En la panza del oso.

Miles de documentos de confinados, depositados en cajas de cartón en dos grandes salones del Oso Blanco, la antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras, se deterioran ante la mugre y las filtraciones.

Durante una visita sorpresa ayer de la Comisión senatorial de Asuntos Federales y del Consumidor se encontraron los depósitos abandonados en el antiguo sector de sumariados del Oso Blanco, como se llegó a conocer el complejo correccional por el cemento venezolano del mismo nombre utilizado para su construcción a finales de los años veinte y principios de los treinta.

El Gobierno pretende convertir el complejo en un centro de ciencias que incluiría un sector comercial, residencial y cultural, aunque la visita de ayer levantó serias interrogantes sobre la preservación histórica de la estructura.

Un proyecto de ley insta al Gobierno a proteger el valor histórico y arquitectónico del complejo, que aún hoy día conserva algunos de sus mosaicos, estatuas, así como otros elementos arquitectónicos que combinan estilos Art Deco de los años veinte con el neomudéjar, inspirado por las estructuras árabes en España.

Pero, los expedientes de los reclusos -esenciales para documentar periodos críticos de la estructura- se encuentran en avanzado estado de deterioro por la manera en que han sido almacenados en cuartos sucios, oscuros y desolados.

“El material debería estar en manos de investigadores para su conservación”, reconoció el director ejecutivo del Fideicomiso de Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico, Luis E. Rodríguez Rivera, quien sostuvo que los documentos aún están en manos de las autoridades carcelarias.

Asistidos por las luces de cámaras de vídeo de los fotoperiodistas, el presidente de la comisión, Orlando Parga, y la senadora independentista María de Lourdes Santiago verificaron expedientes amarillentos, algunos desperdigados sobre el suelo de la estructura histórica.

“Sería un verdadero delito no realizar una revisión de los documentos”, indicó Santiago.

Según reconoció el director del proyecto de cámaras de seguridad de Corrección, Francis Santiago Martínez, el valor histórico de algunos documentos es incalculable. El profesor de Ciencias Forenses de la Universidad del Turabo se ha dado a la tarea de preservar algunos dossiers importantes, como el del nacionalista Miguel Ángel Ruiz Alicea.

Un pedazo de historia

Según se desprende de una página de Internet, Ruiz Alicea fue encarcelado por violar una orden de servicio obligatorio durante la Segunda Guerra Mundial. Pertenecía, además, a los “cadetes de la República” del líder nacionalista Pedro Albizu Campos.

El rostro del nacionalista, preservado en una fotografía sepia, parecía desafiar el tiempo entre otras páginas escritas a maquinilla o en una envidiable caligrafía.

Otras boletas de confinados se hallaron a través de diferentes compartimientos de metal en otros cuartos de la institución. Las tarjetas, que detallaban traslados o la celda del confinado en el complejo, contenían el número de seguro social del confinado, entre otra información confidencial.

Equipos de confinados trabajan ahora en la remoción de pedazos de cablería y plomería de la estructura. Gran parte de los escombros se depositan en el patio interior del complejo.

Aunque el Gobierno cuenta con un diseño conceptual de la Ciudad de las Ciencias, como se ha denominado el proyecto, las obras requieren la autorización del Registro Nacional Histórico de Estados Unidos. El proyecto, cuya construcción podría durar cerca de 20 años, se extiende por 7,000,000 pies cuadrados.

El costo de la obra asciende a $1,700 millones, aunque se espera que gran parte de las obras las financien empresas privadas que planificarían desarrollar laboratorios y centros de estudio en el complejo.

El complejo se inauguró en 1933 durante el mandato del gobernador colonial James R. Beverley. Particularmente a principios de la década del 70, se convirtió en escenario de múltiples matanzas entre confinados, aunque los asesinatos descendieron dramáticamente al surgir la pandilla de los Ñeta del confinado Carlos Torres Iriarte, alias “La Sombra”.

“Aquí se establecía el territorio. Comenzaban las luchas y los muertos aparecían”, sostuvo Santiago Martínez.