En las conferencias de prensa en las que anuncia los casos criminales que acaparan los titulares del país, la imagen que proyecta es seria, implacable, con ese rictus que endurece su semblante y que se ha convertido, en sí mismo, en un rasgo inconfundible. Sin embargo, en la intimidad de su oficina, es otra: su sonrisa es alegre, suave, diáfana.

Su entrega es incuestionable, y su trabajo lo evidencia. Ésa es la Rosa Emilia Rodríguez-Velez que, día a día, ejerce su trabajo para enderezar al país.

“Me catalogan como federal y dicen que estoy en el proceso de federalizar el crimen. Pero yo no lo veo así. Éste es mi país y estoy haciendo algo por mi gente”, señala Rodríguez-Vélez, que no pierde la oportunidad de expresar su orgullo por ser puertorriqueña.

Luego que se forjara un nuevo acuerdo entre el Gobierno federal y estatal, que ampliará el radio de acción del Tribunal Federal en el procesamiento de crímenes violentos, la silla que ahora ocupa ha alcanzado un nivel de mayor influencia y la convierte, quizás, en la funcionaria de ley y orden más poderosa del país.

Ante las nuevas responsabilidades de la oficina, la funcionaria ha recibido instrucciones dirigidas a salvaguardar su seguridad personal. Aparte de algunas fotos familiares, la fiscal federal es extremadamente celosa con la intimidad de su vida privada.

Su vida profesional, sin embargo, es otra cosa. La labor de Rodríguez-Velez ha sido reconocida ampliamente y, tan reciente como el pasado 5 de octubre, se anunció su renombramiento por cuatro años adicionales. Ese día, se le vio llorar de emoción, y recibió el apoyo de jueces, familiares y compañeros de trabajo.

Su carácter disciplinado y perseverante le ha ganado la admiración de funcionarios y civiles, y el temor de sus adversarios: los sicarios, los depredadores sexuales y los criminales de cuello blanco.

En su oficina, los lazos con la ley y orden quedan plasmados con la gran cantidad de gorras de diversas agencias policiales que adornan un estante. Pero, tal vez, lo más revelador es una caricatura en la que personifica la histórica figura de Eliot Ness, el intrépido agente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que, sin dejarse intimidar por su peligrosa influencia, enfrentó al legendario Al Capone realizando allanamientos contra destilerías y cervecerías vinculadas al mafioso.

En cierta manera, la caricatura refleja su carácter y temple. La imagen de la fiscal y la del líder de Los Intocables se entrelazan palpablemente, y así mismo lo vio el ex director de la oficina del Negociado Federal de Investigaciones (FBI) en Puerto Rico, Luis Fraticelli, quien le obsequió el dibujo.

Vive y respira su trabajo

No es raro que, en medio de la noche, se despierte pensando en las tareas que deberá realizar durante la mañana siguiente. En esos momentos, las escribe en notas adhesivas, algunas de las cuales usará para asignar tareas a los supervisores de la oficina. ¿Son las 3 de la mañana? No importa. El trabajo no espera.

“Se me ha dado la oportunidad de ayudar, que es lo que siempre quise hacer cuando comencé a pensar en una carrera”, rememora la fiscal. “Inicialmente pensé en estudiar medicina, como mi hermano (quien es pediatra). Pensé que era una forma bien directa para ayudar a otras personas. Quise ser psicóloga o psiquiatra, pero nada de eso se desarrolló. Cuando decidí estudiar leyes, lo primero que pensé es que quería ser fiscal. Entendí que este trabajo me permitía ayudar a la sociedad al combatir el crimen. Se me ha dado esa oportunidad, dirigiendo una oficina maravillosa donde hay empleados extraordinarios que se dedican hacer más con menos todos los días”, asegura con orgullo evidente.

La labor de la Fiscalía Federal no se reduce a un número de arrestos, ni a un porcentaje de convicciones. Para la funcionaria, restablecer el orden en las comunidades que se encuentran bajo el asedio del narcotráfico es una cruzada.

¿Cuál es el papel que, a su parecer, debe jugar el Gobierno federal en Puerto Rico?

Puerto Rico no es diferente a otras jurisdicciones en ese aspecto. Pero sí es diferente por la cantidad de asesinatos y su problema de narcotráfico. ¿Por qué no? ¿Por qué el Gobierno federal no debe ayudar a la comunidad? Mientras más entidades estén trabajando, mejor será para todos.

¿Cómo ha sido el impacto de su carrera en su vida personal?

Es innegable. A veces uno pasa mucho tiempo en la oficina y los compañeros de trabajo se convierten en personas que uno ve hasta más que a su familia. Uno desarrolla unas relaciones muy duraderas... Ad-miro a cada uno de mis empleados, porque son dedicados y trabajadores. Eso vale mucho. Todos quieren trabajar para Puerto Rico. Trabajan el sábado y el domingo, hasta las 2 o 3 de la mañana. Eso es un ejemplo de su dedicación.

Una vida de servicio

Rodríguez-Vélez se graduó de Leyes de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, en 1977, y trabajó como fiscal estatal desde el 1979 hasta 1988, cuando fue nombrada como fiscal federal. Fue asignada como jefa de la Fiscalía Federal en junio de 2006, dirigiendo una gran ofensiva contra el narcotráfico y los crímenes de cuello blanco.

Sigue los postulados de su cargo al pie de la letra. Por ejemplo, al ser preguntada sobre la pena de muerte, la fiscal asegura que su opinión sobre este tema “no es relevante” debido al juramento que tomó para “ respetar y poner en vigor las leyes de Estados Unidos”.

¿Siente compasión para las personas que acusa?

Sí. Somos seres humanos, pero tengo que hacer cumplir con la ley... Tenemos que trabajar juntos para salir de este marasmo y detener esta ola criminal. Los narcotraficantes nos han traído la violencia que estamos viviendo. Con esta nueva iniciativa me gustaría bajar el crimen, me gustaría que la ciudadanía se sienta más segura.