¿Resultará efectiva la defensa de alegada pérdida de memoria en varias ocasiones levantada por el púgil Juan Manuel López y sus representantes en la vista administrativa como parte del proceso en su contra por sus expresiones en la entrevista televisiva tras su segundo revés contra el mexicano Orlando Salido?

Estos episodios se dieron, alegadamente, después de sus dos peleas contra Salido, así como después de la del filipino Bernabé Concepción. Casualmente, como señalamos en una pasada columna en la que nos cuestionábamos cuál debería ser el peso de pelea de Juanma en su eventual regreso, Salido y Concepción son los pesos plumas (126 lb) naturales que el boricua ha enfrentado en sus últimas cinco apariciones y quienes lo llevaron a la lona, mientras que los púgiles inflados a esa división, el mexicano Rafael Márquez y el estadounidense Mike Oliver, lo habían estremecido visiblemente.

Si Top Rank y Peter e Iván Rivera, sus promotores, y Orlando Piñero, su manejador, tenían conocimiento de esta situación de pérdida de memoria repetitiva bien pudieran haberla tratado sin hacerla pública o del conocimiento de la Comisión de Boxeo con la misma seriedad, profesionalismo y responsabilidad que estando bajo el escrutinio de esta última.

Además, creo que no había por qué traer que los episodios de pérdida de memoria habían ocurrido en tres ocasiones. Para propósito de la vista ante el licenciado Alberto Arroyo –quien redactó el informe en que hace las recomendaciones de sanciones a Juanma– bastaba alegarlo solamente respecto a la revancha con Salido, que es la que está sobre el tapete.

De hecho, el énfasis en la vista fue en la pérdida de memoria en lugar de haberlo hecho en la confusión y desubicación de espacio y tiempo producto de los golpes recibidos y el agotamiento extremo, independientemente de si recordaba o no posteriormente lo que había dicho en la entrevista.

Una persona puede estar perfectamente consciente de lo que dice y olvidarlo por completo minutos después, mientras que, igualmente, puede estar confundida sobre lo que dice y momentos después recordar lo que dijo con claridad.

También puede estar confundida sobre lo que dice y después no recordarlo. Todo es cuestión de dónde se quiera poner el énfasis, dependiendo de la estrategia de la defensa.

De la forma en que fue presentada esta defensa, se abre la puerta a que la situación médica tome preponderancia sobre los hechos ocurridos y resulte en una suspensión todavía mayor al añadírsele la que le den por sus expresiones. En sólo días, sabremos la respuesta a nuestra pregunta inicial.