Todas las mañanas, a las 5:00, mi reloj despertador suena religiosamente. Es el momento de poner los pies en el frío piso y dar inicio a un protocolo de higiene, con la incertidumbre de no saber qué traerá el día.

Ya a las 5:45 parto a mi primer trabajo. Soy un obrero de las comunicaciones. La radio es mi primera cita. Fue mi primer amor desde aquel abril de 1984, cuando tomé por vez primera un micrófono en mis manos. Antes de ese momento, los cucharones del arroz de mi mamá eran mis cómplices a la hora de simular que hablaba a un público imaginario.

Desde hace unos años, Noti-Uno es mi casa, donde cada mañana informo el acontecer noticioso a infinidad de personas que salen rumbo a sus centros de empleo o a llevar a los pequeñines a las escuelas. Siempre me da satisfacción ser instrumento para que otros tengan de primera mano lo que ocurre en el país.

Ciertamente, las redes también han ocupado un espacio en esa responsabilidad. Incluso, lo hacen con la misma inmediatez que antes la radio reclamaba con aire de superioridad. Sin embargo, el viejo medio, que ya está próximo al centenario en la Isla, goza de cabal salud.

Después de María tuvo un segundo aire y muchos se reencontraron con ese medio. Otros, una generación más joven la descubrió o saltó de banda. Sea como sea, la radio se hizo pertinente para una gran cantidad de hermanos boricuas.

La radio es compañía de muchos que combaten la soledad con los medios electrónicos. Cuando se cansan de navegar por el Facebook o de lo que encuentran en la televisión, terminan en sus brazos para prestar el oído a cualquier programa hablado o musical.

Incluso, el deporte tiene su mejor casa en ese medio. Se transmiten íntegramente sus juegos y la voz de los narradores da imagen a la jugada que el oyente recibe. Aquí el voleibol, béisbol y baloncesto no riñen. Todos tienen su merecido espacio, sin la presión del tiempo.

Tengo la dicha de laborar en todos. Desde el periódico hasta la televisión. Todos son especiales, pero la radio es quien mejor me corteja.

A través de la conversación mañanera destapamos ocasionalmente lo que se convertirá en noticia del día. Damos cabida a la denuncia, al consejo de salud, a las advertencias atmosféricas, a la voz del quejoso que siente que el costo de vida lo está ahogando, al pedido de ayuda de alguien que se siente ignorado por los que le deben servir.

Todo ello, tiene cabida en ese breve espacio. Cada mañana siento que gracias a esas dos horas, se hace una contribución por un mejor país.

Cómo yo, lo hacen otros. Hombres y mujeres comprometidos con el 100 x 35. Cada uno con su visión y perspectiva, complementando el trabajo de un colectivo que sirve a las diversas necesidades de sus comunidades.

Tenemos emisoras por todo el territorio. En el norte y en el sur. En el este y el oeste. Pero sobre todo en la zona central. Esa que padece de la silenciosa conspiración del olvido. Dónde las ayudas no llegan primero y se da la impresión que llega lo que sobra. Zona que está deprimida económica y socialmente, y que encuentra un poco de escape a través de esa radio, que es más comunitaria que comercial.

A todos ellos, un abrazo. Se que al igual que a mí, cuando suena el reloj temprano en la mañana, salen de la cama para dar la milla extra. La Isla nos necesita.

¡Feliz Mes Nacional de la Radio!