Las respuestas a estas interrogantes son inconclusas y disconformes con la data que proporciona el Gobierno sobre los casos y el escenario que ha constatado Primera Hora como parte de una investigación donde las piezas del rompecabezas no encajan en estos hechos particulares.

En los pasados dos años, en Puerto Rico se han desaparecido 1,866 personas (920 casos en 2016 y 946 en 2017), para un promedio de 18 personas semanalmente.

Estas cifras, según el sargento José Carlos Rosario, encargado de las investigaciones de Personas Desaparecidas a nivel de Superintendencia, representan el cuadro general de este tipo de pesquisas en la Isla, donde se alega que la mayoría de los casos se esclarecen.

En cambio, en el 2017 -justo el año en que a causa del azote del huracán se suscitó una de las emergencias más grandes en la historia de Puerto Rico- las pesquisas de estos casos parecieron caer en el limbo, pues se duplicaron las cifras de casos sin esclarecer de personas desaparecidas, elevándose a 261 el número de individuos de los que no se tiene rastro alguno. En 2016, esa cifra fue de 112.

Pero lo que causa suspicacia es que de las 261 personas que aún no han sido localizadas (70 de éstas entre los meses de septiembre a diciembre), sólo cinco están vinculadas al huracán María, según dijo Rosario a Primera Hora. 

De hecho, Rosario -quien en entrevistas realizadas con este diario llegó a indicar que la cifra de desaparecidos un mes luego de ocurrir el fenómeno atmosférico superó los 200 casos- ahora asegura que esa estadística está errónea y que sólo hubo 77 incidentes de este tipo y corresponden a personas reportadas única y exclusivamente entre el 20 y el 27 de septiembre. 

“Después de ahí paramos de contar, porque entendíamos que ya no había peligro por accidentes ocasionados por el huracán… en ese momento dado la Policía había tomado la decisión de no incluir los casos que surgían después del 27 de septiembre porque ya habían pasado los riesgos de derrumbe de casas, los vientos y otras cosas que propiciaran algún tipo de situación que las personas estuvieran expuestas a morir por accidentes relacionados al fenómeno”, expresó.

De facto, Rosario descartó que se tenga que incluir en la lista de desapariciones vinculados directa o indirectamente al huracán aquellos casos de personas que hayan sido vistos por última vez, precisamente, mientras sufrían alguna descompensación en su salud emocional debido al tétrico escenario que todavía, a cinco meses del embate, se vive en muchos sectores a causa del trastoque que supone la destrucción ambiental y estructural que provocó el ciclón y a la falta de servicios básicos que aún se carece.

“Todo a nivel isla se descompensó. Así que depende del punto de vista que usted lo vea para relacionarlo. ¿Ahora porque alguien esté sin luz y pasando necesidades económicas desaparece? Porque si se mira desde ese punto de vista, pues, se adjudican todos a María”, fue su reacción.

Pero lo cierto es que de las cinco desapariciones en consideración de las autoridades como casos vinculados al huracán, al menos tres (Nelson Martínez Rivera, Miriam Cabán Bermúdez, y Ángel Morales Rodríguez) tienen como protagonistas a personas con condiciones mentales que vieron exacerbadas sus emociones a consecuencia del panorama que dejó el ciclón en su entorno.

El caso de Nelson

De todos, el que más atención ha ocupado públicamente es el caso de Nelson, un joven con condición de autismo severo que desapareció el 25 de septiembre cuando, aparentemente, salió de su residencia en Villa Carolina a ejercitarse, como era su costumbre.

Su tío, Milton Martínez, se ha visto en la obligación de capitanear su propia pesquisa del caso pues, denuncia, que la Policía ha sido inactiva en sus funciones.

“He tenido que hacerlo porque la Policía no está haciendo nada... la última vez que tuve comunicación con ellos fue en diciembre”, denunció frustrado a este diario al agregar que los mensajes enviados a la Policía sobre presuntos avistamientos del joven en diversos pueblos de la Isla no fueron respondidos.

Dijo, además, que ha invertido en el proceso sobre $5,000 en carteles, flyers y otras incansables gestiones que incluyen constantes visitas a hospitales, refugios, cárceles, funerarias y al Instituto de Ciencias Forenses. Recientemente, se unió a la pesquisa de la familia y de forma gratuita el investigador privado Fernando Fernández, quien de inmediato creó un task force y un centro de mando para atender las confidencias que puedan llevar al paradero de Nelson.

“Tenemos entre 20 y 25 voluntarios trabajando en el equipo”, dijo al añadir que un filántropo que prefiere permanecer bajo anonimato está ofreciendo $10,000 de recompensa al que pueda colaborar con la recuperación de Nelson.

 “En esta etapa estamos utilizando unos bocetos realizados por el artista forense Sheldon Borenstein, donde se muestra a Nelson como se presume pueda lucir tras vagar más de 150 días en la calle cuando probablemente ha rebajado, cogido sol y le ha crecido su barba”, expresó Fernández.

Ambos hicieron hincapié en que cualquier persona con información sobre Nelson -quien mide 5’1” y tiene como característica llamativa un cicatriz en la ceja izquierda y un diente partido- puede comunicarse al 787-603-4504.

“Es importante que traten de quedarse con él, mientras llega la ayuda. No lo dejen solo. Él no es agresivo y algo que llama la atención es que suele hablar en tercera persona y hace gestos con sus manos, característico de su condición de autismo”, dijo el tío. 

Mientras la agente Carmen De Jesús, asignada al caso, aceptó que hubo tropiezos en la investigación sobre todo por las circunstancias que se vivían al inicio de la pesquisa con una isla devastada entre escombros, sin servicios de electricidad y con las telecomunicaciones colapsadas. Ese escenario, triplicó el trabajo para los agentes de la policía. 

“No teníamos comunicación, ni siquiera con los demás cuarteles, no había luz, no se podía pedir subpoena para verificar las cámaras... y, para colmo, todos estábamos trabajando en las luces dando tránsito”, dijo la oficial al indicar que era cuando salía de las intersecciones que se dedicaba a “investigar” el caso de Nelson y los demás que le asignaban en la sección de agresiones y personas muertas del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Carolina. 

Rechazó, en cambio, inacción con el caso de Nelson, aunque aceptó que no ha tenido comunicación con el tío del joven desde diciembre.