Million Dollar Arm
La historia real acerca de unos jóvenes de India que aspiran a jugar béisbol en las Grandes Ligas se olvida casi completamente de ellos.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 12 años.
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La verdadera historia de Million Dollar Arm estaba destinada a convertirse en una película de Disney. Después de todo, contiene muchos de los ingredientes de un cuento de hadas –el héroe renuente que tiene algo que aprender, la extrovertida doncella, los personajes secundarios tiernos, graciosos y/o torpes- que fueron extrapolados de la competencia de talento que en el 2008 buscó en India a los mejores lanzadores de cricket con el propósito de convertirlos en pitchers de Grandes Ligas. Visto a través del prisma de la casa de Mickey Mouse, ahora nos llega este cándido filme familiar que no se desvía de la clásica fórmula del estudio.
Jon Hamm interpreta a “J.B. Bernstein”, un agente de deportes que -en su intento por levantar su propia compañía- se inventa la susodicha competencia para atraer la atención de los medios y atletas con el objetivo de darse a conocer dentro de la industria. “J.B” viaja a India y luego de semanas de audiciones, finalmente elige como ganadores a “Rinku Singh” y “Dinseh Patel”, dos jovencitos con cero experiencia en béisbol y cricket pero armados de poderosos brazos.
El agente se los trae de regreso a Los Ángeles y de inmediato los pone a entrenar, pero el plan no le sale a la perfección cuando se ve obligado a alojarlos en su casa, atentando contra su vida de soltero codiciado. Usted seguramente ya conoce lo que pasará: al principio habrá caos, “J.B.” y los muchachos tendrán sus roces, luego llegael personaje “mágico” de la atractiva vecina bohemia (Lake Bell) que lima las asperezas y le muestra al protagonista un mundo nuevo, solo para ver como casi todo se viene abajo, pero entonces el personaje principal aprende a no ser un pedante egoísta y al final todos viven felices para siempre… o algo así.
Y en efecto, casi todo se viene abajo en la película como tal durante esa forzada transición típica del tercer acto en la que los niveles de azúcar incrementan, la valiosa lección se transmite con la sutileza de un batazo y los personajes parecen estar a punto de romper a cantar junto a los animalitos, pero por fortuna esto es solo un breve desliz en una inofensiva producción que de entrada sabemos que se trata una cinta de Disney clasificada “PG”.
Million Dollar Arm sale a flote gracias a la actuación de Hamm, especialmente cuando se junta con el irresistible carisma de Bell, consiguiendo una tremenda química que produce los mejores momentos. Alan Arkin también contribuye risas con su típica interpretación de un viejo cascarrabias. Desafortunadamente los personajes de los jóvenes quedan al margen cuando –al tratarse de su historia- debieron tener mayor relieve, pero al final el mensaje llega, todas las piezas giran de acuerdo a su función y la película viene y se va sin mayores pretensiones. En un verano escaso de ofertas familiares, Disney cumple con lo que siempre ha sido su fuerte.

