Naguabo. Desde un rincón de la pescadería Kadmiel, la organización Conservación ConCiencia, los pescadores y la comunidad dan cátedra sobre la conservación de uno de los mariscos más codiciados entre los caribeños, el carrucho.

Es que lo que empezó como un proyecto de acuicultura comunitaria, con el que se buscaba rescatar a este molusco marino incluido en la lista de especies amenazadas bajo la Ley Federal de Especies en Peligro de Extinción (ESA), se ha traducido en un manual con el que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en inglés) busca replicar el esfuerzo de recuperación en otros países.

El biólogo Raimundo Espinoza Chirinos dirige  la organización Conservación ConCiencia, a cargo del proyecto.
El biólogo Raimundo Espinoza Chirinos dirige la organización Conservación ConCiencia, a cargo del proyecto. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

De hecho, el manual práctico, llamado “Acuicultura del caracol rosado: Fases de crianza y vivero”, es la guía que se sigue en los dos cuartos que utiliza la organización sin fines de lucro en la pescadería naguabeña para impulsar la conservación del carrucho. Allí trabajan familiares de los propios pescadores y personas de la comunidad.

Más allá de los equipos especializados que allí hay, que incluye un sistema para sacar agua salada del mar, tanques y múltiples tuberías en la que se realiza un proceso de filtración y purificación de esa agua, los protagonistas de este esfuerzo comunitario son sobre 100 pequeños individuos con conchas de color marrón, que comen algas dos veces al día.

Aunque el proyecto comenzó a dar sus primeros pasos en el 2018, no fue hasta 2022 que se comenzaron a criar los primeros carruchos. Estos deben estar listos para ingresar al mar en los próximos meses, cuando pase la temporada del invierno, para que los pulpos no sean una amenaza a su sobrevivencia. Lo que se prevé es que sean liberados en la Reserva Natural Canal Luis Peña, en Culebra, donde no podrán ser pescados por las restricciones que allí hay, reveló el biólogo Raimundo Espinoza Chirinos, fundador y director de Conservación ConCiencia.

En Naguabo, lo que la organización ha levantado “es como un acuario”. Pero, sólo se encuentra el carrucho, en todas sus etapas.

Este proyecto se logró por la colaboración de la profesora Megan Davis, del Instituto Oceanográfico Harbor Branch, de la Universidad Atlántica de Florida, así como una subvención de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, sigla en inglés) y del Departamento de Agricultura federal.

Paso a paso

La primera etapa de este proyecto de acuicultura comunitaria es el desarrollo de los huevos que produce el carrucho. La entidad depende de los 29 pescadores comerciales que hay en la Asociación de Pescadores de Naguabo para recolectar las “secciones de masa de huevos” durante la temporada reproductiva, que es de abril a octubre.

“Ellos observan dónde está el carrucho poniendo huevas, recolectan parte de esas huevas para traerlas al centro (en una bolsa Ziploc con agua de mar). Cuando ya llegan al centro con esas huevas, nosotros las recibimos, el equipo las pone a incubar, durante los próximos tres a cuatro días las huevas eclosionan y salen las larvas del carrucho. De ahí, las tenemos entre 21 a 28 días en lo que van en su proceso de larval hasta que pasan su proceso de metamorfosis y se convierten de larvas a carruchitos”, explicó.

En las “secciones de masas de huevos” que le llevan los pescadores pueden haber sobre 500 huevas. Mientras, en la masa completa que crea un carrucho debajo del labio de la hembra puede tener entre 500,000 a 750,000 huevas. Pero, cuando están en el mar, se estima que uno solo de estos llegue a su etapa adulta, comentó el experto.

Según explicó, el carrucho sale de “la hueva” con su caparazón o concha. Con esta crece, hasta que toma su característico color rosado.

“Toda la vida lo lleva consigo y va creciendo. Es decir, como los huesos de uno, uno nace con huesos y nuestros huesos van creciendo con nosotros a través de nuestra vida”, explicó.

Como el proyecto ya tiene sus peceras ocupadas con los sobre 100 carruchos que se alistan para llegar al mar, las larvas que se producen durante esta época reproductiva son regresadas a su hábitat natural con la esperanza de que logren desarrollarse.

“Aquí no tenemos espacio para todas las larvas que criamos, porque se producen muchísimas larvas, pues, todas esas larvas también las soltamos de vuelta. De larvas, hemos soltado miles, de miles, de miles de larvas”, comentó.

