Por generaciones, en los roles que tradicionalmente se relacionan con las mujeres, trabajar en la construcción no suele incluirse.

Sin embargo, el proyecto Women Bright Start combate ese estereotipo, adiestrando a féminas capaces de manejar las diversas tareas que conlleva la construcción, al tiempo que las ayuda a superar situaciones de violencia doméstica, reinsertarse a la sociedad tras salir de prisión, o superar la pobreza.

“Women Bright Start es una organización sin fines de lucro, que se dedica a desarrollar mujeres en lo que es la construcción, desde handywoman hasta construcción pesada. Y no es cualquier tipo de mujer, son mujeres que sufrieron violencia doméstica, mujeres que estuvieron en la cárcel y salieron, y sabemos que aquí en Puerto Rico para todo piden el récord (antecedentes criminales) y el 99% tiene récord y no le dan trabajo”, indicó en entrevista con Primera Hora la ingeniera Marimer Castelow, fundadora del proyecto.

Marimer Castelow, fundadora del proyecto
Marimer Castelow, fundadora del proyecto (Suministrada)

“La idea es enseñarles la construcción, porque es un field que no pide eso. Aquí puede venir todo el mundo a trabajar y no está eso de que verificamos tú pasado, qué pasó, sino que todos son bienvenidos”, agregó.

“Entonces traemos a esas mujeres que por X o Y razón tienen una necesidad de generar dinero para su familia, pero no tienen un recurso de cómo poder hacerlo”.

El origen

Aunque la entidad sin fines de lucro la creó formalmente en 2025, el proyecto comenzó luego de la pandemia, “para 2021 o 2022”. Desde entonces, Castelow ofrece clases sabatinas, que paga de su bolsillo, sin cobrar nada a las participantes, y para las que usa sus herramientas y materiales.

Castelow, quien es oriunda de Jayuya y estudió ingeniería civil en Liberty University, en Virginia, fue militar por 13 años, llegando incluso a estar activa en combate durante ese tiempo.

Relató que volvió a Puerto Rico “después del covid, y me encuentro que Isla estaba destruida, falta de mano de obra, mujeres que empezaban a sufrir violencia doméstica. Era un caos”.

Fue entonces que, mientras compraba unos materiales de construcción, la vendedora, “no sé por qué, empezó a hablarme de su vida, y a decirme que estaba saliendo de una relación de violencia doméstica, que si yo le podía enseñar cómo arreglar el techo, porque ella rentó un basement (sótano) debajo de la casa de alguien, que lo que pagaba era $250, pero el techo estaba esbaratao, toda la varilla por fuera. Y me dijo: ‘¿tú me podrías enseñar cómo arreglar ese techo?, porque yo no puedo pagarlo’”.

Esa conversación encendió la chispa que eventualmente generaría el proyecto, pues pensó que, al igual que esa vendedora, habría miles de mujeres más en Puerto Rico viviendo situaciones similares.

Fue a la casa de la muchacha, le enseñó como reparar el techo, “y ella lo pudo arreglar poquito a poco sola”. Pero entonces le deja saber que conocía otra muchacha que estaba pasando por una situación similar, “y le gustaría instalar unas losas en la casa, porque tampoco sabe y no puede costearlo, y la casa no tenía losa. Y ahí ya se unieron dos”.

Decidió entonces hacer un post en Instagram, “y se fue viral, con 31,000 views, y me empezaron a llegar historias, de mujeres que necesitaban (ayuda) y por qué la necesitaban, a tal punto que como que se salió un poquito de control esa primera interacción en Instagram, porque yo pensé, pues ponle que lleguen cinco o diez (casos). Recibí más de 350 aplicaciones en menos de 24 horas. Pensaba, pues hasta 10 puedo coger para darle una clasecita, pero se salió, como que seguían entrando aplicaciones, aplicaciones. Yo no pensé… y yo leía las historias y yo decía, ‘wao, esto es mucho más común de lo que pensamos’”.

Las participantes aprenden desde el nombre de las herramientas, cómo utilizarlas correctamente y de forma segura; y a realizar distintas labores.
Las participantes aprenden desde el nombre de las herramientas, cómo utilizarlas correctamente y de forma segura; y a realizar distintas labores. (Suministrada)

Así empezó a dar las clases, con cursos intensivos. Continuó añadiendo grupos, cada vez más grandes. “Hasta que yo dije, espérate, no puedo pasar de cierta cantidad porque no voy a poder financieramente. Esto lo costeo yo”.

Al mismo tiempo, mientras se regaba la voz de lo que estaba haciendo, comenzaron a contactarla organizaciones sin fines de lucro que ayudan a mujeres víctimas de violencia doméstica, dejándole saber del interés que había por sus cursos.

“Ahí es cuando decido, sabes qué, lo voy a hacer una organización sin fines de lucro para entonces poder extenderlo aún más en un futuro”, afirmó.

Sin embargo, no fue hasta el más reciente curso que está ofreciendo, en estos momentos, en Jayuya, “que me dieron un par de herramientas, pero todo siempre ha sido costeado por mí, porque yo siento que dar por gracia lo que por gracia hemos recibido. Y entonces sentía una necesidad… a mí, por ejemplo, $10 no me hace una gran diferencia, pero para alguien puede cambiarle la vida (…) Lo que hacemos es que, claro, reciclamos las herramientas y las usamos como hasta que ya no sirvan”, comentó.

También hacen algunas ventas, tarea para la que le ayuda “una muchacha que fue expresidiaria, que cogió cursos y se quedó siendo -literalmente- mi mano derecha en todo lo que es el programa”. Pero esas “ventitas” apenas alcanzan para cubrir los gastos de aguas y meriendas para las mujeres que están tomando el curso.

