Al momento de abrir las páginas de este diario, nuestros estudiantes del sistema público regresan a las aulas ante un nuevo año académico. Sabemos del reto que representa, pues año tras año escuchamos las mismas quejas.

Escuelas que no están al día, maestros por nombrar y otros asuntos. En el renglón de los educadores, diera la impresión que hemos adelantado algo y que se ha sido más diligente, pero en la planta física hemos botado la bola.

El gran absurdo de esta historia es que cuatro cabezas tengan que ver en el asunto. Hablamos de la Oficina para el Mejoramiento de Escuelas Públicas, Edificios Públicos, algunos municipios y la Agencia para el Financiamiento de Infraestructuras, mejor conocido como AFI. Más trágico es que no se comuniquen entre ellas y las escuelas estén como las imágenes televisivas denuncian.

Una pregunta que se gotea es, ¿por qué no se deja todo en manos de solo una? Otra pregunta: ¿Por qué no se le pasa esa responsabilidad y el dinero a los municipios? Estoy seguro que la presión local de esos potenciales electores provocará que los alcaldes se pongan pa’ su número.

En más de una ocasión he dicho que a nivel gubernamental el sentido común no se utiliza. Lo antes expuesto evidencia esa comedia de errores.

Pero lejos de los planteles que albergan el quehacer educativo, este nuevo año quiero apostar a esos educadores y sus recipientes. Esa generación de estudiantes que se levanta y sobre la cual pondremos la responsabilidad futura de nuestra isla. Más allá de las matemáticas, ciencias y otras materias educativas de corriente regular, apostemos a otras cosas.

Este año se anuncia la integración de temas que vienen a complementar el marco educativo que recibirán nuestras niñas y niños. El Puerto Rico del 2022 tiene una severa crisis que solo será superada sembrando la semilla correcta. Esta generación que se levanta debe entender y desarrollar tolerancia, empatía, entendimiento, respeto, valores sociales, culturales y hasta ambientales.

La equidad tiene que convertirse, de una vez y por todas, en una realidad más que aspiración. A mí me duele Puerto Rico cada vez que tengo que reportar tragedias de asesinatos de mujeres, agresiones o violaciones.

Estamos en un hoyo profundo económicamente, moralmente y, lo que es peor, de esperanza inmediata.

Será un camino largo, pero apuesto a que esa semilla llegará a germinar. Esta noble isla se merece que llegue de una vez y por todas una generación que nos saque adelante y deje atrás el triste legado actual.

¡Metan mano!