Trabajar para vivir en balance es una acción a la que se le debe ofrecer tiempo y empeño para vivir resultados. Bombardeados de distracciones, es fácil salirnos de nuestro equilibrio mental, económico, emocional y físico. Sin embargo, con la práctica y el hábito también podemos lograr mantenernos en el mismo. Solo hace falta convicción y mucho amor propio. ¿Qué nos conviene? ¿Qué realmente nos hace bien? ¿Qué alimentos me hacen bien? ¿Qué lugares me hacen sentir bien? ¿Qué temas me hacen crecer? Todas las respuestas están dentro de cada uno, y posiblemente sean diferentes para cada cual, lo cual lo hace todo mucho más interesante porque cada persona puede conocer lo que le hace bien y respetar al que piensa diferente, incluso amarle.

Cuando comprendemos el amor dentro de la diversidad, nuestra vida puede ser más excitante y armoniosa. 

Es un hecho para todos que estar en equilibrio –el que encuentres que es el tuyo-  nos da calma y en calma nuestro paso por el día resulta placentero con espacios para escucharnos y observar las simplezas que diferencian un día del otro. La calma y el siempre es acertada. Resulta un reto cuando estamos cansados, enfermos, muy sumergidos en la rutina, dormidos en el deseo de poseer, o en una vida muy superficial, preocupados o nos aprietan los botones. Son esos los momentos donde podemos desequilibrarnos y optar por los excesos, ya sea en comida, bebida, fiesta, noches sin dormir o permitir los pensamientos negativos.

Conseguir el balance y vivir en el mismo implica que debemos practicar hábitos que nos acerquen a eso. Aquí algunos:

* Atender la dieta que se sigue y buscar la correcta para ti.

* Practicar la respiración, constante y profunda.

* Practicar ejercicios que tengan positivo efecto: yoga, correr, caminar, Tai Chi, deportes de playa y otros

* Sacar 5 o 10 minutos diarios para meditar, orar o buscar contemplación

* Escuchar más que hablar

* Elegir conscientemente los lugares que se visitan para divertirse o hacer actividades

* Elegir las personas que nos acompañen

* Disfrutar el trabajo

* Cuidar de la salud emocional y mental

* Observar el pensamiento

* Confiar

Al preguntarnos diariamente: ¿Estoy equilibrado? ¿Me siento bien? Evaluemos nuestros cuatro aspectos para alcanzar ese sosegado estado.

Cuerpo: El cuerpo físico es la casa donde vivimos. La comida y líquidos que le damos deben ser lo más frescos posible, no procesados. Los movimientos y postura también son importantes.

Mente: La respiración y observación en el punto del entrecejo nos permite dominar los pensamientos y hacer que la mente trabaje para nosotros y no al revés.

Emociones: Las tenemos todos. Algunas son placenteras otras no. Nos impulsa a actuar, al reconocerlas y poder dirigirlas avanzamos en nuestras acciones.

Espíritu: Es nuestra naturaleza. La conexión con lo que realmente somos antes de nacer y con todo lo demás. Nos da equilibrio lograr reconocernos como seres espirituales y actuar desde ello.

Recordemos que mientras podemos sentir opuestas emociones siempre podemos estar en balance interiormente, así como el ojo del huracán. La calma nos permite ser decididos en nuestras acciones, mantener claridad en el pensamiento y apertura para las otras personas y situaciones. ¡Inténtalo!

Sugerencias que nos pueden ayudar:

1. Obsérvate y pregúntate si estás en balance.

2. Practica los hábitos que te hagan sentir balanceado.

3. Haz rutinas simples que te mantengan apreciando el presente como única realidad.

4. Haz prioridad que tus emociones estén equilibradas.

5. Sé paciente en el proceso.

6. Para ser feliz da #lomejordeti