La Dra. Mariam Ludim Rosa Vélez es directora de la Oficina de Prensa del Recinto Universitario de Mayagüez.

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¿Le ha pasado?

Personas que antes parecían pacientes ahora reaccionan con irritación. Conversaciones que antes fluían con naturalidad terminan en confrontaciones. En las redes sociales abundan los juicios rápidos, la falta de empatía y la dificultad para escuchar puntos de vista distintos. Muchos vivimos cansados, sobrecargados y emocionalmente exhaustos. Quizás no sea una percepción aislada.

La organización internacional Six Seconds ha denominado este fenómeno una recesión emocional. El término surge a partir de los hallazgos del informe State of the Heart 2024, un estudio global que revela una disminución sostenida en indicadores relacionados con el bienestar emocional, la empatía, la motivación y la capacidad para afrontar el estrés.

Cuando escuché por primera vez el concepto, me llamó la atención la comparación con una recesión económica. En una economía en crisis disminuye la actividad productiva y aumenta la incertidumbre. En una recesión emocional ocurre algo parecido: se debilitan los recursos internos que nos ayudan a relacionarnos, tomar decisiones y enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.

Dra. Mariam Ludim Rosa Vélez.
Dra. Mariam Ludim Rosa Vélez. (Suministrada / Fernando Blanco-López)

Desde que tomé un curso de Psicología de Inteligencia Emocional en el Recinto Universitario de Mayagüez hace más de una década, comprendí que la inteligencia emocional no es un tema accesorio ni una moda pasajera. Se trata de una capacidad fundamental para vivir mejor, trabajar mejor y relacionarnos mejor.

La inteligencia emocional consiste precisamente en reconocer nuestras emociones, comprender cómo influyen en nuestras acciones y utilizar esa información para relacionarnos de manera más efectiva con los demás. Aunque muchas veces asumimos que estas habilidades forman parte del sentido común, la realidad parece indicar lo contrario.

Los hallazgos del informe son preocupantes. Las puntuaciones globales de inteligencia emocional han disminuido durante varios años consecutivos. Los niveles de bienestar continúan descendiendo y el agotamiento emocional sigue aumentando. Los jóvenes de la Generación Z enfrentan retos significativos relacionados con la soledad, el aislamiento y la satisfacción personal. A esto se suman las transformaciones aceleradas que vivimos en los entornos laborales, impulsadas por cambios tecnológicos, nuevas dinámicas de trabajo y la creciente presencia de la inteligencia artificial.

Mientras discutimos el impacto de la Inteligencia Artificial en la educación, el empleo y la comunicación, existe una conversación igualmente importante que no debemos perder de vista: ¿Qué está ocurriendo con nuestra inteligencia emocional?

La tecnología continúa avanzando a una velocidad impresionante. Sin embargo, nuestra capacidad para comprender emociones, escuchar con atención, mostrar empatía y construir relaciones significativas sigue siendo profundamente humana. Ningún algoritmo puede sustituir

completamente la experiencia de sentirnos comprendidos, acompañados o valorados por otra persona.

Por eso, el desarrollo de la inteligencia emocional no debe verse como un lujo ni como una habilidad opcional. Se trata de una competencia esencial para navegar la complejidad del mundo actual. Nos ayuda a manejar conflictos, fortalecer nuestras relaciones, tomar mejores decisiones y cuidar nuestra salud mental.

La buena noticia es que la inteligencia emocional puede desarrollarse durante toda la vida. Al igual que fortalecemos nuestros músculos mediante el ejercicio físico, también podemos fortalecer nuestra conciencia emocional mediante la práctica diaria. Escuchar antes de reaccionar, reconocer nuestras emociones, cultivar la empatía y actuar con mayor intención son pequeños pasos que generan grandes cambios.

En una época marcada por la velocidad, la hiperconectividad y los cambios constantes, atender nuestra salud emocional es una necesidad, no un lujo. En tiempos de recesión emocional, la recuperación comienza con cada uno de nosotros.

La autora posee la certificación EQ Practitioner de Six Seconds