Debo admitir que estoy sorprendido con la efervescencia que ha creado Maripily en todo el pueblo de Puerto Rico. Su participación en este tipo de show o reality no es nueva. Pero esto alcanzó otro nivel.

La explicación pudiera residir en que Maripily logró tener un archirrival en la figura de Lupillo Rivera, quien cometió el error de menospreciar no a ella como tal, sino al pueblo de Puerto Rico.

Sus comentarios despectivos de que somos un pueblo o isla pequeña, hasta insignificante a la hora de producir votos, tocó la fibra del nacionalismo. Fibra que se activa muy elocuente a la hora de eventos deportivos o espectáculos artísticos.

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En esa arena dejamos a un lado nuestras creencias políticas o religiosas y nos convertimos en una sola unidad. Somos boricuas.

De ese momento en adelante, todo se volcó en ver cómo podíamos pasarle el rolo a Lupillo para que se tragara sus palabras. Maripily se convirtió en la versión femenina de Carlitos Colón y Lupillo en un Abdullah the Butcher.

La pantalla de televisión era el ring. Solo se anhelaba ver el “bimbazo” verbal que le brindaría Maripily a Lupillo, así como a sus aliados.

Era un nuevo capítulo de la rivalidad México vs Puerto Rico, pero no con estilo boxístico, sino con deseos de que le enterrara el tenedor en la frente al desagradable artista de origen californiano.

Atrás quedaron las burlas o chistes que tenían los puertorriqueños sobre la modelo y que, por años, alimentaron el bullying público y privado. En su lugar, esta ponceña se convirtió en nuestro “Huracán boricua”. ¡Hasta el nombre suena a lucha libre!

La chica “injodible” que enfrentaba con carácter al cantante fanfarrón. Solo Maripily podía lograrlo. Por años soportó con gran estamina las burlas, comentarios despectivos, los chistes y hasta las parodias. Otra persona se hubiese amargado, deprimido o se habría exiliado, mandándonos a todos a buen sitio.

Sin embargo, ella siempre regresa a su isla. Hace apariciones públicas y nunca dice que no a cualquier invitación de algún canal televisivo o estación de radio.

Ahora es una heroína y muchos se preparan para recibirla al estilo Tito Trinidad. Reitero. No salgo de mi asombro y ver cómo reacciona nuestro pueblo.

Así que gracias, Maripily, por darnos una razón adicional para unirnos festejando un huracán. ¡Qué ironía!