Destrozado.

Sólo escombros quedaron del fuselaje del bimotor en el que viajaban un piloto y un matrimonio tras estrellarse contra una montaña al noreste de El Yunque.

Hasta ayer en la noche, los rescatistas no habían localizado ninguno de los tres cuerpos de las tres personas que viajaban en el avión, con la excepción de restos de extremidades que un oficial del Servicio Forestal observó entre los pedazos del avión que quedó reducido a chatarra.

Tampoco se había determinado si había sobrevivientes.

Se trata de un Rockwell International modelo 690B de la compañía Webstas Aviation Service, Inc., con sede en Santa Cruz,

Ésta es la quinta tragedia aérea que ocurre en El Yunque desde los años 80, según rememoraron ayer rescatistas y residentes en el área del accidente.

“El avión chocó contra la piedra cerca del pico de la montaña. Ahí encontré una extremidad, vi la mano de una persona, hay un maletín que se quemó. Por la orilla de la montaña están los pedazos, gomas y piezas”, expresó Aymat Verdejo, un oficial del Servicio Forestal, quien salió del área boscosa a las 5:34 p.m. cubierto de fango.

El oficial fue el primero en ser notificado del accidente por los comerciantes del lugar y quien tuvo acceso a la escena tras una caminata de hora y media a partir de la carretera PR-191, desde el kilómetro 7.4 de El Yunque, detrás del negocio La Muralla.

El avión, que tenía el número de serie N318WA, era pilotado por Ken Webster, y viajaban con él dos personas que, de acuerdo con la bitácora de vuelo, se identificaron sólo como “el señor y la señora Turner”.

El vuelo partió de la isla de Tortola ayer a las 11:36 a.m. y se suponía que a las 12:20 del mediodía llegaran al aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín, en Isla Verde, para tomar un avión de la compañía Continental Airlines con destino a Huston, según los informes preliminares ofrecidos por la Policía.

Los testigos

A las 11:30 a.m., Elizabeth Montes, dueña del negocio El Bosque Encantado, dijo que estaba lavando su auto cuando escuchó al avión volando bajo, pero como no escuchó ninguna explosión, no se percató del accidente.

“Sentí la avioneta volando bien bajito, pero no escuché ningún estallido. Sentí que se fue. No fue hasta cuando veo que todas las unidades y patrullas subían que me di cuenta”, sostuvo Montes, quien el 5 de enero del 2002 escuchó un avión, en el que viajaba una familia, estrellarse cerca del accidente de ayer.

José Saldaña, dueño del negocio La Muralla, estimó que cerca del mediodía unos turistas que salían de la cascada La Coca y se disponían a abordar su auto le avisaron que habían escuchado cerca una explosión.

“Escuché la nave cuando pasó, pero fueron los turistas los que me avisaron del impacto. Escucharon el ruido del avión cuando ellos estaban para abordar su vehículo en el estacionamiento. No se vio nada porque había mucha neblina”, dijo Saldaña, quien le notificó a Verdejo lo sucedido.

A las 12:37 del mediodía se recibió una llamada a través de la línea de emergencias 911 desde el aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín notificando que había desaparecido de radar un avión bimotor por el lado norte de El Yunque. De inmediato se activó el plan de emergencia para estos casos.

A la escena se movilizó la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (Aemead) y las agencias municipales de Río Grande, Carolina y Luquillo. También personal del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), el Cuerpo de Bomberos, Emergencias Médicas y la Unidad de Rescate de la Policía, así como voluntarios.

La Unidad Aérea de las Fuerzas Unidas de Rápida Acción (FURA), con mucha dificultad debido a las inclemencias del tiempo, logró sobrevolar el área y ofrecerles a los rescatistas las coordenadas del lugar de la tragedia: 18 grados norte y 65 grados oeste, las que trazaron en dos rutas.

Nino Correa, coordinador de Búsqueda y Rescate de la Aemead, explicó que el primer grupo de 12 personas, que tomó una ruta muy escarpada, salió a eso de la 1:30 de la tarde, pero tres de sus integrantes, un policía y dos bomberos regresaron sin completarla.

Pasadas las 3:00 de la tarde, seis rescatistas tomaron una ruta alterna, cerca de la carretera 9966 y el Nuevo Aviario, ubicada a más tres millas lineales de la PR-191. A este grupo se le unieron otros seis integrantes que pernoctarían en el lugar, ya que les sorprendió la noche en el sector donde ni siquiera hay veredas.

Terreno peligroso

“No está fácil, no son caminos accesibles. Hay mucho risco y mucho peligro”, agregó Correa.

Verdejo, por su parte, indicó que la escena está en un lugar muy peligroso.

“Las partes del avión están distribuidas todas por el área. Grandes, pequeñas, todas esparcidas, porque chocaron contra una roca. Es muy difícil, mucho precipicio, lodo. Hasta tuve que escalar porque no hay veredas”, añadió Verdejo.

José Escobar, director de la Agencia para el Manejo de Emergencias del Municipio de Río Grande, agregó que les fue imposible llegar al área del accidente porque es inaccesible.

“Hay acantilados bastante peligrosos, bastante hondos, exceden los 40 pies”, estimó Escobar.

Correa dijo que los rescatistas continuarían intentando marcar la ruta más viable y que no cesarán la búsqueda porque, al menos hasta anoche, no se había determinado si hay sobrevivientes. “No sabemos si puede haber personas con vida. No vamos a detener la búsqueda hasta que podamos determinar si hay personas con vida”, subrayó Correa.