Una mala comunicación puede provocar serios problemas. Lo vemos a diario, tanto a nivel de empleo como en la vida personal. Resulta tan serio, que provoca despidos, enemistades y hasta divorcios.

La base de toda buena relación tiene su raíz cimentada en que las partes involucradas se puedan comunicar de manera efectiva. A nivel laboral resulta eficaz el método de seminarios. Cuando un matrimonio entra en problemas y solicita ayuda, las terapias van dirigidas a lograr una buena comunicación. Es por ello que me sorprende que los comunicadores de LUMA, empresa que pretende correr nuestro sistema eléctrico, fallaron en lo más básico: que su mensaje llegue.

En este país, el inglés no es dominado por muchos. Alrededor de solo un 30 por ciento podría hablarlo y entenderlo. Muchos podrían decir que estoy siendo conservador, pero por esos números andamos. Podremos defendernos con algunas cosas básicas, pero si el tema incluye asuntos técnicos, olvídese y toque un tango, que una inmensa mayoría no va entender.

Saliendo de la zona metropolitana, el asunto se torna más agudo. Así que es imperativo que a la hora de comunicar algo tan importante como el estado de situación de nuestra red eléctrica, lo puedan entender en los 78 municipios de la isla.

Tome por ejemplo a la fiscalía federal. El fiscal Steven Muldrow, quien está a cargo de la fiscalía en Puerto Rico, se ha ocupado de aprender español. Lo hace para que todos entiendan los delitos que se le imputan a sus arrestados. Al igual que él, Douglas Leff, que dirigió el FBI en la Isla, se ocupó de aprender. Es más, en una ocasión me comentó que sus clases de español eran ofrecidas todos los martes. Lo podrán hablar “machucao”, pero se dejan entender.

Eso es lo que deben hacer los ejecutivos de LUMA. Si usted viene a esta jurisdicción a realizar negocios, debió primero hacer un estudio de sus clientela. ¿Cómo son? ¿Cuál es su idiosincrasia? ¿Me entenderán en inglés?

Los ejecutivos de LUMA dan la impresión que llegaron a la Isla con ínfulas de jeque. Se bebieron el Kool-Aid de que son un ente privado. Pues mire no, Mr. Stensby. Usted maneja una empresa en la que se le delega dinero público local y federal.

Además, déjeme decirle que podemos ser personas del sector privado quienes pagamos por el servicio eléctrico, pero a fin de cuenta, somos clientes que se merecen un respeto. El servicio eléctrico no es un lujo; es una necesidad. Tenemos envejecientes, niños con condiciones especiales que necesitan estar conectados a máquinas u otros aditamentos que le ayudan a sobrevivir. Por culpa de su ineficiencia, se han dañado enseres, medicinas y hasta comestibles.

Así que no se ponga changuito, por no decirle engreído. Nuestro pueblo merece respeto y dignidad. Se piden explicaciones y usted al igual que su equipo de trabajo, deben ofrecerlas. No venga con la machaca de que el sistema está frágil, obsoleto y débil. Eso lo sabíamos en el momento en que una inmensa mayoría apoyó salir de la administración de la Autoridad de Energía Eléctrica para delegársela a ustedes.

Tras 14 meses de administración, más 12 meses adicionales que estuvieron aprendiendo y conociendo la red, merecemos mejores resultados. Queremos que se nos escuche. Que se nos entienda. Que pueda sentir la frustración isleña verbalizada con frases que comienzan con la palabra ¡carajo! y terminan con un ¡coño! bien estridente.

Al mismo tiempo, queremos entenderlo. Saber si las excusas son justificables o son viles mentiras. Queremos conocer los detalles y una explicación coherente que justifique las largas horas de oscuridad que LUMA nos regala.

Les recuerdo que, gracias a nosotros, ustedes disfrutan de estos salarios que los tienen viviendo en cómodas casas y apartamentos bajo el sol tropical del Caribe. Los dueños de LUMA deben ser empáticos y enviar funcionarios que sean bilingües. Qué entiendan nuestras preguntas. ¡Que sientan el calorcito de la cocina cuando traten de justificar lo injustificable!

Los boricuas somos gente amable. Podemos entender las dificultades y retos que tienen por delante, pero al mismo tiempo no somos imbéciles. No nos quieran ver la cara. Simplemente, muevan el culete y pónganse a trabajar. Si no pueden con el bulto, pues con el mismo cariño les decimos: ¡buen viaje de regreso al Canadá! So long, good bye y arrivederci.