Río de Janeiro.  Tal vez es la cercanía geográfica, o las ganas de dejar claro quién manda en Sudamérica. Para mí, es la segunda. Pero la realidad es que la afición argentina se ha quedado con el espectáculo en esta Copa Mundial en Brasil.

No tan solo es la cantidad de gauchos acá en Brasil o los ingeniosos cánticos. Es que, sencillamente, no dejan de sorprender. En esta cobertura, ya hemos reseñado sobre sus ocurrencias. El cántico “Brasil, decirme qué se siente, tener en casa a tu papá” retumba por este país cada vez que hay un grupo de argentinos, y en los estadios donde juega la Albiceleste se ha convertido en una especie de himno.

Pero la noche del miércoles, mientras caminaba por Copacabana buscando dónde cenar, me topé con una nueva ocurrencia. Había un grupo de como cinco o seis argentinos en la acera, al lado de un automóvil, el cual supongo que era de uno de ellos. El baúl estaba abierto y tranquilamente “jangueaban” en las aceras de Copacabana.

Pues imagine mi sorpresa cuando me acerco y escucho que de las bocinas del carro salía una música. Era un tipo de cumbia, instrumental, con el ritmo del cántico “Brasil, decirme que…”. Los aficionados argentinos, al ritmo de la cumbia, cantaban y bailaban su himno en esta copa, mientras todo tipo de personas pasaban por la acera, incrédulos ante lo que veían. Yo no pude evitar sonreír. “¡Tienen un arreglo musical para su cántico!”, pensé. Por un segundo, quise pararme a cantar con ellos. Se veía que la estaban pasando muy bien con una bocina, sus voces y un par de aplausos.

Eso es lo que hace a la hinchada argentina una especial. Siempre encuentran la manera de superar sus ocurrencias. Ya espero con ansias el momento en el que me tope con una nueva. 

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