Todos estos pasos están registrados en el manual que se creó con este proyecto comunitario.

Como el proyecto ya tiene sus peceras ocupadas con los sobre 100 carruchos que se alistan para llegar al mar, las larvas que se producen durante esta época reproductiva son regresadas a su hábitat natural con la esperanza de que logren desarrollarse.
Como el proyecto ya tiene sus peceras ocupadas con los sobre 100 carruchos que se alistan para llegar al mar, las larvas que se producen durante esta época reproductiva son regresadas a su hábitat natural con la esperanza de que logren desarrollarse. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

¿Vetada la pesca?

Los carruchos que ya se alistan para regresar al mar tienen unos dos años y medios en este centro. Cuando sean liberados, estarán próximos a entrar a su etapa de que pueden ser pescados, que se estima es desde los tres a cuatro años.

La restricción que ha estipulado el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), para proteger esta especie amenazada, es que la pesca de carrucho sólo podrá hacerse cuando su concha mida unas nueve pulgadas de punta a punta y el grosor del labio sea de tres octavos.

La agencia, además, veda su pesca entre el 1 de agosto al 31 de octubre. También establece, en su Reglamento de Pesca, que un pescador comercial podrá capturar 150 por día por cada pescador o 300 carruchos por embarcación por día, lo que sea menor.

Pero, el grupo lo que busca es evitar la pesca de estos carruchos criados bajo este proyecto comunitario. Por ello, el biólogo comentó que se cree que su liberación podría ocurrir en la reserva de Culebra.

Espinoza Chirinos explicó que estos carruchos serían ingresados a su hábitat poco a poco. Primero los introducirían encerrados en una cubierta especial para evitar que se enfrenten a depredadores, pero puedan comenzar a buscar su propia comida. Luego, serían liberados totalmente.

En la foto Carlos Velázquez, administrador De la Villa Pesquera.
En la foto Carlos Velázquez, administrador De la Villa Pesquera. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

La Universidad de Naguabo

“Este esfuerzo ha crecido mucho y cambiado mucho la intención también. La intención inicial era 100% de restaurar el carrucho, pero el centro se ha convertido en un centro también que atrae turismo. Es parte del Programa de Agroturismo de la Compañía de Turismo de Puerto Rico. Es un sitio que la comunidad ha aceptado como un sitio que la gente viene a aprender sobre ciencia, sobre pesca. Es un sitio que atrae a la colaboración con los pescadores. Cariñosamente, los pescadores se refieren al centro como la Universidad de Naguabo, porque aquí proveen muchas oportunidades educativas para jóvenes de colegio, de ‘high school’ y de universidad. Entonces, lo que nosotros pretendemos es seguir trabajando con la acuicultura como una herramienta de conservación, de educación, para promover mayores colaboraciones para mejorar el manejo pesquero de Puerto Rico”, detalló el biólogo.

Los pescadores, entretanto, están involucrados en este proyecto, ya que el carrucho es uno de los manjares más vendidos en los cerca de 50 restaurantes en los alrededores del Malecón de Naguabo, explicó el presidente de la Asociación, Carlos Velásquez.

Sostuvo que, luego del devastador paso del huracán María en el 2017, notaron cómo el carrucho fue devastado. Comentó que sólo los buzos podrían encontrarlos en zonas más hondas del mar.

“Pero, para no someterle tanta presión, por eso es que implementamos todo esto del vivero del carrucho, para poder hacer algo más sostenible, más viable, para entonces salvaguardar un recurso pesquero y darle la oportunidad”, explicó el pescador.

Dijo que el proyecto ha sido positivo para la comunidad, ya que los ha unido en la misión de salvar al carrucho.

Velásquez reconoció que lo que pescan en la actualidad de carrucho en la zona no da para la demanda. Aceptó que mucho carrucho tiene que ser importado.

Según datos estadísticos de Conservación ConCiencia, el 70% del carrucho que se pesca en Estados Unidos proviene de Puerto Rico. Mientras, el DRNA estima que la pesca de esta especie constituye del 10% al 12% de las capturas hechas por pescadores comerciales en la Isla.

No hay datos disponibles sobre cuánto carrucho se importa a Puerto Rico, principalmente de República Dominicana y Panamá.