El arte es nuestra capacidad humana de manifestar emociones, ideas y visiones del mundo usando símbolos, sonidos o movimientos capaces de causar una respuesta estética y transformadora.

Emociones viene del latín “emotio” que significa acción o ponerse en movimiento. La emoción no es una vivencia estática, sino una “fuerza” que obliga el cerebro y el cuerpo a la acción.

Los “artistas” son entes dinámicos que usan energía creadora para impulsar acción y entablar con la audiencia una conexión humana. Pero, opino que colectivamente hemos ubicado a los artistas y el arte, única y exclusivamente, detrás de las luces de un escenario o de una pantalla.

Y aunque es legítimo utilizar los aplausos, la venta de taquillas y el dinero para medir el talento de una persona que vive de su arte, alcanzar fama y fortuna usando arte es un asunto de carrera comercial y de mercado. En términos socioeconómicos, eso tiene un valor enorme que no podemos perder de perspectiva.

Sin embargo, pienso que existe algo más hermoso y sencillo que debemos rescatar. Todos albergamos en nuestro interior un grado de expresión artística esperando a ser descubierto. Y el primero que tiene que hacerlo eres tú.

Nuestro cerebro está biológicamente diseñado para la estética y para ser creativos. Cuando logras identificar tu capacidad individual de ser creador y artista, ya sea con música, pintura, actuando o escribiendo, y te atreves a expresarlo al nivel en que te encuentras, ocurre un cambio instantáneo.

El arte es el pegamento humano por excelencia. El resultado más significativo de toda la creación artística no es el logro del artista, sino la cohesión social y la acción de todas las personas que se conectan. La verdadera ganancia social es devolver el arte a la vida cotidiana para sanar y unirnos.

Poner tu expresión artística al servicio de tu familia y de tus amistades cercanas es crear puentes emocionales donde antes quizás había distancia y aislamiento.

En cada familia, hogar y comunidad siempre han existido artistas cotidianos que sostienen la memoria, la identidad y el afecto colectivo. Debemos celebrarlos y seguir cultivándolos. ¿Quiénes son?

El abuelo cuentacuentos de la familia. El que usa la memoria oral y una dicción intachable para relatar la historia de un Puerto Rico que él o ella vivió y que ya no existe. Esos son los viejitos que mantienen viva nuestra historia y conciencia intergeneracional. ¡Aplauso para ellos!

La abuela que artísticamente decora con sabores y colores el almuerzo familiar cada domingo. Hay que saber sazonar y mezclar especies para crear esa comida suculenta. ¡Aplauso abuelita! Gracias por ese festival y espectáculo culinario que me has regalado durante toda mi vida.

El tío guitarrista y cantante aficionado que saca el micrófono en el cumpleaños, no para hacer un karaoke perfecto, sino para hacernos cantar a viva voz entre risas. ¡Aplauso!

La tití poetiza quien con su voz declama poemas de amor los domingos luego del almuerzo que hizo abuela y de tomarse el pitorro en el balcón. La que se pone sentimental, pero su arte expresivo es mundial. ¡Aplauso para tití!

Tú sabes quienes son ellos en tu mundo. No buscan una estrella en Hollywood, pero logran algo infinitamente más valioso: hacerte sentir parte de algo tuyo, genuino y emotivo. Fortalecer y celebrar el arte en nuestras familias es necesario para rescatar la salud emocional de nuestra sociedad.

Hazlo. No esperes a un gran escenario para expresar lo que sientes. Identifica tu creatividad y exprésate. Genera acción porque para cambiar el mundo no siempre hace falta un estadio lleno, sino personas que canten, que hagan chistes, que declamen, que imiten, que pinten, que construyan y que expresen el arte y el amor que llevan dentro.