“La tierra está lista y hay que comenzar a sembrar”.

Con esas palabras Marcelina Morales, de 97 años y paciente de Alzheimer, profetizó la designación de su hijo, el sacerdote Eusebio Ramos, como obispo de la nueva diócesis Fajardo-Humacao de la Iglesia Católica.

Cuando Ramos escuchó las palabras de su madre, pronunciadas semanas antes del anuncio oficial de la Iglesia, no comprendió su significado. Luego, todo estuvo claro como el agua.

“Cuando se dio el nombramiento, un amigo sacerdote que escuchó las palabras me dice: ‘Recuerda a tu mamá. Tienes que comenzar a sembrar’”, relató Ramos emocionado.

El hasta ahora líder espiritual de la parroquia Santísimo Redentor de Fajardo, recibió a PRIMERA HORA en Maunabo, en el hogar de su sobrina Zenaida Burgos Ramos, quien desde el nombramiento ha asumido el cuidado de su progenitora.

También estuvieron presentes otros tres sobrinos de Ramos y varios “angelitos” que se ha encontrado en el camino y que lo han ayudado a cuidar a doña Marcelina.

Hasta el primero de marzo, la nonagenaria vivió con su hijo, quien llegó ayer al hogar con un ramo de claveles rosas para su “viejita”. Por diez años Ramos la ha cuidado por su padecimiento de Alzheimer en etapa avanzada.

El ambiente ayer en la sala del modesto hogar, en las Parcelas Mariana, era uno de algarabía. Algunos no habían tenido la oportunidad de felicitar y darle un abrazo a “Chevito”, como le dicen sus allegados de cariño.

A él no le importa cómo le llamen: sacerdote, obispo o padre. “Yo sigo siendo el mismo de siempre”, dijo con una amplia sonrisa en su rostro, expresión que permeó durante todo el encuentro.

Ramos irradia alegría y confianza. En sus palabras y continuos gestos faciales es palpable su amor al prójimo, a su fe y a la Iglesia Católica, a la que ha servido por los pasados 25 años.

Ramos, nombrado sacerdote en 1983, es un hombre de familia y amante de la tierra. Estos dos grandes amores los comenzó a desarrollar en su infancia, en el barrio Matuya, donde se crió con su madre y siete hermanos.

Antes de recibir y aceptar el llamado de Dios, cultivó la tierra, cortó caña y trabajó como maestro de ciencia. Fue en su faceta de educador que entendió que su propósito era otro.

“Yo vi tanta necesidad entre los estudiantes que supe que mi misión era otra”, comentó.

Alegría en Maunabo

El nombramiento tomó por sorpresa a la familia, incluso a Ramos. “Yo reaccioné sorprendido. Uno escuchaba rumores pero a mí no me gusta hacerle caso, porque rumores son rumores”, dijo tras añadir que no creía en la posibilidad de su designación por ser “desconocido en el ambiente”.

Aunque sorprendidos, todos sabían que éste tenía los méritos para el importante cargo. “Yo me quedé en 'shock', porque no podía comenzar a gritar de alegría”, recordó Zenaida Burgos, a quien Ramos le comunicó primero la buena nueva.

“Él es como la raíz de un árbol que somos nosotros, la familia. Es una persona que se entrega. Tú lo conoces hoy y ya mañana sabes que cuenta con un nuevo amigo”, indicó, por su parte, Teófilo Berríos Ramos, su sobrino.

A pesar de su gran amor al servicio, por un instante, Ramos pensó rechazar el nombramiento, no por él sino por la situación de su madre.

“Habíamos pedido e impulsado esa nueva diócesis. Si yo decía que no, habría sido incoherente”, dijo al admitir que la noche en que le dieron la noticia no durmió.