Lo que durante años fue motivo de controversia terminó en tragedia. Un hombre de 66 años falleció luego de ser atacado por uno de los tigres que mantenía en su propiedad, un animal cuya permanencia había defendido en los tribunales tras una larga disputa con las autoridades locales.

La víctima fue identificada como Norman Buwalda, residente de Southwold, en la provincia canadiense de Ontario. Según la Policía Provincial de Ontario, el ataque ocurrió el 10 de enero de 2010, cuando ingresó al recinto donde se encontraba un tigre de aproximadamente 660 libras (unos 300 kilogramos) para alimentarlo. Por razones que aún se desconocen, el felino lo atacó de forma mortal.

Las autoridades informaron que ningún testigo presenció el momento del ataque. Un familiar encontró posteriormente el cuerpo de Buwalda y logró aislar al animal antes de alertar a los servicios de emergencia. Cuando la policía llegó al lugar, el tigre permanecía dentro del recinto.

Buwalda era conocido por criar animales exóticos en su propiedad, donde mantenía dos tigres, dos leones y un puma. De acuerdo con el Toronto Star, el propietario sostenía que confiaba más en los animales que en las personas y defendía su derecho a conservarlos en su terreno.

Su colección de animales ya había generado preocupación años antes. En 2004, un niño de 10 años sufrió heridas graves tras ser atacado por un tigre durante una visita a la propiedad para realizar un proyecto escolar. El incidente llevó al municipio de Southwold a aprobar una ordenanza que prohibía la tenencia de animales salvajes en terrenos privados. Sin embargo, Buwalda impugnó la medida y obtuvo una victoria judicial que le permitió seguir conservando los felinos.

Según The Telegraph, el menor requirió hospitalización debido a lesiones en la cabeza y el cuello después de caer cerca del tigre durante la sesión fotográfica. A pesar del ataque, Buwalda no enfrentó cargos criminales porque poseía los permisos necesarios para mantener los animales.

Tras la muerte del propietario, las autoridades trasladaron al tigre involucrado y reubicaron el resto de los animales en otros lugares. Vecinos consultados por el Toronto Star señalaron que durante años habían solicitado que los grandes felinos fueran retirados de la comunidad por considerar que representaban un riesgo para la seguridad pública.