Zoe Laboy aclara la verdad de su "affair" con Rosselló
La ex secretaria de Corrección, quien ahora quiere ir al Senado por San Juan, admite que fue “fuerte” estar al frente del sistema carcelario de la Isla.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 14 años.
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“Yo nunca lo he contado”, advierte Zoé Laboy antes de hablar sobre el episodio más difícil que le ha tocado vivir en su carrera profesional: el affair que le inventaron con el ex gobernador Pedro Rosselló.
Ese “affair” nunca existió, pero el rumor llegó hasta los oídos de su niña que, en medio de su inocencia, una noche la deja en estado de shock al preguntarle: “Mamá, ¿qué es ser amante?”.
“Yo me dije: ‘Dios mío, ¿de verdad vale la pena (seguir en el Gobierno)’. Decía entonces y digo ahora que aquello fue una muestra del machismo que todavía vemos en Puerto Rico, de gente que cree que para que una mujer llegue a una posición tiene que debérsela a un hombre”, dice Laboy, quien recién llegada a la política le inventaron “una mentira” y espera que “no le inventen otra”.
Zoé Laboy llegó al Gobierno de Puerto Rico con 32 años de edad, pero ya con experiencia en el sistema de prisiones de los Estados Unidos.
Antes de eso, había laborado en Washington D.C. en la división de Asuntos Internacionales del Departamento de Justicia, donde tenía la encomienda de compartir evidencia para procesamiento de criminales en otros países.
La ex secretaria de Corrección, quien ahora quiere ir al Senado por San Juan, admite que fue “fuerte” estar al frente del sistema carcelario de la Isla.
Era joven, bonita y recién llegada, atributos que en alguna gente despertaron desconfianza.
Ella, en contra de los consejos de miembros de su staff, eliminó el control de las pandillas en los penales, lo que se pensó que crearía una hecatombe en las prisiones.
“Yo llegué a Corrección y recibí una carta de los Ñeta, diciéndome: ‘Tiene que venir a esta institución, en esta fecha, para hablar de las reglas del juego’. Esta nena que viene de Corrección federal, donde los presos no hacen eso, dijo que no”, rememora Laboy.
La candidata penepé dijo que en la prisiones están los pobrecitos y los malos, y que a ella todavía le siguen doliendo los menores que están tras las rejas.
“Recuerdo una experiencia que todavía vive conmigo... Era un niño que estaba en una institución juvenil y tenía 10 añitos... Yo visitaba esa institución y salí de allí preguntándome, y todavía me pregunto, qué sacamos con un enviar a un niño de 10 años a la cárcel”.
Laboy dice que una de la razones para intentar ir al Senado es precisamente revertir situaciones como ésa. Mencionó que es necesario implantar políticas como la de “It’s not a place for a child” (“No es un lugar para un niño”), que minimiza las posibilidades de que los menores lleguen a la prisión; a lugares que, aunque ostenten nombres menos temibles, la verdad es que no les brindan un tratamiento rehabilitador.
La líder novoprogresista, que en los últimos años se ha dedicado a la práctica privada de su profesión de abogada junto al jefe de campaña de Luis Fortuño, Ángel Cintrón, dijo que siempre ha querido mantenerse al día en los adiestramientos sobre el tema de la delincuencia juvenil.
¿Lo que dice no se aleja de la política de mano dura del Gobierno?
Lo que conozco del Gobernador y de (Jorge) Santini (alcalde de San Juan) es que ambos entienden que la criminalidad no se combate con una sola iniciativa... En ciertas ocasiones la mano dura funciona, pero también hay que verlo desde el punto de vista de que hay que ayudar a nuestros jóvenes.
¿Por qué se postuló?
La abogada, nacida en San Juan, piensa que todo ciudadano debe poner “su grano de arena” para resolver los problemas del país.
Santini la llamó y le ofreció ser “parte de su equipo”; ella se lo consultó a sus hijos y ellos la respaldaron de inmediato.
Sin embargo, esta vez será distinto porque, si bien en el pasado ella fue atacada, en la entrevista con Primera Hora juró que, en lo que dure la campaña, no atacará a nadie porque viene a debatir sobre ideas, sin insultos.
La “muchachita” del gobierno de Rosselló vuelve a la palestra pública en un rol bien distinto. Sigue luciendo su figura esbelta, porque siempre ha sido una enamorada del ejercicio, y conserva el carácter jovial que la distingue.
La aspirante al Senado ríe cuando se le cuestiona si la gente se acuerda de ella. “La recepción ha sido bien buena. Las viejitas son las que más reconocen”, dice.
En la calle, ex confinados le han comentado que “era fuerte”, pero la apoyan. Otros no tienen empacho alguno en decirle que jamás votarían por ella.
A ésos les responde: “No votes por mí, pero por Santini, sí”.

