Una de las mayores tragedias en las colonias es que la historia se tuerce y esconde los seres que nos legaron una Patria. El pasado martes presenté el libro “Gilberto Concepción de Gracia: Líder de la libertad, escudero de la Patria”. El libro, editado por el profesor José Luis Colón y la Universidad Interamericana, contiene ensayos de múltiples colaboradores que retratan la figura del fundador del Partido Independentista Puertorriqueño. Es una aportación que rescata su egregia figura en una obra que constituye justicia histórica, necesaria y pertinente.

Decía un filósofo francés, “Somos unos enanos encaramados sobre hombros de gigantes. Por eso vemos más lejos y nuestra mirada es más profunda. No porque estemos a su gigantesca estatura, sino porque nos llevan cargados sobre sus hombros”.

A Gilberto Concepción de Gracia le tocó la lucha por la libertad de Puerto Rico en un periodo muy complejo. A nivel internacional se cerraron las puertas al reclamo de nuestro derecho a la autodeterminación. Estados Unidos, promotor de extirpar el caso de Puerto Rico de la agenda internacional, reafirmaba su dominio colonial creando la farsa del Estado Libre Asociado. En Puerto Rico, se vivía el deslumbramiento con el ídolo falso del ELA.

Eran los tiempos en que se adoraba al Becerro de Oro. Además, a un año de la fundación del PIP en 1946, se aprobó la Ley de la Mordaza. La palabra a favor de la independencia se convirtió en delito. Eso dio paso a décadas de persecución, marginación y hasta el asesinato de independentistas. Eran tiempos en que todas las corrientes estaban contra la propuesta de libertad, democracia y verdadera justicia social que presentaba don Gilberto. Su aportación y acción política era motivada por un sentido ético profundo: en Puerto Rico debemos mandar los puertorriqueños en un ánimo de paz y confraternización con el resto de los países del mundo.

Don Gilberto luchó contra el intento del liderato Partido Popular de explotar un nacionalismo cultural de una puertorriqueñidad descafeinada a favor del coloniaje. Es decir, despolitizar nuestra identidad de pueblo. Él era consciente de que la expresión política de nuestra puertorriqueñidad es el reclamo digno de nuestra soberanía plena. Así como los ríos encuentran su cauce al amplio mar, así las nacionalidades encuentran su cause en el derecho en mandarse en su propia tierra.

Concepción de Gracia luchó en tiempos que no se veía la luz al final del túnel. Pero luchó con el convencimiento de que habría en el futuro una generación que veríamos la Tierra Prometida de nuestra libertad. Luchó con tesón, patriotismo y martirio personal. Esa es la semilla que sembró y hoy esa semilla ha germinado. En las pasadas elecciones el PIP obtuvo un resultado sin precedente en la historia política del país. Crecimos siete veces lo obtenido en pasadas elecciones. No todos los que votaron por el PIP fueron independentistas, pero sin serlo derrotaron el prejuicio de no votar por candidatos independentistas. Eso es un paso gigantesco a nuestra redención como país.

Don Gilberto fue discípulo de José Martí, quien escribió: “Estos son mis versos. A nadie los pedí prestados. Mientras no pude encerrar íntegras mis visiones en una forma adecuada a ellas, dejé volar mis visiones… Pero la poesía tiene su honradez, y yo he querido siempre ser honrado. Así como cada hombre trae su fisionomía, cada inspiración trae su lenguaje. El verso ha de ser como una espada, que deja a los espectadores la memoria de un guerrero que va camino al cielo, y al envainarla en el sol, se rompe en alas.”

Nos queda a nosotros, honrando su memoria, escribir el último verso; el de nuestra libertad.