36.2% son por el uso de drogas, 30% por relaciones heterosexuales, y un 12.1% por contacto homosexual. Y de esos 7,213, unos 238 ocurrieron entre la población de 60 años o más.
Desde que se implantó el registro de la enfermedad en 1990 hasta septiembre de 2007, se han reportaron 32,152 casos en Puerto Rico. La ciudad de mayor incidencia es San Juan, con 7,572. Le siguen Bayamón y Ponce, con 5,451 y 5,333, respectivamente.

