No es fácil ser secuela, especialmente bajo la sombra de uno de los estrenos más laureados del año, The Girl with the Dragon Tatoo, el estupendo thriller que estrenó hace dos meses en Puerto Rico y nos introdujo a uno  de los personajes más interesantes de los últimos años, la temeraria hacker “Lisbeth Salander”.

The Girl Who Played with Fire, adaptación cinematográfica  de la segunda novela de la trilogía literaria de  Stieg Larsson, continúa la historia de “Lisbeth”  y se nos ofrece un mayor acercamiento al personaje mediante un argumento, que si bien no es tan interesante como el de su antecesora, al menos se encarga de fortalecer el arco narrativo que -supongo- se hilvana a lo largo de las tres películas. Conocemos mejor a “Lisbeth” tras  descubrir más detalles sobre los demonios de su pasado, aunque -desafortunadamente-, en esta ocasión ella no es un personaje activo.

En el largometraje anterior, “Lisbeth” -interpretada por Noomi Rapace- era quien impulsaba la trama con sus acciones y las de su fiel compañero investigador, el periodista “Mikael Blomkvist” (Michael Nyqvist). Sin embargo, en The Girl Who Played with Fire la trama ocurre alrededor de “Lisbeth”, algo que definitivamente le resta dinamismo al convertirla más bien una espectadora que sólo se involucra en la acción en breves momentos claves para el desarrollo de la historia. Por lo demás, todo está en manos de “Blomkvist”.

La cinta arranca un año después de los sucesos de la primera. “Lisbeth” se encuentra disfrutando de su nueva fortuna en algún lujoso lugar apartada del mundo cuando un correo electrónico capta su atención, por lo que  se ve forzada a regresar a Suecia para reforzar su seguridad y visitar a un viejo enemigo. Por más astuta e inteligente que sea, jamás previó  que con su retorno estaría siendo acusada de un doble asesinato.

Las víctimas son dos jóvenes profesionales a cargo de una investigación sobre un círculo de prostitución que se extiende desde Rusia a través de todo Europa. Su artículo iba a ser publicado en la revista Millennium, dirigida por “Blomkvist”, quien de inmediato se hace cargo de la pesquisa para revelar a los verdaderos asesinos, cuál es su relación con “Lisbeth”  y librar a su amiga de toda responsabilidad.

El descubrir la identidad de los malhechores es lo que nos mantiene involucrados en la película, y el guión de Jonas Frykberg hace un buen trabajo al mantenernos informados junto a “Blomkvist”, mientras lo acompañamos en su encomienda. Los giros que da la historia son sumamente interesantes, algunos bastante sorpresivos, y la relación entre los personajes principales se hace aún más estrecha aunque de manera indirecta.

Las actuaciones continúan siendo uno de los mayores aciertos de la serie. Por la forma como se desarrolla la trama, Nyqvist tiene más  oportunidades de "robar cámara" con su excelente interpretación de “Blomkvist”, mientras que Rapace, a pesar de que  se limita mayormente a contemplar una computadora u observar el horizonte desde una ventana, su “Lisbeth” mantiene la misma intensidad.

The Girl Who Played with Fire no será mejor que el primer filme , pero pocas secuelas lo son. Es un digno sucesor que cumple con realizar su mayor y más importante propósito: dejarnos con las ganas de ver lo que viene después. Espero que al tercera parte no tarde mucho en llegar.