Ikigai y la neurociencia de vivir con propósito
Tener un propósito claro de vida no es solamente un asunto filosófico o espiritual.

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El término japonés “ikigai” puede traducirse como la razón de ser o “eso” que le da sentido a la vida. Es un concepto que combina el propósito de vida con la satisfacción personal y el sentido de utilidad social. Ikigai armoniza cuatro elementos: lo que amamos como personas, en lo que somos buenos haciendo, lo que se necesita en el mundo y aquello por lo que podríamos recibir un reconocimiento o recompensa. Encontrar nuestro ikigai escondido requiere una exploración profunda si queremos tener desarrollo personal, bienestar y longevidad.
Tener un propósito claro de vida no es solamente un asunto filosófico o espiritual. Desde la neurociencia y la biología, se ha demostrado que contar con un sentido definido y fuerte de propósito de vida tiene efectos profundos en el funcionamiento del cuerpo. Estas personas muestran mayor resiliencia ante la adversidad, tienen mejor salud cardiovascular y menos depresión. También manifiestan mejor autorregulación, toma de decisiones y planificación, lo cual se asocia con mayor capacidad funcional de la corteza prefrontal. Esto facilita las respuestas adaptativas al estrés, particularmente miedo y ansiedad, las cuales suelen ser menos intensas en personas con un claro sentido de propósito.
Algunos estudios han encontrado que las personas con propósito de vida presentan una frecuencia cardíaca más baja en reposo, lo cual puede relacionarse con mayor relajación, recuperación y regulación emocional. A nivel del sistema nervioso autónomo, se ha observado una mejor regulación del cortisol, la hormona del estrés, lo cual ayuda a reducir la inflamación sistémica y protege contra enfermedades cardiovasculares.
En cuanto a la salud mental, tener un propósito se asocia con niveles altos de satisfacción y felicidad. Desde el punto de vista neuroquímico, esto significa una mayor liberación de dopamina y serotonina, directamente relacionadas con nuestra motivación, bienestar y recompensa. El sistema dopaminérgico mesolímbico, el cual media nuestra auto percepción de metas y logros, se activa más intensamente cuando las acciones tomadas están alineadas con un propósito personal significativo. El propósito organiza la fisiología humana y el comportamiento, impactando la función cerebral y la salud global de cada persona.
Más allá de brindar motivación y sentido, tener un propósito es una herramienta poderosa para proteger nuestra salud cerebral a largo plazo. De acuerdo con un estudio reciente publicado por investigadores de la Universidad de California en Davis, las personas con mayor sentido de propósito tienen 28% menos probabilidad de sufrir deterioro cognitivo, incluyendo demencia. También mantienen niveles más estables de hormonas sexuales, como testosterona y estrógeno, incluso en edades avanzadas. En un contexto de envejecimiento poblacional como está ocurriendo en Puerto Rico, estos hallazgos acentúan la importancia de tener metas y desarrollar proyectos personales como una estrategia integral para tener bienestar mental en la vejez.
Encontrar un propósito en la vida no requiere grandes hazañas ni transformaciones radicales. Crear algo significativo, tener un proyecto o cuidar a otros impacta positivamente nuestra calidad de vida. Algunos estudios previos sobre envejecimiento sugieren ciertas actividades que pueden dar ese sentido de dirección de vida. Para muchas personas mayores, ese propósito podría ser cuidar a un ser querido, compartir tiempo con los nietos o apoyar a su pareja. Podemos encontrar propósito en los negocios, en el trabajo comunitario y en círculos religiosos o iglesias.
Otras actividades que ayudan a encontrar un propósito de vida pueden ser aprender una destreza nueva, retomar un pasatiempo o completar las metas que estaban pendientes. Los pequeños actos de ayuda a los demás tales como asistir, acompañar y escuchar pueden tener un impacto positivo. Tener un propósito de vida protege al cerebro mientras envejecemos, ayuda a retrasar el deterioro cognitivo y puede desarrollarse a cualquier edad mediante vínculos significativos y actividades que den sentido al día a día.
En conjunto, la neurociencia refuerza la idea de que tener un propósito de vida ayuda a tener bienestar cerebral y psicológico. Vivir con un propósito no solamente nos da un sentido existencial, sino que también es una estrategia biológica de supervivencia. Perseguir un objetivo de vida es como tener una brújula interna para tomar las decisiones diarias, esquivar obstáculos y mantener un sentido de dirección. Por tanto, crear y alimentar la mentalidad de un propósito de vida cobra un valor incalculable.