Lo que inicialmente parecía ser una simple infección de oído terminó convirtiéndose en un diagnóstico devastador para Tyler Morton, un joven artista de 21 años del Reino Unido que murió apenas cuatro semanas después de descubrir que padecía un glioblastoma, uno de los tumores cerebrales más agresivos.

De acuerdo con People, Tyler, residente de la ciudad de Bedford, comenzó a sentir un dolor de oído en enero. Con el paso de los días, aparecieron otros síntomas más preocupantes, entre ellos entumecimiento en el lado izquierdo del rostro, pérdida del equilibrio y dificultad para caminar. Cuando acudió al hospital, los médicos concluyeron que tenía una infección de oído y le recetaron antibióticos.

El tratamiento no dio resultado. Su condición continuó deteriorándose y empezó a presentar vómitos, además de perder la movilidad del lado izquierdo del cuerpo. Su hermana, Ella Morton, de 19 años, explicó que una tomografía computarizada llevó a otro diagnóstico: vértigo, por lo que recibió medicamentos para controlar las náuseas.

“No ayudó en absoluto”, recordó Ella. Según contó, tuvo que llevar nuevamente a Tyler al hospital, donde sufrió dos convulsiones poco después de llegar. Para entonces, dijo, ya casi no podía hablar y había perdido gran parte de sus capacidades físicas.

Fue una nueva tomografía la que finalmente detectó una lesión en el cerebro. Tras varias semanas de estudios especializados, los médicos confirmaron que el joven padecía un glioblastoma de grado 4, considerado por la Clínica Mayo como el tipo de tumor cerebral más frecuente y también el más agresivo entre los adultos.

Aunque actualmente no existe una cura para esta enfermedad, los tratamientos pueden ayudar a frenar el crecimiento del tumor, aliviar los síntomas y, en algunos casos, prolongar la vida del paciente. Sin embargo, cuando Tyler recibió el diagnóstico, su estado de salud ya era demasiado delicado.

“Ya no podía hacer nada por sí mismo”, contó su hermana a Brain Tumour Research. “Era solo un cuerpo en ese momento. Lo dieron de alta del hospital para que, básicamente, falleciera en casa”.

Tyler murió el 25 de marzo, menos de dos semanas después de celebrar su cumpleaños número 21.

Su hermana aseguró que, además del profundo dolor por la pérdida, la familia siente frustración porque el tumor no fue detectado antes.

“Hay muy pocas opciones de tratamiento en comparación con otros tipos de cáncer”, expresó. “Nos dijeron que Tyler no podía recibir ningún tratamiento porque su cuerpo no lo habría soportado. Su deterioro fue extremadamente rápido”.

El caso ha vuelto a poner sobre la mesa la importancia de prestar atención a síntomas neurológicos persistentes o que empeoran con rapidez, especialmente cuando no responden a los tratamientos iniciales, ya que pueden ocultar enfermedades mucho más graves.