Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 19 años.
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Dondequiera que don Roberto Sánchez Vilella esté, debe sentirse orgulloso de su único hijo varón, Roberto José Sánchez Ramos, por su verticalidad y honradez intelectual como secretario de Justicia. Con estos atributos es de esperarse que sobreviva, como lo hizo su progenitor en ocasiones, a la campaña orquestada, tras bambalinas, por manos siniestras que no se atreven a dar la cara. Sánchez Ramos no ha dicho nada nuevo sobre las dos varas en la administración de la justicia: una para los pobres y otra para los ricos. Ya a esa conclusión llegó en el 2002 el Primer Congreso de Acceso a la Justicia. Entonces hasta los jueces del Tribunal Supremo de Puerto Rico avalaron esta conclusión que ahora, repetida por Sánchez Ramos, intentan convertir en herejía. ¿Por qué algunos pretenden que el secretario de Justicia pida perdón? ¿Perdón por qué? ¿Por decir la verdad? ¿Porque son verdades que duelen al sistema? Si no actuara como lo está haciendo, manteniendo su palabra con la frente en alto, deshonraría la memoria de su padre. Para que las nuevas generaciones sepan qué genes ha heredado, es bueno recordar acciones como la siguiente. Don Roberto, en su primer mensaje sobre el estado del país ante la Asamblea Legislativa, el 29 de enero de 1965, propuso la pensión de retiro para los ex gobernadores, teniendo en mente a don Luis Muñoz Marín, con la finalidad de que los ex mandatarios “puedan continuar aportándole a su pueblo todo el haber de su experiencia luego de su retiro, sin ninguna otra responsabilidad que ésa”. La Legislatura aprobó esa ley, pero Sánchez Vilella presentó a la Asamblea Legislativa, en su mensaje de estado de 1966, una enmienda para que “se me excluya totalmente de sus disposiciones”. Y así fue, firmó la ley y rechazó la pensión de $25 mil anuales. Esa herencia, de servidor público incorruptible, fue la que don Roberto legó a su hijo.
Se ve la costura
Qué feíto les ha quedado a algunos abogados el tratar de echarle fango a la figura del secretario de Justicia, Roberto José Sánchez Ramos. Sí, feíto, porque se trata de abogados postulantes, aunque hayan presidido el Colegio de los togados, que quiéranlo o no, con sus palabras se congracian con los jueces y juezas ante los que llevan sus casos. Mientras, personas de reconocido prestigio e integridad, como el ex juez superior Ángel Hermida, coinciden y van más allá de las expresiones de Sánchez Ramos, con una dura crítica constructiva sobre el acceso a la justicia.
Cuestión de estilo
En un gesto elegante, el presidente senatorial Kenneth McClintock invitó a su homólogo cameral, José F. Aponte, a la sesión especial del viernes en que se celebró el 90 aniversario del Senado y de la ciudadanía estadounidense de los puertorriqueños. En el 2005, Aponte, junto a un grupo de representantes penepés, se personó al hemiciclo senatorial en apoyo al golpe de estado que Pedro Rosselló pretendió darle a McClintock en la presidencia. El viernes, McClintock no sólo lo invitó a la sesión especial, sino que le permitió hacer uso de la palabra. Elegancia no reciprocada.
Periodista
De primera mano

