El trabajo solidario de cientos de voluntarios ha propiciado la rápida recuperación del Bosque del Pueblo, a un año del fuego que destruyó el 15 por ciento de la vegetación de esa valiosa región entre Adjuntas y Jayuya.

El progreso, lento pero palpable, ha requerido planificación, acción rápida, invención, monitoreo constante y, sobre todo, muchas manos para mitigar los daños del incendio, que según la pesquisa de las autoridades fue producto de mano criminal.

“A un año del fuego, la huella de la restauración del bosque ya se deja ver con unas coberteras que previenen la erosión, con un éxito de siembra de cerca del 98 por ciento de lo que se plantó y también pegaron muy bien las bambúas estructurales”, destacó el profesor Arturo Massol Deyá, presidente de la Junta de Directores de Casa Pueblo.

Esa organización comunitaria, con sede en el casco urbano de Adjuntas, ha contado con el apoyo de grupos e individuos de diversos sectores de la sociedad para la siembra y el mantenimiento de la nueva vegetación para rehabilitar la vasta zona afectada por las llamas.

El fuego comenzó el 27 de marzo de 2014 y tardó un día en ser extinguido. Un mes después, el 26 de abril, ocurrió el primer gran esfuerzo en el proceso de reforestación, coordinado por Casa Pueblo, que está a cargo del manejo del bosque.

La actividad “Bosque del Pueblo reverdece: Brigada Nacional de Restauración” convocó a cientos de personas –entre ellas agricultores, científicos, niños escuchas y estudiantes- para sembrar 1,000 árboles de capá, guaraguao, roble nativo, granadillo y otras especies endémicas, cítricas y frutales.

De lo sembrado en abril, 100 árboles murieron, según señaló en agosto pasado Alexis Massol, fundador de Casa Pueblo. Sin embargo, una brigada de niños escuchas sembró 200 árboles adicionales y otras jornadas de reforestación a menor escala han sido consecuentes durante este periodo.

“Hemos recibido muchos grupos a lo largo de este año que han trabajado en el mantenimiento y en ampliar la huella de la siembra. Tan reciente como el 13 de marzo, cerca de 500 estudiantes de escuelas públicas y privadas recibieron al Julián Chiví (ave migratoria) sembrando en el bosque”, indicó Massol Deyá.

La tarea ha sido ardua, pues varios periodos de sequía han obligado a crear alternativas de irrigación para que los árboles subsistan.

“Sostener ese 98 por ciento ha requerido una atención individualizada, así que tenemos al agrónomo Joaquín Álvarez que se encarga de ir detrás de cada árbol para diagnosticar deficiencias y atenderlas como corresponde. Eso ha sido así para que la nueva vegetación sobreviva en las condiciones hostiles del Bosque del Pueblo, que es un lugar bien difícil para restaurar”, explicó el profesor universitario.

Los próximos pasos dirigen, no solamente a continuar la recuperación de este importante ecosistema, sino a extender los lazos de colaboración hacia las Antillas.

“Trabajamos con los Bosques Modelo de la República Dominicana y de Cuba para firmar pronto un acuerdo de cooperación donde el Bosque del Pueblo será el eslabón del Puente Ecológico del Caribe. Por lo tanto, es prioritario consolidar en el país nuestro modelo de restauración ambiental con esfuerzo comunitario”, anticipó Massol Deyá.