El pasado domingo terminó una de las experiencias más emocionantes, gratificantes y espectaculares de mi carrera periodística: mi primera cobertura de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Nuestra ciudad de Mayagüez nos acogió por dos semanas y nos presentó a los mejores atletas de nuestra región compitiendo entre sí.  Fue una verdadera fiesta, el deporte se respiraba por cada esquina de la zona oeste de Puerto Rico.  La monoestrellada y el orgullo patrio se dejaban sentir por todos lados, en verdad era un sentimiento bien bonito, y único a la vez.

Y los atletas boricuas respondieron.  Las 49 medallas de oro pusieron a gozar a todos los fanáticos boricuas que abarrotaron las instalaciones y agradecieron cada una de las gotas de sudor de nuestros atletas.  Fue, sin duda, un momento histórico para nuestro deporte.

Pero faltaba algo…faltaba el deporte de mayor crecimiento en nuestro país.  El fútbol, el deporte más jugado en el mundo, no se jugó en Mayagüez porque la Concacaf decidió que nuestras canchas no estaban aptas para ello.  Y la realidad es que, tal vez, no lo estaban.  Visité la cancha de Cabo Rojo, y sinceramente, no haría ni un field day en ella.  Pero la mala fe de la Concacaf se demostró cuando no quisieron jugar en el estadio Juan Ramón Loubriel de Bayamón, donde se han disputado partidos de Liga de Campeones. 

El toma y dame entre la Concacaf, el Comité Organizador de los Juegos, la Odecabe, la Federación Puertorriqueña de Fútbol y el Comité Olímpico de Puerto Rico terminó en nada, y el fútbol femenino se jugó en Venezuela.  El masculino ni siquiera se celebró, tronchando los sueños de todos esos jóvenes de Sub-21 de poder representar a su país con el apoyo de sus fanáticos. 

Siempre nos preguntaremos el “qué hubiera pasado…”.  ¿Qué hubiera pasado si el fútbol, el deporte de segunda mayor venta de boletos previamente a su cancelación se hubiera celebrado en la Isla?  ¿Qué hubiera pasado si la Selección Nacional femenina, que se quedó a un juego de la medalla de bronce, hubiera jugado en Puerto Rico en vez de Venezuela?  ¿Qué hubiera pasado si el juvenil equipo Sub-21 hubiera adquirido esa importante experiencia internacional?  Ésas son algunas de las preguntas que nunca se contestarán por las negligencias de muchos que ponen el dinero, intereses y agendas personales sobre el bienestar del deporte.

Pero Puerto Rico, igual que se levantó de las inclemencias del tiempo que aplazaron la ceremonia de apertura, se levantará.  Por ahí viene la Copa Digicel…

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