Gran satisfacción

Pero nada de eso ha sido un obstáculo para la ingeniera, pues asegura que lo que ha logrado con el proyecto le produce “una satisfacción que no hay palabras para describirla”.

Compartió que ver al grupo de mujeres, que “llegaron sin ni siquiera el conocimiento de cómo se cortaba un bloque, a montar una pared, uno dice, ‘¡wao!’. Es una satisfacción tan grande de ser parte de algo tan maravilloso y poner mi granito de arena en esta Isla, que, aunque muchos no lo vean como grande, para mí, lo es todo. Y escuchar cuando las muchachas me dicen: ‘mira, hice esto, lo otro’, para mí eso es una satisfacción”.

“Ha sido tremendo ver cómo de estos grupos que han salido de mujeres, yo me he quedado con empleadas, otras han ido a emprender entre ellas mismas. En el grupo tengo varilleras, tengo mujeres que empañetan, tengo par de administrativas. Yo me he quedado también con mujeres, que les he ofrecido el trabajo para que se queden conmigo”, agregó la ingeniera.

Desde que arrancó aquella idea, hay más de 108 mujeres graduadas, en empañetado, instalación de varillas y bloques, sellado de techo y carpintería básica. Ahora las clases incluyen plomería básica, instalación de bloques, seguridad, e instalación de lozas.

Resaltó que las participantes, al igual que no tienen que pagar nada, tampoco necesitan tener experiencia alguna.

“Las mujeres cuando vienen siempre me preguntan, ‘¿qué experiencia necesito tener?’ No tienes que tener ninguna experiencia, por eso estamos aquí, para enseñarte. A mí no me interesa si has cogido ni siquiera un martillo en la mano. La primera clase le enseñamos hasta los nombres de las herramientas. Nadie tiene que saber nada. Cuando salgan, entonces hablamos”, afirmó.

Aclaró que a las graduadas se les sigue ofreciendo ayuda luego terminar los cursos, pues “están todavía en crecimiento”.

“Ahora mismo, muchas de ellas tienen otros trabajos regulares, pero pueden arreglar las propias cosas de su hogar, sin depender (de otra persona)”, especialmente aquellas que sufren violencia doméstica y no ven salida.

También las asisten con otros asuntos como, por ejemplo, hacer su resumé.

“Siempre las ayudamos y tenemos el motto que decimos, ‘hasta que no nos necesites’, que es que vamos a estar con ellas hasta que ya digan, ‘ok, ya de aquí en adelante yo puedo’. Se le ayuda en resumé, se le ayuda a repartirlo, si tienen preguntas en las casas porque algo les pasó, o están en un trabajo y necesitan arreglar algo y no saben, pueden llamar y ahí llegamos nosotros para ayudar. Es así, hasta que no nos necesites”, afirmó.

Agregó que a menudo le preguntan cuál es su beneficio económico con el proyecto, a lo cual responde que no recibe ninguno.

Mi beneficio es saber que las mujeres son capaces de hacer más de lo que culturalmente hasta nos han enseñado también, que las mujeres no pertenecen a la construcción. Y nosotras sí somos necesarias en la construcción. Nosotras sí podemos. Y entonces cambiar esa mentalidad poquito a poco, con mujeres que están tan hambrientas de hacer algo, y cambiar la vida de sus familias financieramente, o cambiarla para no depender de nadie, con eso ya lo tengo todo”.

Más de un centenar de mujeres ya se han graduado de los talleres.
Más de un centenar de mujeres ya se han graduado de los talleres. (Suministrada)

El curso de Women Bright Start dura ocho semanas, con clases los sábados. El que está corriendo ahora termina el 10 de octubre, y el 17 de octubre comienza otro en San Juan. Los espacios son limitados. Las personas interesadas se pueden comunicar al 787-201-6848, o pueden entrar a su página en Instagram, womenbrightstart.

Cualquier organización, negocio o individuo que desee cooperar también puede hacerlo, con donaciones, incluyendo materiales y herramientas. Igualmente, se pueden comunicar al 787-201-6848.

Si desea hacer una aportación de dinero, puede hacerlo a través de ATH Móvil a negocio/Womenbrightstart, o a la cuenta de Banco Popular 054893690.

Recogen lo que otros desechan

La ingeniera aclaró que reciben materiales sobrantes de construcciones, e incluso van a recogerlos.

“A veces la gente hace construcciones y tiran a la parte de atrás de la casa lo que le quedó, que si tres bloques, medio panel, dos palos, y ya no los van a usar, los tiraron ahí. Hasta eso yo recojo. Que si pusieron losetas y le sobraron 15 losetas y no las van a usar, hasta eso yo recojo. Nosotros no pedimos nada nuevo. Que nos den hasta lo que les sobró de sus construcciones. Que nos llamen a ese número y nosotros vamos y lo recogemos en cualquier parte de la Isla”, afirmó.

Castelow aprovechó también para anunciar que “en diciembre tenemos este proyecto, que es que todas las mujeres que se han graduado, estamos recibiendo solicitudes de ancianos, mujeres que están solas, que sus casitas necesitan como pequeñas reparaciones y no tienen cómo hacerlo, y en diciembre vamos a tomar una casa que está en ese estatus, que desgraciadamente no pueden arreglarla, y el mismo grupo de mujeres que se han graduado durante este último año, vamos a ir a arreglársela”.

“Si conocen de un caso pueden comunicarse y presentar el caso, y verificamos la necesidad, y en diciembre vamos a escoger de esas necesidades y vamos a trabajar esa casa”, comentó.

Hasta ahora, tienen la meta de hacer una casa. Sin embargo, si reciben más materiales, más donaciones, “se pueden coger varias, porque el grupo está, y la disposición está”.