La hora mala
Caminamos territorio desconocido, sin saber a dónde nos llevará la senda por la que vamos, si es que hay senda.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 5 años.
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Muchos ya saben que me comunico recurrentemente por las redes sociales. Tanto en Instagram como en Tuiter mi agarradera es @jrosaly0113.
Pero ahí terminan las semejanzas.
Instagram es para mí un espacio plácido, feliz, lleno de fotos de mis nietos, mis flores, mis proyectos culinarios y mis viajes. En mi mundo de Instagram caben poco las angustias y preocupaciones, las controversias y los señalamientos ante desaciertos de quienes manejan nuestro país.
Tuiter es otra cosa. Uso esa tribuna cibernética para mis causas de Derechos Humanos, para cuestionar —y a veces aplaudir— decisiones y posturas que desde mi punto de vista son detrimentales —o beneficiosas— a nuestro bienestar colectivo o a nuestra dignidad. La inmensa mayoría de las veces mis tuits hallan eco positivo en mis lectores, no pocos de los cuales —sorprendentemente los más jóvenes— me expresan que vieron sus pensamientos plasmados en mis palabras. Tuiter me permite también tener ‘oído en tierra’ respecto a lo piensa y sienten la gente.
Y precisamente, motivada por lo que estamos viviendo con la COVID-19, la reclusión en los hogares y el toque de queda, ayer temprano en la mañana, tuiteé: “¿Cuál es tu ‘hora mala’, esa a la q llega la tristeza, la preocupación, la sensación de luto, como dice mi hermana Sharon Riley?" La mía es en la mañana, cuando me pongo al día con las noticias. Y no me digan que no lea las noticias. TENGO que saber. La ignorancia no es alternativa.

Fueron cientos de respuestas las que recibí, cada una un emotivo testimonio. Sería un buen proyecto para un profesional en el campo de la sociología analizarlas. Respondieron mayormente mujeres, pero me ha sorprendido la gran cantidad de hombres que confesaron angustia, pena, inquietud, insomnio... algunos con no poco grado de poesía en sus palabras. El crepúsculo, esa hora de transición cuando la luz del día se rinde a las tinieblas, figura prominentemente en las respuestas como “la hora mala”. Otras señalan la hora de disponerse a dormir, principalmente por la desesperanza de que el día siguiente será distinto.
Para muchos “la hora mala” es el momento en que despiden a sus seres amados que laboran en trabajos indispensables, aprensivos por los riesgos que confrontan “allá afuera”. Para otros es justo después de terminar esa llamada por FaceTime o Skype en la que pusieron su mejor cara ante hijos, nietos, padres, hermanos...
No hubo bromas entre las respuestas. Ese humor cortante (en EEUU le llaman ‘snarkiness’) que tanto abunda en Tuiter cedió espacio al sentimiento sincero, al desahogo.
Lo que me consuela. Vivimos individual y colectivamente unas circunstancias inéditas, que nunca pensamos vivir. Caminamos territorio desconocido, sin saber a dónde nos llevará la senda por la que vamos, si es que hay senda. ¿Habrá vida? ¿Habrá futuro? ¿Volveremos a la normalidad?
Todas esas interrogantes se agolpan en nuestras mentes, y a juzgar por las respuestas a mi tuit, confrontarlas ha tenido un efecto terapéutico.
A los que respondieron, mi más profundo agradecimiento por su valiente honestidad al compartir con la ‘tuitósfera’ cuál es su “hora mala”. ¡Ojalá pronto quede atrás y podamos celebrar las “horas buenas”!
Colaboradores de diferentes sectores de la sociedad puertorriqueña analizan sucesos noticiosos al estilo de Primera Hora
Columnista invitado
Espacio de opinión sobre temas noticiosos y de interés para el País.