Muere “Popeye”, el fisicoculturista que se inyectaba aceite en los brazos
Arlindo de Souza tenía 55 años.

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La imagen de Arlindo de Souza recorrió durante años pantallas de televisión y redes sociales en Brasil. Sus brazos, desproporcionados y rígidos, lo convirtieron en una figura difícil de ignorar.
Este martes 13 de enero, a los 55 años, el hombre conocido como el ‘Popeye brasileño’ murió en Recife tras una cadena de complicaciones de salud que comenzaron con una falla renal severa.
De Souza llevaba varias semanas internado en el Hospital Otávio de Freitas. Según relataron familiares a medios brasileños, uno de sus riñones dejó de funcionar y el otro colapsó en plena temporada navideña.
“Sus pulmones comenzaron a llenarse de líquido. Ni siquiera pudo hacerse hemodiálisis porque sufrió un paro cardíaco”, explicó su sobrino, Denis Gomes de Luna, en declaraciones tomadas por G1. El diagnóstico final apunta a una insuficiencia multiorgánica.
El sepelio se realizó en el Cementerio de Águas Compridas, en el barrio donde vivía junto a su madre. “Él vivía con mi abuela y era su niño mimado. Ella aún no sabe de su muerte porque es muy mayor y está postrada en cama”, añadió el familiar, al describir el impacto íntimo de la pérdida.
Una fama construida sobre el exceso
La notoriedad de Arlindo de Souza comenzó a principios de los años 2000, cuando apareció en programas de televisión exhibiendo unos bíceps que, según registros mediáticos, alcanzaban los 73 centímetros de circunferencia.
La comparación con el personaje animado ‘Popeye’ fue inmediata y terminó convirtiéndose en su apodo definitivo. A diferencia del fisicoculturismo tradicional, el volumen de sus brazos no provenía de rutinas de entrenamiento extremo, sino de la inyección directa de aceite mineral y otras mezclas.
El propio de Souza reconoció públicamente esta práctica en distintas entrevistas. “Te inyectas y se hincha sin tener que trabajar”, afirmó en una de sus apariciones televisivas, frase que se volvió recurrente en notas sobre su caso.
El hombre también relató cómo comenzó ese proceso. “Me lo dio un tipo. Me dijo: ‘toma esto, te hará crecer en el momento’. Cargué la jeringa, lo puse en mi brazo y se hinchó allí mismo”, contó años atrás. Con el tiempo, incluso admitió episodios de malestar físico, aunque minimizaba sus efectos.
Su imagen se viralizó en redes sociales, donde llegó a reunir más de 30,000 seguidores. Sin embargo, ese reconocimiento no se tradujo en estabilidad económica. Vendía agua mineral y realizaba trabajos ocasionales de construcción, según confirmaron familiares a medios como CNN Brasil.
El cuerpo como riesgo
El caso de de Souza volvió a poner en discusión una práctica que la comunidad médica considera altamente peligrosa. Especialistas han advertido que la inyección de aceites en el músculo no genera fuerza real y sí puede desencadenar daños irreversibles.
Entre los riesgos más graves se encuentran trombosis, infecciones profundas, necrosis del tejido y fallas orgánicas. El cardiólogo Anis Mitri, presidente de la Asociación de Hospitales y Servicios de Salud del Estado de São Paulo, explicó que el uso de estas sustancias crea una falsa sensación de bienestar.
“Cuando una persona usa la hormona para el culturismo, se siente con más energía y cree que la recuperación muscular es más fácil, pero su uso genera efectos secundarios que no se pueden controlar”, advirtió en diálogo con Agência Brasil. Sobre los aceites, fue enfático: “Esto puede provocar gangrena, pudrición muscular y trombosis”.
La Sociedad Brasileña de Endocrinología y Metabolismo ha calificado este tipo de prácticas como un problema de salud pública y ha alertado sobre efectos que van desde alteraciones psicológicas hasta tumores y enfermedades cardiovasculares.
En abril de 2023, el Consejo Federal de Medicina de Brasil prohibió la prescripción de esteroides anabólicos con fines estéticos o de aumento de masa muscular, al no existir evidencia científica que respalde su seguridad.
Durante sus últimos años, de Souza llegó a advertir a atletas más jóvenes sobre los peligros de seguir el mismo camino. “No le aconsejo a nadie que tome este aceite”, afirmó en una entrevista, al reconocer las consecuencias que había enfrentado.
La muerte del ‘Popeye brasileño’ deja al descubierto los límites del cuerpo sometido al exceso y la fragilidad que puede esconderse detrás de una fama construida sobre la apariencia.

