Una esperanza para el G-8
Son más de 500 los realojos que quedan pendientes en la zona de impacto del caño.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
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Como un paso hacia el tan esperado dragado del caño Martín Peña en 2016, esta semana se comenzó a demoler unas 69 viviendas en las comunidades pobres que bordean el cuerpo de agua sanjuanero, la mayoría de ellas enclavadas en manglares.
La demolición de las humildes casas es la primera fase del Plan de Desarrollo Integral de la Corporación del Proyecto Enlace del Caño Martín Peña. En esta fase se demolerán unas 39 viviendas y una parroquia en el sector Israel-Bitumul, y las restantes estructuras están ubicadas en los sectores Buena Vista Hato Rey y Buena Vista Santurce.
“Nos sentimos contentos porque ya comenzaron las demoliciones. Esto nos da una esperanza de que el dragado se acerca. Este proyecto le da la oportunidad a los residentes de que ellos escojan dónde vivir”, dijo Evelyn Quiñones, líder comunitaria de Bitumul y vicepresidenta del G-8.
La directora del Proyecto Enlace, Lyvia Rodríguez, dijo que, en total, se demolerán 154 estructuras en cuatro fases durante este año para el Plan de Desarrollo Integral de la zona. Dijo que la fase inicial tiene un costo de $476,800 y que la demolición está a cargo de la empresa Experts, Inc.
Rodríguez sostuvo que no se trata de “una demolición inerte”, sino que los escombros de concreto se reutilizarán para construir mobiliario urbano diseñado a modo de gaviones que protejan los solares. Además dijo que un comité de la comunidad trabaja para el uso temporal que se les dará a los espacios vacíos, como huertos caseros o áreas para caminar, en lo que comienza el dragado.
“En los últimos cuatro años, hemos adquirido 172 inmuebles y realojado a 66 familias a través de un proceso meticuloso, altamente participativo que garantiza a las familias un trato justo y su derecho a escoger una vivienda digna en su comunidad si es su deseo”, indicó el presidente de Enlace, Héctor Jiménez Juarbe.
Inocencia Altagracia Núñez fue una de las residentes realojadas, pero se mostró inconforme con el cambio. “Yo no sabía que me iban a sacar tan rápido. Extraño mi esquina. Allí vivía con tranquilidad”, dijo la mujer, que se quejó de que en su nuevo domicilio paga mucho de agua y de luz.
Pero, Susana Retamar, otra residente realojada, dijo que se siente muy cómoda en su nuevo hogar. “Yo vivía frente a Altagracia y ellos nos dieron a escoger la casa. Antes yo vivía en una casa de madera. Me mudé al embalse San José a una casa de cemento con tres cuartos. La diferencia es del cielo a la tierra”, indicó Retamar.
Hilda Marchena, gerente del proyecto de vivienda de Enlace, explicó que el caso de Altragracia fue uno de 10 realojos de emergencia. “En el caso de ella, la casa enfrentaba una situación crítica”, dijo Marchena. Además, indicó que Altagracia misma escogió el lugar del realojo en la misma comunidad. “Ella pidió estar cerca de su hermana y de la Congregación Mita”, dijo Marchena.
En 2003, se realojaron otras 108 familias de Israel-Bitumul y en 2005 se demolieron 150 estructuras en la península de Cantera.

